01) El precepto de recitar «Birkat Hamazón»

Es precepto de la Torá que una vez ingerido pan y habiendo quedado satisfecho se bendiga a HaShem, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 8:10): «Y comerás y te saciarás y bendecirás a HaShem tu D´s sobre la tierra buena que te ha dado«. Nuestros sabios aprendieron que el «Birkat Hamazón» debe constar de tres partes: 1) Del texto «y bendecirás a HaShem tu D´s» aprendieron que se debe recitar la bendición de «HaZan» («que nutre») en la que bendecimos a D´s por el alimento. 2) De lo que está escrito: «sobre la tierra» aprendieron que se debe agradecer por la tierra de Israel. 3) De lo que agregó la Torá al decir «sobre la tierra buena que te dio» aprendieron que se debe bendecir por lo bueno y lo excelso de la tierra de Israel que es la ciudad de Jerusalém (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 48(B)).

El precepto de la Torá consiste en que quien bendice mencione estos temas en cualquier formato o redacción que desee de acuerdo con su conocimiento y su capacidad de expresión. Luego vinieron Moshé, Yehoshúa, David y Shelomó y establecieron un formato completo y perfecto de acuerdo con la bendición que recibieron en sus respectivos tiempos. Cuando el maná bajó del cielo para alimentar al pueblo de Israel Moshé Rabenu compuso la bendición de «HaZan», mas entonces aún no se había dado redacción a una bendición que agradezca por la tierra buena. Cuando ingresaron a la tierra de Israel Iehoshúa Bin Nun redactó la bendición por la tierra de Israel, mas aún no se había dado redacción a una por su mejor y más excelso sitio. Cuando el Rey David estableció a Jerusalém como ciudad sagrada y capital de su reino redactó la bendición que pide «por Tu pueblo Israel y por Jerusalém Tu ciudad», y cuando su hijo Shelomó construyó el Sagrado Templo agregó «por la casa grande y sagrada». En tiempos en los que el Templo estuvo en pie, se pedía que HaShem haga perdurar su existencia. Una vez que el Santuario fue destruido, los sabios establecieron una versión por la cual pedimos a HaShem que se apiade de nosotros, reconstruya Jerusalém y devuelva su trono a la casa de David y reconstruya el Templo (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 48(B), Rashbá, Rambán, tal como leemos en Beit Iosef 187:1, Shulján Aruj HaRav 187:1-3).

Nuestros sabios dijeron (ídem Berajot, Shulján Aruj 187:1-3) que es obligatorio mencionar las bondades de nuestro país en la bendición que reza por la tierra, la cual es preciada, buena y amplia. Asimismo, se deben recordar la circuncisión y la Torá pues por medio de ambos preceptos tenemos el mérito de heredar la tierra de Israel. Y tal como le fue dicho a nuestro patriarca Abraham cuando fue preceptuado de circuncidarse (Bereshit – Génesis 17:7-8): «Y estableceré Mi Pacto entre Yo y tú y tu descendencia en pos de ti por sus generaciones, por Pacto Eterno. Para ser para ti por D’s y para tu descendencia en pos de ti. Daré para ti y para tu descendencia en pos de tí la tierra que habitas, toda la tierra de Cana´an, como posesión eterna y seré para ellos por D’s«.

Asimismo, estudiamos que en mérito de la Torá y los preceptos hemos de heredar la tierra de Israel, tal como está escrito en el principio de la porción de lectura en la cual se nos preceptúa el «Birkat Hamazón» (Devarim. Deuteronomio 8:1): «Toda la ordenanza – que Yo te ordeno hoy – habréis de observar para cumplir; para que hayáis de vivir, y os multipliquéis, y vengáis y poseáis la tierra, la que prometió HaShem a vuestros patriarcas«. Asimismo, está escrito (Tehilim-Salmos 105:44-45): «Y les dio la tierra de las naciones y tomaron en posesión el fruto de la labor de los pueblos. En aras de que cumplan Sus leyes y Sus enseñanzas. ¡Aleluya!»

Además, nuestros sabios dijeron que es necesario anteponer la mención de la circuncisión a la de la Torá, ya que respecto del Brit Milá se establecieron trece pactos mientras que en torno a la Torá solamente tres. En el Pacto de la Circuncisión se pone de manifiesto la santidad propia con la cual el Eterno consagró al pueblo de Israel, santidad que no depende de nuestra elección y es el fundamento de la entrega de la Torá que nos ordena escoger el bien.

En la tercera bendición los sabios estipularon que se recuerde el Reino de la Casa de David pues por su intermedio Jerusalém fue consagrada, y el asentamiento tanto en la tierra de Israel como en la ciudad de Jerusalém depende de que haya reino de Israel (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 48(B), Shulján Aruj 188:3).

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