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01.  Preparación emocional.

«No se debe rezar cuando se está triste ni con pereza» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 31(A)) ya que la plegaria acerca al individuo al Creador Bendito Sea, le insufla vida y lo fortalece, razón por la cual se debe orar con alegría.

Nuestros sabios además afirmaron que «no se ha de orar cuando se está imbuido de jocosidad» (ídem), y puesto que la risa anula el temor a D´s, se ha de rezar desde la sumisión y el temblor. «Y tampoco se ha de rezar en medio de una conversación» ya que la charla distrae a la persona de su mundo interior y la plegaria debe brotar desde la profundidad del alma. «No se ha de rezar cuando se está de ánimo ligero o conversando sobre banalidades» ya que la plegaria se basa en la toma de conciencia en cuanto a la capacidad del ser humano de efectuar grandes cosas mediante el correcto uso de la palabra, y si reza mientras dice palabras vanas muestra que no valora su capacidad verbal (ver Olat Reaiá I p. 29).

En el orden del rezo para los hombres, nuestros sabios establecieron (Shulján Aruj 93:2) que antes de comenzar la Amidá se reciten pasajes optimistas que reconfortan al corazón, antes de Shajarit y Arvit la bendición por la redención de Israel («Gaal Israel») y antes de Minjá el cántico de David («Ashrei Ioshvei beiteja»). Sin bien las mujeres no están preceptuadas de recitar estos pasajes antes de la Amidá, corresponde que, por lo menos, previo al rezo cada una se tome el lapso de tiempo que lleva caminar cuatro codos para lograr su equilibrio mental.

Los hombres devotos y piadosos de antaño («jasidim rishonim») eran muy cuidadosos en este aspecto, y se preparaban una hora antes del rezo para poder concentrarse adecuadamente y orientar sus corazones a D´s (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 30(B), Shulján Aruj 93:1, Mishná Berurá 1).

Si una mujer está por colocar dinero en la caja de tzedaká hogareña, es bueno que lo haga previo al rezo (Shulján Aruj Oraj Jaím 92:10). Asimismo, una mujer que está por escribir un cheque para un donativo, es bueno que lo escriba o lo introduzca en el sobre previamente, pues de esa manera se allegará a rezar imbuida en la alegría de haber cumplido un precepto. Además, quien se presenta a pedir misericordia y benevolencia ante D´s corresponde que ella misma dé de sí a los necesitados. El Aríz»l dijo que antes de rezar habría que meditar apropiadamente sobre el precepto de «amarás a tu prójimo como a ti mismo» que es la gran regla general de la Torá, y además toda la plegaria está redactada en plural ya que es en pos de todo el pueblo de Israel.

07. El caso de la mujer «Nidá» (durante el período menstrual).

Una mujer «Nidá» debe cumplir con todos los rezos, todas las bendiciones y puede estudiar Torá, ya que las palabras de la Torá no adquieren nunca impureza, tal como está escrito (Irmiahu 23:29): «¿No es mi palabra como fuego-dice el Eterno-?», de lo cual nuestros sabios infirieron: así como el fuego no se impurifica tampoco lo hacen las palabras de Torá (Tratado de Berajot 22(A)).

Hay mujeres que acostumbraron a conducirse de un modo estricto y durante su período menstrual no ingresaban a la sinagoga ni tocaban el rollo de la Torá. Si bien desde un punto de vista estrictamente halájico no existe tal prohibición, estas mujeres se abstenían de asistir por respeto a la sinagoga. Actualmente, la costumbre extendida es que las mujeres entran a la sinagoga durante su período menstrual y algunas se abstienen de mirar las letras del rollo de la Torá a la hora de ser alzado y mostrado al público.

A propósito, es oportuno recordar aquí las diferentes costumbres respecto de la asistencia de mujeres al cementerio. Hay quienes sostienen que en términos generales no corresponde que las mujeres visiten el cementerio en ocasión alguna; otros opinan que mujeres durante el período de la «nidá» y que aún no se purificaron no asistan al mismo; otros consideran que corresponde abstenerse de visitar el cementerio  sólo durante los días de la menstruación mientras que otros juristas permiten en todas las circunstancias. Hay mujeres que se abstienen de visitar el cementerio durante el embarazo mientras que otras lo visitan. Cada mujer tiene que conducirse de acuerdo a su tradición familiar o la de la familia de su marido. En el caso de las que acostumbran a conducirse de un modo estricto, en caso de necesidad pueden flexibilizar su conducta. Por ejemplo, si a una mujer le va a pesar no visitar la tumba de uno de sus padres a los treinta días de fallecidos o en la fecha del aniversario de su deceso, o si teme que se enojen con ella si no asiste o teme que su ausencia se interprete como que recibió el período, puede flexibilizar su conducta y asistir. Si la mujer en cuestión teme quebrar la costumbre, que asista pero que no se acerque a las tumbas.

06. El borracho y el ebrio («entonado»).

Quien reza debe hacerlo con completa lucidez. A diferencia de muchos de los ritos paganos que se llevan a cabo en estado de éxtasis inducido por el alcohol y las drogas, nuestro encuentro con D´s se lleva a cabo con seriedad y profundidad de pensamiento. Esto es lo que la Torá ordenó a los cohanim (sacerdotes) en cuanto a que no ingresen a servir en el Sagrado Templo tras haber bebido vino (Vaikrá 10:8-11). De esto aprendieron nuestros sabios que el borracho y el ebrio tienen prohibido rezar.

Borracho es quien bebió mucho al punto de que no es capaz de hablar delante del Rey. El ebrio es quien está levemente influenciado por el alcohol y por ende le cuesta un poco concentrarse y focalizar su pensamiento, empero aún es capaz de hablar delante del Rey sin menoscabar su Real Honor.

Un borracho que por error comenzó a rezar, debe detenerse de inmediato ya que su plegaria es una abominación. Aunque haya culminado con su rezo,  no cumplió con su deber. Si recupera la sobriedad antes de finalizar el horario del rezo debe volver a rezar como corresponde (Shulján Aruj 99:1). Empero en el caso del ebrio que reza, dado que podría hablar delante del Rey cumplió con su deber. Asimismo si empezó a rezar y en la mitad se da cuenta que está ebrio que termine su rezo (Eliahu Rabá, Kaf HaJaím 99:2).

En cuanto al recitado de las demás bendiciones como ser las del disfrute («nehenín») o la posterior al baño («Asher iatzar«), el ebrio podrá a priori recitarlas, mientras que el borracho a priori no lo hará. Empero en el caso de bendiciones en las que si el borracho no las recita habrá de perder la oportunidad de hacerlo, podrá recitarlas. Esto se refiere, por ejemplo, a si alguien se emborracha durante la comida, que recite la bendición de agradecimiento por los alimentos («Birkat Hamazón«) y si fue al baño que recite la bendición posterior de «Asher iatzar» (Ramá 99:1, Mishná Berurá 11).

Quien está en muy avanzado estado etílico («borracho como Lot») al punto de que no es consciente de qué le ocurre, se le considera incapacitado mental (shoté) lo cual lo exime del cumplimiento de los preceptos. Aunque recite bendiciones, en ese estado, no se consideran válidas en lo más mínimo (Mishná Berurá 99:11).

05. Reglas respecto de la mujer que tiene necesidades fisiológicas a la hora de cumplir con las demás cuestiones referentes a la santidad.

Así como la persona que siente necesidades fisiológicas y no puede postergarlas setenta y dos minutos no puede rezar, de la misma forma no puede recitar bendiciones, ni el «Shemá» o estudiar Torá ya que no es correcto dedicarse a asuntos relativos a la santidad estando el cuerpo sucio. Empero, existe una diferencia significativa entre el rezo y las demás cuestiones relativas a la santidad. Esta radica en que durante el rezo es como si estuviéramos de pie ante el Rey y si se ora de un modo impropio se ofende a D´s resultando la plegaria detestable. Por lo tanto, quien reza cuando no podía resistir setenta y dos minutos, su plegaria no es válida. No así resulta el caso de las demás cuestiones de santidad en las que no se considera que la persona esté de pie ante el Rey  y por lo tanto, a posteriori, quien recitó una bendición o el «Shemá» cuando no podía aguantarse setenta y dos minutos igualmente cumplió con su deber (Mishná Berurá 92:6, Beur Halajá אפילו בד»ת, Kaf HaJaím 3).

En opinión de la mayoría de los  sabios de las últimas generaciones (ajaronim) quien puede aguantar setenta y dos minutos, puede, a priori, recitar bendiciones o estudiar Torá, y hay quienes dicen que es mejor que primero evacúe (Mishná Berurá 92:7). De todas maneras, si a los efectos de evacuar la persona precisa esforzarse, no es su deber evacuar primeramente.

Una mujer que comienza a estudiar cuando no sentía necesidad fisiológica alguna, y durante su estudio la siente al punto de que no puede esperar setenta y dos minutos, a priori, debe ir a evacuar. Si se encuentra en el medio del análisis de un tema, hay quienes opinan que puede continuar en su estudio hasta concluirlo (Beur Halaja´92:2 קורא, Ialkut Iosef II pág. 338) y otros que consideran que debe ir a evacuar de inmediato (Kaf HaJaím 3:48).

En el caso de una mujer que enseña Torá en público, primero habrá de terminar la lección y luego irá al baño, pues el respeto a las demás personas antecede a la prohibición de «no tener el cuerpo sucio a la hora de rezar» que es de origen rabínico (Mishná Berurá 92:7). Asimismo en el caso de un alumno o alumna que se encuentran en clase, mientras su necesidad fisiológica no sea aguda es bueno que se aguanten y no salgan en el medio por respeto a sus compañeros.

Si en el caso de la prohibición de ocuparse de temas relativos a la santidad con el cuerpo sucio («bal teshaktzú») somos flexibles por respeto a la clase, con mucha más razón («kal vajomer») hay que evitar entrar y salir en medio de  la misma de no mediar una necesidad imperiosa, y por supuesto que no se debe conversar o molestar.

04. Cuando se necesita ir al baño en medio del rezo.

Si una mujer comenzó a rezar sin sentir necesidad fisiológica alguna y en medio del rezo le urge ir al baño, dado que comenzó a rezar autorizadamente, mientras pueda aguantarse puede continuar orando.

Si al momento de empezar a rezar la mujer sabía que tenía una necesidad fisiológica pero pensaba que podía aguantarse por setenta y dos minutos, si bien, a priori, debería haber ido al baño antes del inicio, de todos modos, si ya comenzó su plegaria y en el medio se da cuenta que no podrá contenerse durante este lapso, dado que comenzó a rezar pensando que sí podía deberá terminar su rezo.

Si su necesidad es tan aguda que no puede aguantarse más, que vaya de inmediato al baño. Si la interrupción demora más que la totalidad del tiempo que ella suele destinar a la Amidá que vuelva a rezar desde el comienzo, mas si la interrupción es breve que vuelva a rezar desde donde dejó.

03. Necesidades fisiológicas durante el rezo.

Existen dos niveles de necesidad fisiológica: a) Gran necesidad, al punto de que la persona no puede aguantar el periodo de tiempo que lleva caminar una «parsá» (unos 72 minutos), b) Cuando la persona tiene una gran necesidad fisiológica pero puede esperar más de setenta y dos minutos para hacer sus necesidades.

Si la persona comenzó a rezar cuando sentía necesidades fisiológicas mayores y no puede esperar setenta y dos minutos, su rezo es considerado una abominación y no cumplió con su deber, por lo que debe volver a rezar luego que evacúe. Quien rezó cuando sentía necesidades fisiológicas menores, al punto que no podía esperar setenta y dos minutos, si bien es claro que no procedió correctamente, los juristas de las últimas generaciones (ajaronim) discutieron respecto de si su rezo es  considerado o no una abominación. Dado que no se ha podido definir esta discusión, no es obligatorio volver a rezar luego de orinar, empero es bueno hacerlo a modo de rezo voluntario o «nedavá» (Peninei Halajá Tefilá 5:8).

Sin embargo, si la persona que rezó podía aguantar sin ir al baño setenta y dos minutos dado que su necesidad no era tan apremiante, su plegaria es considerada aceptable. De todas maneras, quien tiene necesidades fisiológicas aunque puede esperar setenta y dos minutos, a priori no habrá de rezar. Empero si por ir al baño se le ha de pasar el tiempo del rezo en cuestión, será mejor que rece para no perder completamente la plegaria pública (Shulján Aruj 92:1, Mishná Berurá 92:5).

El parámetro de medida para saber si la persona puede o no esperar setenta y dos minutos es ella misma. Si antes del rezo la persona pensó que podía aguantarse ese lapso de tiempo y tras el servicio se da cuenta de que estaba equivocado y no podía, dado que en el momento de empezar a orar pensó que sí podía hacerlo, su rezo es aceptado (Beur Halajá 92:1, שיעור פרסה).

02. Preparación corporal previa a la Amidá.

«Dijeron nuestros sabios: quien tiene necesidades fisiológicas tanto mayores (defecar) como menores (orinar) no habrá de rezar» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 23(A)). Esto obedece a dos razones: a) La necesidad de evacuar puede distraer (Rambám); 2) No corresponde presentarse a rezar ante D´s con el cuerpo sucio del excremento que contiene (Hagahot Maimoniot). En caso de duda, nuestros sabios indicaron que, a priori, hay que revisar si se tiene alguna necesidad fisiológica antes de empezar a rezar (Tratado de Berajot 16(A)). Nuestros sabios basaron sus palabras en el versículo (Amos 4:12): «Prepárate para encontrarte con tu Dios, oh Israel», además está escrito (Kohelet-Eclesiastés 4:17): «Pon atención a tu pie cuando entres a la Casa de D´s», entendiéndose que la intención refiere a cuidarse de no tener necesidades fisiológicas durante el rezo.

Quien sufre de catarro habrá de sonarse la nariz antes del rezo para no hacerlo durante el mismo. Si tiene flemas en su garganta que le molestan, habrá de expectorarlas antes para que no le molesten (Shulján Aruj 92:3). Si necesita sonarse la nariz habrá de hacerlo de la manera más educada posible. Quien precisara bostezar, cubrirá su boca con la mano. Todo esto se debe a que quien ora debe ser muy cuidadoso en el respeto a D´s, y todo aquello que se considera inapropiado hacer delante de las personas  está prohibido durante el rezo (ver Shulján Aruj  97:1 y 2).

01. La ablución de manos («Netilat Iadaim»)

Una mujer que se dispone a rezar la oración individual silenciosa («Amidá») debe purificarse, por lo tanto es preceptivo que haga «netilat iadaim» antes del servicio. Empero existe una diferencia entre quien tiene la certeza de que sus manos están sucias y quien ignora si sus manos se ensuciaron.

Quien tiene la certeza de que sus manos están sucias, como en el caso de quien fue al baño o tocó partes habitualmente cubiertas del cuerpo que suelen estar sucias por efectos del sudor, debe lavarse las manos antes de rezar. A priori, es bueno lavarlas con un recipiente («kelí») tal como se lavan antes de comer, empero a posteriori si las lavó con agua y sin recipiente cumplió igualmente con el deber de preparación previa al rezo ya que lo principal del precepto es que las manos estén limpias de cara a la oración.

Si no hay agua en las inmediaciones, la mujer en cuestión  deberá esforzarse y caminar hasta una distancia equivalente a un «mil» (912 mts.) para hacer la ablución anterior al rezo. Si a esa distancia tampoco hay agua o si la hay mas  por hacerlo se le puede hacer tarde para rezar, es decir pasará la hora establecida para el rezo, habrá de frotar sus manos en la arena o sobre su ropa para quitar de éstas todo resquicio de suciedad y así habrá de rezar (Shulján Aruj 92:4, Mishná Berurá 92:20, Peninei Halajá 5:2).

Los juristas debatieron si debe o no lavarse las manos en un caso neutro, en el que por un lado la mujer que se dispone a rezar no lavó sus manos últimamente, y por el otro no recuerda si tocó cosas sucias o partes cubiertas del cuerpo. Por lo tanto, si hay agua en las cercanías, que se las lave, de no haberla no precisa lavárselas y puede respaldarse en aquellos juristas que entienden que manos en estado normal no requieren ablución antes de rezar. Para mayor seguridad es bueno que frote sus manos sobre su ropa (Shulján Aruj 92:5, 233:2, Mishná Berurá 92:26, Beur Halajá «ואם «).

En el caso de una mujer que salió del baño, se lavó las manos y después tuvo el cuidado de no tocar ninguna parte cubierta del cuerpo, no precisa hacer la ablución para rezar. Empero si no prestó atención debe volver a hacerla y de no haber agua en ese lugar, dado que no tiene la certeza de que sus manos estén sucias puede rezar sin ablución de por medio.

10. ¿En qué caso una mujer casada puede comer antes de haber rezado?

En el caso de una mujer que no puede rezar inmediatamente después de haberse levantado pues necesita atender a sus niños y realizar las tareas correspondientes que le insumen un tiempo prolongado; y si no bebe café o té no logra concentrarse, podrá hacerlo antes de rezar. Esto se debe a que su ingestión no implica soberbia sino que obedece a una necesidad, el estar lúcida para atender a sus niños. Si además necesita ingerir una fruta o un pastel sin los cuales sentirá una debilidad que le impedirá ocuparse de los niños, podrá hacerlo ya que lo hace con el fin de fortificarse y no como un acto de soberbia. Empero, debe recordar recitar las bendiciones matinales y de la Torá antes de la ingesta.

En el caso de una mujer que acostumbra a rezar diariamente Shajarit, si su marido regresa de la sinagoga siendo ya la hora del desayuno y ella aún no  ha rezado, que recite las bendiciones de la Torá que contienen una breve plegaria, que desayune con él y luego que complete las bendiciones matinales y rece Amidá. Esto se debe a que de acuerdo con la halajá, el orden familiar adecuado implica que la mujer coma con su marido, por lo tanto, a los efectos de no demorarlo que desayune con él. Luego de la comida que complete las bendiciones matinales y la Amidá. En caso de ser posible, que intente recitar las bendiciones matinales antes del desayuno ya que es bueno recitarlas inmediatamente después de levantarse. Todo esto aplica en el caso que el marido tenga prisa por salir, mas de ser posible, es mejor que la mujer concluya primero con el recitado de las bendiciones matinales, las de la Torá, la Amidá y luego coman juntos.

09. El caso de alumnas que comen en su casa y rezan en el colegio.

Muchachas que acostumbran a rezar Shajarit en el colegio y si no comen primero en sus casas van a pasar hambre después lo cual es nocivo para su salud y perjudicial para su concentración en el rezo y los estudios, tienen permitido hacerlo. Si les alcanza con comer un bocadillo ligero que no incluye pan es mejor que así lo hagan y luego en el primer recreo que hagan ablución de manos y coman pan. En este caso no se debe argumentar que es mejor que recen Shajarit en la casa, ya que el rezo en el colegio a un horario fijo educa a las jóvenes y realza el status de la plegaria. Empero es correcto que primero reciten las bendiciones matinales y de la Torá antes de comer y beber.

En el caso de niños que aún no llegaron a la mayoría de edad (doce para las niñas y trece para los varones), pueden comer antes de rezar ya que en este caso se los educa a abstenerse de alimentos únicamente cuando éstos no son kasher. Nuestros sabios decretaron que no se ingieran alimentos antes de rezar o antes del Kidush, empero como estos alimentos en cuestión son aptos, el decreto no aplica a los menores de edad. Si bien a priori es bueno que no coman antes de rezar, en caso de ser necesario pueden hacerlo (Mishná Berurá 106:5, Iabía Omer IV 12:15 y ver Kaf HaJaim 106:11).

08. Comer y beber antes de rezar.

A partir de que despuntó el alba está prohibido comer o beber antes del rezo. Nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 10(B)) relacionaron esta prohibición con el versículo (Vaikrá-Levítico 19:26): «No comeréis sobre la sangre» lo cual interpretaron como «no comeréis nada antes que pidáis por vuestras vidas». Además, dijeron que todo aquel que come o bebe y sólo después reza, sobre él dice el versículo (Melajim-Reyes I 14:9): «y me has dado la espalda[1] «, por lo que dijo el Santo Bendito Sea: una vez que presumió ante Mi ¡¿habrá de aceptar el Yugo Celestial?!

Sin embargo, está permitido beber agua antes de rezar pues en su ingestión no hay ningún elemento de soberbia. También está permitido ingerir bebidas o alimentos que tienen un propósito médico, porque por su naturaleza la ingestión no implica soberbia alguna (Shulján Aruj 89:4). Por ejemplo, quien sufre de estreñimiento tiene permitido comer ciruelas antes del rezo pues las ingiere con un propósito médico (ver Mishná Berurá 89:24).

En el caso de una mujer que sufre de un arrebato de apetito y que no le permite concentrarse en el rezo puede comer antes de rezar ya que entra en la categoría de enfermo que necesita ingerir alimentos y esta ingestión no implica soberbia de su parte (Shulján Aruj 89:4, ver Mishná Berurá 26).

En el caso de las mujeres que acostumbran a cumplir con su deber de rezar Shajarit mediante el recitado de las bendiciones matinales y de la Torá (como se vio anteriormente 2:4), no solo que corresponde recitarlas inmediatamente después de haberse levantado sino que además es bueno que pongan cuidado de no comer o beber antes de recitarlas.

07. Actividades que está permitido realizar antes de rezar.

Antes de rezar está permitido ocuparse del cumplimiento de algún precepto ya que no implica una afrenta al Honor Celestial, dado que la acción no obedece a una necesidad personal. Por lo tanto, está permitido y es mitzvá lavar a los niños, vestirlos y prepararles comida antes que vayan al jardín de infantes o la escuela. En caso que en la casa falten productos alimenticios indispensables para la mañana, se los puede adquirir antes de rezar. En caso se tema que después de concluido el rezo, en la tienda ya no queden productos para Shabat, se los puede adquirir antes de rezar (Mishná Berurá 250:1, Kaf HaJaím 89:25). Empero si no es para cumplir con un precepto, no se deberá hacerlo.

Pequeñas acciones no se consideran trabajo o labor, por lo que quien las realiza antes de rezar no se lo considera que las antepone a sus deberes religiosos. Por ejemplo, una persona puede arreglar su cama, sacar la basura, dar un vistazo al periódico o ejercitarse un poco antes de ir a rezar.

Está permitido poner a lavar ropa ya clasificada en el lavarropa así como ponerlo en funcionamiento pues se trata de una labor liviana. Empero queda prohibido clasificar ropa para su lavado para luego introducirla al lavarropa (Halijot Shlomó 2:5).

Está prohibido cocinar u hornear antes del rezo, empero está permitido encender fuego bajo una olla o poner al horno una fuente con alimentos que fueron preparados el día anterior.

Respecto de las bendiciones matinales y de la Torá, es importante tener cuidado de recitarlas lo más contiguamente posible al momento de levantarse, e inclusive es bueno abstenerse de realizar labores menores antes de recitarlas.

En el marco de la prohibición de dedicarse a las necesidades personales u ocupaciones diarias previo el rezo, se encuentra la de cortarse el pelo o entrar al baño público-turco («merjatz») (Rambám Tefilá 6:7). Asimismo está prohibido ir a nadar o tomar un baño de inmersión por placer. Empero es obligatorio lavarse las manos antes de rezar y es bueno además lavarse la cara y cepillarse los dientes (Shulján Aruj 4:17, 46:1). También está permitido tomar una ducha y lavarse con jabón antes del rezo (Peninei Halajá Tefilá 12:3-4).

06. No trabajar o emprender un viaje antes de haber rezado.

Tal como ya vimos, una mujer que está por rezar Shajarit debe conducirse, a priori, bajo las mismas reglas que un hombre y por lo tanto desde que despunta el alba no habrá de ponerse a trabajar  o emprender un viaje sin antes haber rezado. Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 14(A)): «Todo aquel que primero reza y luego emprende su viaje, el Eterno concreta todos sus deseos».

Empero está permitido realizar una labor menor o un viaje corto antes del rezo. Hay quien escribió que si el trayecto a recorrer es menor a los setenta y dos minutos se lo puede hacer antes de haber rezado. Si el viaje es a los efectos de rezar, como por ejemplo ir al Kotel, está permitido trasladarse y recorrer un trayecto de más de setenta y dos minutos (Responsa Or Letzión II 7:6, Peninei Halajá 12:5).

Antes que despunte el alba está permitido comenzar una labor importante o emprender un viaje largo, ya que como aún no es horario de rezar Shajarit no se considera que la persona antecedió sus necesidades al deber de rezar. De todas maneras, la mujer deberá poner cuidado en recitar primero las bendiciones matinales ya que corresponde decirlas inmediatamente después de haberse levantado. Dado que ella comenzó una labor importante o emprendió un viaje largo antes que comience el horario de rezar, luego de despuntar el alba puede continuar a condición de que logre rezar Shajarit antes que concluya el horario del rezo (Shulján Aruj 89:7, Peninei Halajá Tefilá 12:2).

En el caso de una mujer que no acostumbra a rezar Shajarit, es bueno que tenga cuidado de no comenzar a realizar sus labores ni viaje sin antes haber recitado las bendiciones matinales y de la Torá.

05. Saludar a alguien antes de rezar Shajarit.

Una mujer que está por comenzar a rezar Shajarit debe abstenerse de ir a la casa de sus padres a saludarlos  o a lo de una amiga antes de orar. Si así lo hizo, ha cometido una transgresión ya que priorizó el honor de otras personas al Celestial por saludarlos antes de haber rezado (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 14(A)).

Si sus padres requieren de su ayuda y la mujer en cuestión no alcanza a rezar antes de asistirlos, puede hacerlo antes del rezo, ya que de esta manera cumple con el precepto de honrar a sus padres; mas antes deberá recitar las bendiciones matinales y por la Torá. De la misma forma, cuando hay necesidad de ayudar a personas enfermas y la mujer en cuestión no puede rezar antes de asistirlos, tiene permitido hacerlo.

La prohibición se refiere a visitar una amiga a los efectos de saludarla, empero si la amiga es quien viene a visitar se la puede saludar. En ese caso es bueno poner cuidado en saludar diciendo «buenos días» y no «shalom» ya que así recuerda que aún no rezó. Asimismo en el caso de muchachas que rezan en el colegio y se encuentran con las compañeras al entrar, pueden saludarse y conversar pero es bueno que se cuiden de decir «buenos días» en vez de «shalom».

Cuando es necesario llamar por teléfono para consultar o avisar algo está permitido hacerlo antes de rezar, mas no se debe llamar por simples razones amistosas (ver Peninei Halajá Tefilá 12:1).

En el caso de una mujer que no tiene intención de rezar Shajarit es bueno que no salude a su amiga antes de haber recitado las bendiciones matinales y de la Torá.

04. Cosas que está prohibido hacer antes de rezar Shajarit.

Desde que despunta el alba y comienza el horario de Shajarit es deber de todo judío presentarse ante su Creador y rezar. No se debe anteceder la importancia personal a la Celestial por lo que no se debe realizar ninguna tarea, emprender camino o comer antes de rezar. Asimismo no se ha de anteceder el honor del prójimo al Celestial, por lo que no se puede ir a saludar a una persona a la puerta de su casa antes haber rezado.

En términos generales estas reglas se aplican también a las mujeres, por lo que incluso una mujer que acostumbra a cumplir con su deber de rezar mediante el recitado de las bendiciones matinales y de la Torá únicamente, no habrá de realizar ninguna de estas actividades antes de haberlas recitado. Aquellas mujeres que siguen la directiva de la mayoría de los juristas y recita todas las mañanas la Amidá de Shajarit, deben poner cuidado en no realizar ninguna actividad antes de haber rezado. Sin embargo, en caso de necesidad, las mujeres que acostumbran a rezar la Amidá de Shajarit a diario pueden respaldarse en las opiniones halájicas más flexibles y una vez que concluyó el recitado de las bendiciones matinales y de la Torá puede realizar todas las actividades señaladas.

Lo mismo una mujer que a veces recita la Amidá en Shajarit y a veces  en Minjá; en los días en que se dispone a rezar por la mañana debe procurar no realizar ninguna actividad antes del rezo. En caso de necesidad puede realizarlas después de haber recitado las bendiciones matinales y de la Torá.

03. Orden de prioridades a la hora de rezar.

Una mujer agobiada por la crianza de sus hijos puede cumplir con el deber de rezar recitando las bendiciones matinales y las de la Torá. En el caso de una que no lo esté, se considera que ajustadamente cumple con su deber recitando únicamente estas bendiciones (ver arriba 2:4).

En el caso de una mujer que quiere cumplir con el precepto de rezar de acuerdo a la halajá básica, habrá de recitar las bendiciones matinales y las de la Torá, los dos primeros versículos del recitado del Shemá y la Amidá (arriba 2:5).

En caso de querer cumplirlo más puntillosamente, deberá recitar la salida de Egipto para cumplir con la opinión que entiende que la mujer tiene el deber de recordar el Éxodo a diario. Si quiere hacerlo de manera ejemplar, que recite la bendición «Emet Veiatziv» para así unir la bendición por la redención con el rezo de Amidá (ver adelante 16:3).

En caso que la mujer tenga más tiempo disponible y quiera rezar de modo más completo, puede incorporar los principales cánticos de alabanza («pesukei dezimrá«) que son «Baruj Sheamar«, «Ashrei» hasta el final de los seis capítulos de los «Aleluyas» e «Ishtabaj» (ver adelante 15:4). Si quiere agregar, puede recitar las ofrendas y la quema del incienso antes de recitar los cánticos de alabanza (ver adelante 15:1-2). En caso que quiera agregar aún más, que complete estos últimos.

De todas maneras es necesario recalcar que en el caso de la mujer, el precepto de rezar se cumple completamente mediante el recitado de las bendiciones matinales y de la Torá, los dos primeros versículos del recitado del Shemá y la Amidá. Más allá de esto no es obligatorio y es necesario tener cuidado de no llegar a una situación en la cual por querer cumplir con un mayor grado de excelencia al agregar más cánticos y bendiciones, se termine afectando la concentración de la plegaria. Por lo tanto, si una mujer teme que si extiende su rezo su concentración se verá alterada es mejor que rece sólo el mínimo estipulado por la halajá sin agregados.

Sin embargo, en las instituciones educativas cabe educar a las jovencitas a recitar el rezo en toda su completitud: las bendiciones matinales y de la Torá, la ofrenda permanente, los cánticos de alabanza, el recitado del Shemá con sus bendiciones y la Amidá. Esto se debe a que las jovencitas están solteras y se encuentran en un marco educativo, por lo que es bueno que su rezo sea más completo y así aprendan a conocer las diferentes secciones del servicio. Empero una vez que ya aprendieron y practicaron el orden completo del rezo, es importante entender que lo más importante es la concentración durante la plegaria y las súplicas ante el Creador. Si las educadoras perciben que la extensión del rezo les afecta la concentración, corresponde permitir a quienes prefieran abreviar que digan el mínimo obligatorio sin agregados.

02. Las horas temporales y los horarios de la mañana.

Las horas de las que hablaron los sabios son las horas temporales. Esto significa que se divide el día en doce partes y cada una de estas se denomina «hora temporal» («shaá zmanit«). Durante el verano que los días son largos estas horas son más extensas y en invierno más cortas.

La pregunta que surge es, desde cuándo se comienza a medir el día. Según el método del Maguén Abraham, las horas del día son aquellas en las que hay luz, desde que despunta el alba hasta que oscurece por completo. Por su parte, el Gaón de Vilna considera que se debe tomar en cuenta las horas en las que el sol es visible, o sea desde que sale hasta que se oculta.

Esta es la razón por la cual en los almanaques figuran dos horarios, el más temprano corresponde al cálculo según Maguén Abraham quien comienza a contar las horas desde que despunta el alba; mientras que el horario más tardío corresponde al cálculo según el Gaón de Vilna quien cuenta las horas a partir de la salida del sol (Peninei Halajá Tefilá 11:13-14).

En la práctica, la mayoría de los juristas se inclinan por la opinión del Gaón de Vilna. Además, como el horario del rezo fue establecido rabínicamente, la halajá final es conforme a la opinión más flexible, por lo que calculamos el horario final para rezar Shajarit según el Gaón de Vilna.

01. El horario de Shajarit.

Tal como vimos anteriormente (2:2-5), la mayoría de los juristas opina que las mujeres deben rezar diariamente la Amidá de la mañana (Shajarit) y la de la tarde (Minjá), y así se debe actuar a priori. Por lo tanto es importante saber cuáles son los horarios de dichas plegarias.

También aquellas mujeres que rezan una Amidá por día, sea en Shajarit o Minjá, necesitan saber los horarios para poder ajustar sus plegarias a los tiempos de los rezos.

Los horarios de los rezos fueron establecidos por los sabios de la Gran Asamblea según los tiempos de la ofrenda del sacrificio diario permanente, Shajarit en el horario de la ofrenda matinal y Minjá en el de la ofrenda vespertina. El horario de Minjá será explicado más adelante (18:1) y ahora pasamos a explicar el horario del rezo de Shajarit.

La ofrenda permanente matinal se sacrificaba a partir del despuntar del alba («amud hashajar«), por lo tanto éste debería ser el horario inicial de Shajarit. Sin embargo, nuestros sabios dijeron que es mejor rezar después que sale el sol («netz hajamá«) tal como está escrito (Salmos 72:5) «Te temerán cuando sea visto el sol» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 9(B)). De todas maneras, a posteriori se puede rezar Shajarit desde el despuntar del alba pues lo hizo en un horario apropiado para sacrificar la ofrenda permanente de la mañana (Shulján Aruj 89:1, Peninei Halajá Tefilá 11:4). El despuntar del alba o «amud hashajar» es el momento en el cual se puede divisar una primera y tenue luz en el oriente y «netz hajamá» es la salida del sol. El mejor momento para rezar Shajarit es el horario de los «Vatikín» quienes comenzaban la Amidá al salir el sol para cumplir con lo que está escrito «Te temerán cuando sea visto el sol».

El horario para rezar Shajarit se extiende hasta el final de la cuarta hora, pues la ofrenda permanente matinal se sacrificaba hasta ese momento. A posteriori, si una mujer no alcanzó a rezar Shajarit hasta el final de la cuarta hora puede hacerlo hasta el mediodía y si bien su recompensa no es igual a la de quien reza en hora recibe recompensa por haber orado (Shulján Aruj 89:1). En cambio, una mujer que quiere recitar las bendiciones del Shemá, no deberá hacerlo después de la cuarta hora ni siquiera a posteriori.

En el caso de una  mujer que acostumbra a rezar una Amidá diariamente en Shajarit o Minjá, y ya pasó la cuarta hora del día, que no rece Shajarit y mejor que lo sustituya ese mismo día por un rezo de Minjá. En caso que tema olvidar de rezar Minjá, que rece Shajarit hasta el mediodía.

07. La bendición por la Torá es para todo el día.

La bendición por la Torá que recita una mujer por la mañana le sirve para todo el día. Aunque luego vaya a comer o trabajar, cuando posteriormente quiera estudiar no necesitará volver a recitar esta bendición.

Los juristas debatieron respecto de si hombres que durmieron por lo menos media hora durante el día (shenat keva) deben o no volver a recitar la bendición por la Torá (Peninei Halajá 10:6) empero respecto de las mujeres todos coinciden en que lo hagan una sola vez al levantarse tras el sueño nocturno. Si una mujer durmió una suerte de siesta por más de media hora durante el día o la noche, al levantarse no precisa recitar la bendición por la Torá. Una mujer que se levanta después de medianoche y tiene la intención de permanecer despierta unas horas y luego volver a dormir un par de horas, deberá recitar las bendiciones matinales y de la Torá tras su despertarse principal (ver arriba 6:6).

En el caso de un hombre que se mantuvo despierto toda la jornada, los juristas debatieron si debe o no recitar por la mañana las bendiciones de la Torá (Peninei Halajá Tefilá 10:7). Empero en el caso de una mujer que se mantuvo despierta toda la jornada no habrá de recitar por la mañana la bendición de la Torá, sino que habrá de recitar la bendición «Ahavat Olám» para luego recitar la primer porción del Shemá y de esa manera cumplir con el deber de la bendición por la Torá (ver arriba 6:4).

En caso de que la mujer en cuestión haya dormido por lo menos media hora durante el día anterior a la noche que no durmió, habrá de recitar por la mañana las bendiciones de la Torá (Mishná Berurá 47:28, Peninei Halajá Tefilá 10:9).    .

06. ¿Qué tipo de estudio requiere bendición previa?

Previo al estudio de cualquiera de las secciones de la Torá  es menester recitar la bendición (Shulján Aruj Oraj Jaím 47:2). Por lo tanto, una persona que en determinado día tenía planificado estudiar únicamente Midrash o Halajá debe recitar al principio del día la bendición previa. Esto se debe a que toda la Torá, tanto la Escrita como la Oral, tanto en el área legal (Halajá) como en la filosófica (Majshavá) fue revelada a Moshé en Sinai (Talmud Jerosolimitano Tratado de Peá 2:4), y por ende por todo esto se bendice previamente «que nos escogió entre todas las naciones y nos entregó Su Torá».

Los juristas debatieron respecto de si es o no necesario recitar la bendición antes de cavilar (leharher) sobre Torá. Por ejemplo, quien se despierta por la mañana y quiere meditar sobre cuestiones de Torá, en opinión de la mayoría de los juristas no precisa recitar la bendición si bien hay quienes lo objetan. A los efectos de salir de toda duda es mejor que quien se despierte y quiera reflexionar sobre Torá, que recite las bendiciones correspondientes y diga unos versículos, para luego sí meditar sobre ésta. En el caso de quien se despierta en medio de la noche y piensa seguir durmiendo mas quiere reflexionar un poco sobre Torá hasta dormirse, no necesita recitar las bendiciones previas. Lo mismo quienes escuchan canciones con contenido religioso al despertarse, por cuanto que no tienen la intención de estudiar no precisan recitar las bendiciones por la Torá previamente (Peninei Halajá Tefilá 10:4).

Se puede recitar las bendiciones por la Torá así como también las bendiciones matinales de pie, sentados, acostados o caminando. Hay quienes ponen cuidado en recitarlas de pie o caminando mas no sentados o acostados (ídem).

 

05. ¿Esta bendición es preceptiva según la Torá? Reglas referentes a la  bendición «Ahavat Olam».

«Dijo Rabí Iehuda en nombre de Rav: ¿de dónde aprendemos que recitar la bendición previo al estudio es precepto de la Torá? Por cuanto que está  escrito (Dvarim 32:3): «Cuando invoque el Nombre del Eterno, glorificad a nuestro D´s» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 21(A)). Esto es, toda la Torá es considerada como los nombres o apelativos del Santo Bendito Sea (Zohar II 87:1, Tikunei Zohar 410:10) ya que Él se nos presenta como completamente oculto y mediante la Torá se revela en el mundo. Y aquello que está escrito  «Cuando invoque el nombre del Eterno» debe entenderse: antes que estudiéis Torá «glorificad a nuestro D´s», recitad la bendición a Quien la entregó.

En la práctica, los sabios medievales (rishonim) debatieron respecto de la correcta comprensión de este pasaje talmúdico. En opinión de la mayoría de estos sabios, entre los que cabe mencionar al Rambán y al Rashbá, es precepto de la Torá recitar la bendición previo a su estudio, por lo que en caso de duda se debe aplicar el criterio más estricto y recitarla, de acuerdo con la regla que indica que en caso de duda sobre un precepto de la Torá se debe aplicar criterio estricto («safek deoraita lejumra«) siendo esta la usanza de los ashkenazíes (Mishná Berurá 47:1, Peninei Halajá Tefilá 10:3).

Sin embargo, según la opinión de Rambám y el Shulján Aruj (Oraj Jaím 209:3) la bendición por la Torá es una disposición de origen rabínico y el versículo bíblico sirve únicamente de respaldo. Por esta razón, en caso de duda se debe aplicar el criterio más flexible  y no recitar la bendición, siendo esta la usanza sefaradí (Kaf HaJaím 47:2).

En el caso de una mujer que duda si recitó o no las bendiciones por la Torá, todos los juristas coinciden en que no debe volver a hacerlo. En caso de que la mujer en cuestión quiera salir de duda que recite la bendición «Ahavat Olám» («Ahavá Rabá» según la versión ashkenazí) y tenga cuidado en recitar el Shemá inmediatamente después para haber estudiado algo de Torá tras la bendición.

La bendición «Ahavat Olám» puede, a posteriori, sustituir a la bendición por la Torá ya que incluye los mismos elementos (Shulján Aruj 47:7). Si bien en el final de «Ahavat Olám» no se menciona la Torá sino la elección Divina del pueblo de Israel «que escoge al pueblo de Israel con amor», dado que la Torá y la elección de  Israel son temas que están intrínsecamente ligados al mencionar a uno se menciona indefectiblemente al otro.

04. El valor de la bendición por la Torá.

Luego que la tierra de Israel fuera destruida y el pueblo judío exiliado, surgió la pregunta (Irmiahu 9:11): «¿Por qué motivo se ha perdido la tierra?» Por cierto, que todos tenían claro que a causa de nuestros pecados fuimos exiliados de nuestra tierra, sin embargo la pregunta era: ¿Cuál es el pecado central que originó el derrumbe espiritual que llevó a la destrucción? Esta pregunta le fue formulada a nuestros sabios de bendita memoria, a los profetas y a los ángeles ministeriales sin que nadie haya sabido qué responder. Hasta que el mismísimo Santo Bendito Sea lo explicó: «Porque han abandonado Mi Ley que Yo establecí para ellos» (ídem 9:12), esto es, porque no bendijeron por la Torá antes de estudiarla (Talmud Babilonio Tratado de Nedarim 81: (A)).

Si bien en la práctica estudiaban Torá, del momento en que no se vinculaban con ella como una enseñanza Divina de origen celestial, esto se les consideraba como si la hubiesen abandonado. Esto se debe a que todo aquel que estudia Torá como una disciplina más de investigación humana, no se considera que la estudie. Empero, si se recita previamente la bendición por la Torá, se puede luego acceder al estudio desde la perspectiva de la fe e imbuidos de un intenso deseo de conexión con Quien la entregó.

Nuestros sabios también se preguntaron (Nedarim ídem) ¿por qué ocurre que no todos los hijos de los grandes eruditos de la Torá siguen el camino de sus padres y no se convierten en estudiosos, a pesar, de que sin duda sus padres hubiesen deseado que dediquen toda su vida al estudio de la Torá? ¿A causa de qué los eruditos de la Torá no tienen éxito en la educación de todos sus hijos?  Más aún, en esos días se acostumbraba que cada hijo continuara con el oficio de su padre, los hijos del carpintero se convertían en carpinteros, los hijos de los agricultores se convertían en agricultores y así todos.

La pregunta entonces es ¿por qué un alto porcentaje de hijos de estudiosos de la Torá no se convierten en estudiosos como sus padres? El Talmud trae varias explicaciones a este asunto; la última pertenece a Rabina quien dijo que la causa de la discontinuidad intergeneracional en el estudio radica en que no bendijeron por la Torá antes de estudiarla. Esto es, muchas veces los hijos de los eruditos de la Torá la estudian por haber visto a sus padres hacerlo, y así como a todos los hijos les gusta imitar a sus progenitores, así también ellos intentan estudiar Torá. Empero la Torá solo se puede adquirir si se estudia con pureza de intención o por amor a D´s («leshem shamaim«), mediante una conexión personal con quien la entregó y por eso los hijos que estudiaron por imitación a sus padres o por costumbre no vislumbran una bendición ni resultados en su estudio.

03. El contenido de las bendiciones por la Torá y su relación con las mujeres.

Las bendiciones de la Torá poseen tres partes, en la primera se alaba a D´s por habernos consagrado con Sus preceptos y ordenado dedicarnos a al estudio de la Torá; en la segunda, pedimos al Creador que la Torá que enseña a Su pueblo Israel sea agradable a «nuestras bocas» y tengamos el mérito de estudiarla con entusiasmo y seamos meritorios de saberla tanto nosotros como nuestra descendencia.

En la tercera parte de estas bendiciones le agradecemos al Eterno por habernos escogido entre todas las naciones y entregado Su Torá. Nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 11(B)) que se trata de la más excelsa de las bendiciones pues en esta se menciona la singularidad de Israel que «fue escogida de entre todas las naciones» y en virtud de ello «nos concedió Su Torá». Esta es la naturaleza del alma de Israel que está permanentemente apegada y conectada a HaShem y Su Torá, razón por la cual sólo el pueblo judío puede recibirla y por su intermedio iluminar al mundo.

En el seno de las naciones existen personas justas y piadosas empero se trata de una cualidad puramente individual y este carácter particular no permite que el mundo como tal sea corregido por su intermedio. Únicamente el pueblo de Israel puede servir a HaShem en un marco nacional y en ese contexto procurar corregir el mundo por medio de la verdad y la generosidad, tal como constatamos a lo largo de nuestra historia.

La segunda y la tercera parte de la bendición indudablemente están vinculadas a la mujer. En la tercera alabamos y agradecemos al Creador que nos escogió entre todas las naciones y nos concedió Su Torá, y según ya vimos (halajá 1) en eso mujeres y hombres son iguales. Asimismo, también la segunda de las bendiciones tiene vinculación con el género femenino, ya que las mujeres piden que las palabras de la Torá sean agradables en nuestras «bocas» y las de nuestros descendientes. Sin embargo, respecto de la primera parte se nos presenta una interrogante, ¿cómo pueden mujeres recitar la bendición  «que nos consagraste con Tus preceptos y nos ordenaste» dedicarnos al estudio de la Torá siendo que éstas están exentas de ese precepto? Hay juristas que explican que mujeres pueden recitar bendiciones por preceptos de los cuales se hallan exentas, ya que en la redacción de la bendición no figura «que me consagró» de modo personal sino «nos consagró» que incluye a la generalidad de Israel, y por lo tanto pueden recitar las bendiciones por la Torá (Rabenu Tam, Ran, Ramá). Otros juristas consideran que las mujeres tienen prohibido recitar bendiciones por preceptos que no tienen el deber de cumplir (Rambám, Or Zarúa, Shulján Aruj). De todas maneras las mujeres recitan las bendiciones por la Torá  ya que como vimos anteriormente ellas también tienen el deber de estudiar las halajot prácticas y los fundamentos de la fe judía, y por esta razón recitan «que nos consagró con Sus preceptos y nos ordenó».

02. Las mujeres y el precepto del estudio de la Torá.

Existe una diferencia fundamental entre el estudio de Torá de los hombres y el de las mujeres. El precepto que recae sobre los hombres es el del estudio en sí,  mientras que el que recae sobre las mujeres es el deber del conocimiento de los preceptos de la Torá para vivir según ésta. Por lo tanto, una mujer que tuvo el mérito de aprender todas las halajot prácticas y todos los principios generales de la fe y la moral judías en un nivel suficiente como para poder encaminar todos los aspectos de su vida, no tiene más el deber de continuar estudiando.  Empero el hombre que estudió toda la Torá, aunque la sepa de memoria tiene el deber de continuar profundizando.

El estudio de la Torá consta de dos partes, una es conocer las directivas de la Torá tanto en la parte práctica como doctrinaria para poder llevar una vida plena, y este es deber de ambos sexos. La segunda parte es la que tiende más al estudio teórico, lógico e investigativo que es deber de los hombres y no de las mujeres. Por esta razón existen dos tipos diferentes de programas de estudio. El que está destinado a las mujeres, enfatiza el conocimiento de los fundamentos de la fe, la moral y la halajá mientras que en el destinado a los hombres, amén del estudio de las halajot, la fe y la moral judías  se hace hincapié en el estudio de la Guemará (Talmud) y sus comentaristas.

Por supuesto que aquellas mujeres que así lo deseen pueden además estudiar el Talmud analíticamente a condición de que antes aprendan bien los fundamentos de la fe, la moral y la halajá que es su deber dominar. Esto se aplica especialmente a aquellas mujeres que destacan por sus cualidades intelectuales; estas deben primero profundizar en la interiorización de los fundamentos de la fe y la halajá antes de embarcarse en el estudio talmúdico analítico a los efectos de que su temor a D´s anteceda a su sabiduría.

En el caso del resto de las mujeres que carecen de un deseo específico de profundizar en el estudio de la Torá, la directiva general de nuestros sabios, de bendita memoria, es que no se sumerjan en el estudio lógico y analítico (pilpul)  sino que estudien de forma clara resúmenes de halajot prácticas y sus fundamentaciones, así como principios de fe y moral judías.

Hubo generaciones en las que a las mujeres les era suficiente estudiar las halajot básicas vinculadas al hogar  y la familia, así como un poco de moral. Este tipo de estudio era suficiente para plasmar en sus almas la identificación  y entrega suficientes como para perpetuar la Torá y tener una vida judía. Sin embargo, en las últimas generaciones, con la aparición de la cultura del ocio, el desarrollo de la ilustración general y la inserción profesional  de las mujeres en diferentes ámbitos y especializaciones, es claro que éstas necesitan estudiar mucha más Torá que en el pasado. Efectivamente, de acuerdo con las directivas de los grandes sabios de las últimas generaciones, se establecieron institutos de educación y estudio de Torá especiales para jovencitas y señoras. Un ejemplo emblemático de esta tendencia es la red de colegios «Beit Yaakov» establecida en Polonia por la Señora Sara Shnirer bajo los auspicios y el apoyo de los grandes rabinos de  Polonia de la época.

Este cambio no deroga la diferencia halájica básica entre los hombres quienes están preceptuados de estudiar la Torá también en su faceta analítica y las mujeres que no lo están. Nuestro maestro el Rav Kuk explica que mediante la diferencia entre el deber masculino y el femenino se conforma una armonía entre el intelectualismo analítico y el sentimiento vivo, natural y espontáneo que unifica y da sostén a la Torá en la vida real (ver en comentario Ein Aiá al Tratado de Berajot cap. 7:46).

01. La conexión profunda de las mujeres con la Torá.

La Torá pertenece a la totalidad del pueblo de Israel, tanto a hombres como a  mujeres. Cuando decimos en las bendiciones por la Torá «que nos escogió entre todas las naciones» nos referimos a que el Creador eligió al pueblo de Israel, hombres y mujeres y en virtud de la elección «nos otorgó Su Torá». De acuerdo con nuestra tradición, si al momento de la entrega de la Torá hubiese faltado sólo una sierva hebrea, ella se tendría que haber postergado. Asimismo, durante el cumplimiento del precepto de «Hakhel«, el Rey de Israel lee la Torá delante de todo el pueblo de Israel, hombres mujeres y niños (Devarim 31:12).

Sin embargo, las mujeres están exentas del estudio de la Torá, tal como está escrito (Devarim 11:19): «Las enseñaréis a vuestros hijos para hablar de ellas». Respecto a este versículo nuestros sabios interpretan (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 29(B)): «a vuestros hijos y no a vuestras hijas».

Sin embargo, desde el punto de vista de la conexión o la pertenencia general a la Torá vemos que las mujeres anteceden a los hombres. Por ejemplo, durante la entrega de la Torá, D´s le ordenó a Moshé que se dirija primeramente a las mujeres, tal como está escrito (Shemot 19:3): «Así le dirás a la casa de Yaakov. Esto anunciarás a los hijos de Israel». Nuestros sabios explican que «le dirás a la casa de Yaakov» se refiere a las mujeres  a quienes hay que «decirles» las cosas de manera suave mientras que «anunciarás a los hijos de Israel» se refiere a los hombres ya que anunciar es una manera más rigurosa o contundente de hablar, a ellos se les puede advertir duramente respecto de los castigos posibles que la Torá prevé detalladamente[1]. Nuestros sabios aprendieron de este versículo que es importante poner énfasis en el orden de la transmisión, primero hay que decirles a las mujeres y luego a los hombres (Mejilta, traído por Rashí).

Asimismo, aprendemos cuál debe ser el trato correcto hacia los sabios de la Torá, a partir de la conducta de la mujer de  Shunem que asistía a las clases del profeta en Shabat y Rosh Jodesh (Libro Segundo de Reyes- Melajim Bet  2:4-23, Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 16(B)). No es casualidad que aprendemos a tratar honorablemente a la Torá del ejemplo de una mujer, ya que éstas guardan una relación más elevada con el aspecto general superior de la Torá (Sijot Haratziá Shemot pág. 178-181).

Vemos así que existen dos tipos de relacionamiento hacia la Torá: una es el de estudio y es preceptivo para el hombre, el otro es el relacionamiento general que pertenece más al género femenino. En la vida cotidiana el precepto masculino de estudiar Torá es más notorio, pero a largo plazo, el vínculo general de las mujeres con la Torá y la fe judía tiene mayor alcance e influencia. Es a este respecto que nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron: «es más importante la promesa que le hizo D´s a las mujeres que la que hizo a los hombres». Nuestros sabios explican que las mujeres obtuvieron una promesa Divina mayor, en virtud que llevan a sus hijos pequeños a estudiar Torá e incentivan a sus maridos a hacerlo en los Batei Midrash, al tiempo que no les apuran a regresar temprano y les esperan felices en la casa (de acuerdo a Berajot 17(A)).

En virtud de la exención que tienen las mujeres del estudio pormenorizado de los detalles de la Torá, tienen la capacidad de captar los aspectos generales y axiológicos de la misma, y de esa manera pueden estimular a sus maridos e hijos a estudiarla para que ésta tenga perpetuidad en el pueblo de Israel. Si bien es cierto que también los hombres tienen conexión profunda con los aspectos generales de la Torá puesto que todos sus pormenores y detalles se desprenden de las generalidades y por otro lado las mujeres también tienen que saber las definiciones básicas de los principios de la fe judía, así como también las halajot prácticas (tal como se explicará en el siguiente inciso) de todas maneras los hombres tienen mayor vinculación con las definiciones exactas de nuestro sagrado libro y las mujeres con la manifestación de éste en la vida concreta. Juntos, mediante la acción mancomunada de hombres y mujeres la Torá se manifiesta en su completitud.

07. ¿Qué debe hacer quien estuvo despierta toda la noche?

En términos generales, debe recitar las bendiciones matinales también aquella persona que no durmió durante la noche pues ya aprendimos que (halajá 4) estas bendiciones fueron instituidas como agradecimiento por el beneficio colectivo de las bondades prodigadas por D´s y aunque una persona individualmente no las haya disfrutado debe recitarlas. Sin embargo, existen diferentes tradiciones respecto de ciertas bendiciones.

Respecto del lavado de manos, según la tradición sefaradí no se ha de recitar la bendición (Kaf HaJaím 4:49) mientras que según la tradición ashkenazí, si la mujer está por comenzar a rezar la Amidá, que primero vaya al baño, evacúe y se toque alguna parte del cuerpo que normalmente va cubierta con ropa ya que desde el lavado anterior de manos seguramente transpiró un poco y luego que se las vuelva a lavar recitando la bendición correspondiente (Mishná Berurá 4:30 y se explicó arriba 5:5).

Respecto de las bendiciones de la Torá, si la mujer durmió durante el día anterior aunque sea media hora, por la mañana habrá de recitarlas. En el caso que no haya dormido durante todo el último día los juristas debatieron respecto de si tiene que volver a recitarlas en el nuevo día. Por lo tanto lo más apropiado es que recite la bendición de «Ahavat Olam» y de esa manera recita una de las bendiciones del Shemá que además le sirve como sustituto de las bendiciones de agradecimiento por la Torá. Una vez recitada «Ahavat Olám» la mujer debe leer el Shemá para estudiar algo de Torá tras la bendición.

Respecto de las bendiciones de «Elohai neshamá» y «Hamaavir Sheiná«, hay juristas que opinan que solamente quien durmió puede recitarlas, por lo que lo mejor es oírlas de una amiga que sí haya dormido y poner la intención de cumplir con el deber al escucharlas. Cuando no hay allí una amiga que las recite, según la mayoría de los juristas la mujer debe recitarlas por sí misma, siendo esta la tradición de todos los sefaradíes y algunos ashkenazíes. Otros ashkenazíes que acostumbran a ser más estrictos, las recitan sin pronunciar los Nombres Divinos (shem umaljut) (Peninei Halajá Tefilá 9:6)

06. ¿Cuándo debe recitar las bendiciones matinales quien se levanta en la mitad de la noche?

Tal como ya estudiamos, a priori se deben recitar las bendiciones matinales lo más contiguo posible al momento de levantarse no siendo necesario esperar a  que aclare o despunte el alba para hacerlo. Por lo tanto, quien se levanta antes de que despunte el alba para estudiar Torá, trabajar o cualquier otro objetivo, debe recitar las bendiciones matinales inmediatamente después de levantarse. Empero, antes de la medianoche no se han de recitar y por lo tanto quien se levanta antes de ese tiempo ha de esperar hasta pasada esta para poder hacerlo. Siendo así, quien las recitó antes de medianoche, no cumplió con su deber (El horario de la medianoche varía según las estaciones del año y aparece en los almanaques) (Mishná Berurá 47:31, Kaf HaJaím 29, Peninei Halajá Tefilá 9:4, ver arriba 5:4).

Aquella mujer que se levanta pasada la medianoche por unas horas y planea volver a acostarse a dormir hasta la mañana deberá recitar las bendiciones matinales después de su incorporación principal. Si para la mujer en cuestión, la primera vez que se levantó es la principal y lo que duerme posteriormente lo considera como una siesta en la mitad del día, ha de recitar entonces las bendiciones matinales. Empero si considera que es la segunda oportunidad en la que realmente se levanta, habrá de recitar entonces las bendiciones. Lo mismo habrá de hacer respecto de las bendiciones de agradecimiento por la Torá.

05. ¿Hasta qué hora se recitan las bendiciones matinales?

A priori se deben recitar las bendiciones matinales lo más próximo posible al levantarse del sueño ya que según la disposición original se debían pronunciar a continuación de cada movimiento corporal en el proceso de la incorporación. Si bien hoy día acostumbramos a recitarlas juntas después de este, de todas maneras no es correcto postergarlas en demasía.

En el caso de que una mujer no las haya recitado poco después de levantarse, debe procurar hacerlo hasta el final del horario de la plegaria de Shajarit pues hay opiniones según las cuales el horario de ambas es similar. Esto significa que se debe procurar recitar las bendiciones matinales hasta el final de la cuarta hora temporal de la mañana, es decir, hasta el mediodía. De todas maneras, si la mujer en cuestión no pudo recitarlas hasta el mediodía podrá hacerlo durante toda la jornada. La mayoría de los juristas opina que el horario de las bendiciones matinales no es similar al de la plegaria de Shajarit, ya que las primeras son agradecimientos a D´s por el disfrute de bondades que se extienden a lo largo de todo el día, y  por lo tanto, a posteriori, se pueden recitar durante toda la jornada (Peninei Halajá Tefilá  9:3).

En el caso de una mujer que recitó las bendiciones del «Shemá«, luego rezó la Amidá y recién entonces cayó en la cuenta de que aún no recitó las bendiciones matinales, deberá completarlas salvo las de agradecimiento por la Torá y «Elohai Neshamá«. Esto se debe a que la mujer en cuestión, aunque no haya tenido la intención de hacerlo, según la mayoría de los juristas cumplió con el deber de recitar las bendiciones por la Torá con la de  «Ahavat Olam» previa al Shemá y la de «Elohai Neshamá» mediante la segunda de la Amidá «Mejaié Hametim» (que revive los muertos) (Shulján Aruj 47:7, Mishná Berurá 59:9. Ver más adelante 7:5 y en Peninei Halajá Tefilá 9:2).

04. Bendiciones matinales en el caso de quien no es beneficiario de un bien determinado.

Los grandes sabios medievales (rishonim) debatieron respecto del siguiente dilema: una persona que no disfruta de una de las bondades mencionadas en la bendición matinal correspondiente, ¿puede igualmente recitarla? Por ejemplo, ¿un no vidente puede bendecir «que das visión a los ciegos»?

En opinión del Rambám (Tefilá 7:9) solamente quien disfruta de una bondad puede agradecer por ella. Por lo tanto, una señora que durmió vestida por la noche, por cuanto que no se viste por la mañana no habrá de bendecir «que viste a los desnudos». Una discapacitada que no puede caminar no habrá de bendecir «que dispone el andar del hombre». Una lisiada que no puede mover sus miembros no habrá de bendecir «que libera a los prisioneros» o que «yergue a los encorvados». Esta es, asimismo, la costumbre de algunos de los judíos provenientes del Yemen. El autor del Shulján Aruj (Oraj Jaím 46:8) tomó en cuenta la opinión de Rambám y sentenció que no se ha de recitar bendiciones por bondades de las que la persona no disfruta.

Por otra parte, según la opinión de los Gaonitas tales como Rabí Natronai Gaón y Rabí Amram Gaón se deben recitar todas las bendiciones según el orden establecido, aunque la persona concretamente no disfrute específicamente de alguna de las bondades mencionadas en las mismas, ya que fueron instituidas como agradecimiento por el disfrute general de las personas. Además, el hecho de que algunos disfrutan de las bondades ayuda indirectamente a quienes en lo particular no lo hacen y por lo tanto un inválido que no puede incorporarse agradece que otros sí puedan y por ende le puedan ayudar. Asimismo, el no vidente bendice «que da visión a los ciegos» por aquellos que al ver pueden ayudarle en su camino y en la provisión de sus necesidades. El Ramá sentenció de acuerdo a esta segunda opinión (Oraj Jaím  46:8).

Esta es además la opinión del Aríz»l en cuanto a que todo judío debe recitar todas las bendiciones matinales según el orden prescripto, para agradecer a D´s por el bien general que dispensa al mundo. En cuanto a costumbres de rezo, los sefaradíes acostumbraron a seguir la idea del Aríz»l por lo que también ellos recitan todas las bendiciones matinales según el orden escrito.

03. El orden de las bendiciones matinales.

Tal como aprendimos, la disposición original de nuestros sabios implicaba que las bendiciones acompañen el orden natural de la incorporación por la mañana, y cada movimiento diferente o satisfacción lograda en este proceso fuera acompañada del recitado de una bendición. Por lo tanto, la mujer al despertarse del sueño debe agradecer a D´s por el alma que le fue concedida recitando «Elohai Neshamá» («D´s mío, el alma que me concediste…»), al abrir los ojos deberá bendecir «Pokeaj Ivrim» («que da la vista al ciego»), al extender sus extremidades deberá bendecir «Matir Asurim» («Que liberas a los prisioneros») y así sucesivamente con todas las bendiciones. Sin embargo hoy en día cambió la costumbre y se recitan todas las bendiciones de corrido.

Aparentemente podríamos decir que es mejor agradecer a D´s a continuación de la acción física, de manera tal que el proceso de levantarse adquiera una mayor significación espiritual. Efectivamente, el Rambám sentenció que el orden fuese tal como lo indica el Talmud, en el cual cada bendición sea recitada al momento de realizar cada una de las acciones y hay entre quienes llegaron del Yemen que así lo hacen hasta el día de hoy.

Sin embargo, hace ya cientos de años que los judíos acostumbran recitar todas las bendiciones matinales de una vez. Esto se debe a que si se recitan durante el acto mismo del despertar y la incorporación, se teme que por la somnolencia de la mañana se olviden de recitar una o más bendiciones, por lo que al recitarlas todas juntas de manera ordenada es más fácil que recuerden completarlas todas. Además, se procuró dar un status más encumbrado a las bendiciones matinales, esto es, recitarlas con las manos limpias y ya vestidos adecuadamente y por esta razón se pospuso su recitado hasta que la persona haya culminado sus preparativos previos al rezo. Más aún, existen personas a las que les resulta muy difícil concentrarse a poco de haberse levantado, y solamente después que se vistieron y lavaron la cara pueden recitar las bendiciones matinales correctamente (Según el Shulján Aruj 46:2 y Seder Haiom).

02. Que me creó conforme a Su voluntad.

Nuestros sabios dispusieron que en el marco de las bendiciones matinales se reciten tres de especial agradecimiento que son: «que no me hizo gentil», «que no me hizo siervo» y la tercera «que no me hizo mujer». Las mujeres recitan «que me hizo conforme a Su voluntad»

La bendición especial de las mujeres tiene dos interpretaciones. La primera sostiene que la bendición implica una justificación de la justicia Divina ante el adverso designio de la condición femenina y a pesar de que las mujeres recibieron menos mandamientos para cumplir, alaban a D´s con la convicción de que todo es para bien y recitan «que me hizo conforme a Su voluntad» (Tur Oraj Jaím 46:4). Por otra parte, otros comentaristas interpretan que en esta precisa bendición se manifiesta la cualidad excelsa de la mujer por sobre el hombre, y que justamente ella fue creada «conforme a Su voluntad».

El hecho de que las mujeres tienen menos preceptos para cumplir se debe a que naturalmente son más completas y por ende requieren de menos acciones correctivas. Esta diferencia entre los géneros en favor del sexo femenino se manifiesta en el hecho de que el hombre fue creado a partir del polvo de la tierra, mientras que la mujer fue creada a partir de un material más depurado, la costilla o costado del hombre. Esto implica que la mujer expresa un desarrollo adicional por sobre el nivel del hombre (Sijot Haratzia Bereshit pág. 77-78, Shemot pág. 380, Olat Reaiá I pág. 71-72).

No es mera casualidad que la interpretación simple le da preferencia a los hombres, mientras que la más profunda le da preferencia a las mujeres. Esto se debe a que en una mirada superficial, los hombres aparentan tener un mayor grado de elevación mientras que para percibir la elevación femenina es necesario mirar en profundidad. Por lo tanto, el recato (tzniut) pone énfasis en la cualidad o virtud interior que es más importante en la mujer (ver arriba 3:6-7).

En la práctica, las mujeres ashkenazíes acostumbran a recitar «Baruj Atá Hashem Eloheinu Melej Haolam Sheasani Kirtzonó», mientras que la mayoría de las mujeres sefaradíes acostumbran a recitar la bendición sin pronunciar el Nombre Divino (HaShem) ni Su reino (Melej Haolam) y dicen solamente «Baruj Sheasani Kirtzonó». Si bien el Shulján Aruj (46:4) sentenció que esta bendición se recite con Nombre Divino y Su reino, de todas maneras la mayoría de las mujeres sefaradíes acostumbró siempre a recitarla sin estos agregados por temor a que se trate de una bendición en vano ya que no es mencionada en el Talmud (Kaf HaJaím 46:41).

En el caso de las bendiciones de agradecimiento por no haber sido creado gentil o siervo, «Shelo Asani Goi» y «Shelo Asani Aved», las mujeres sefaradíes sustituyen «Goi» por «Goiá» y «Aved» por «Shifjá» mientras que las mujeres ashkenazíes pronuncian la bendición con igual redacción que la de los hombres ya que las palabras «Goi» y «Aved» incluyen a ambos géneros.

01. Bendiciones de agradecimiento.

Nuestros sabios instituyeron numerosas oraciones para recitar ni bien nos levantamos cada mañana, para así agradecer al Creador por el bien que nos dispensa a diario. El Talmud Babilonio nos dice (Tratado de Berajot 60(B)) que al despertarnos por la mañana debemos agradecer a D´s y decir: «D´s mío, el alma que me otorgaste es pura, Tú la creaste… Bendito eres Tú que devuelves las almas a los cuerpos muertos»; al escuchar el canto del gallo que anuncia una nueva jornada debemos recitar: «Bendito eres Tú D´s nuestro Rey del universo que diste al gallo discernimiento para diferenciar el día de la noche»; al abrir los ojos debemos recitar: «que da visión a los ciegos»; al tensar nuestras extremidades e incorporarnos, sentándonos sobre la cama tras habernos liberado de las amarras del sueño recitamos: «que libera a los prisioneros»; al vestirnos recitamos el agradecimiento por «que viste a los desnudos»; al ponernos de pie agradecemos porque D´s «yergue a los encorvados»; al apoyar nuestros pies sobre el suelo agradecemos a D´s que «establece la tierra sobre las aguas»; al calzar nuestros zapatos agradecemos a D´s por «haberme provisto de todas mis necesidades»; al comenzar a caminar debemos agradecer a D´s porque «dispone el andar del hombre»; al ajustar el cinturón alrededor de la cintura debemos recitar: «que ciñe al pueblo de Israel con Su poder»: al cubrirnos la cabeza debemos agradecer porque D´s «corona al pueblo de Israel con Su gloria»; al lavarnos las manos debemos recitar «que nos ordenaste el lavado de manos (al netilat iadaim)» y tras lavarnos la cara debemos agradecer porque D´s «retira la pesadez del sueño de mis ojos» etc.

La rutina diaria de la vida tiende a hacer perder al hombre su sensibilidad para con todas las bondades que D´s le prodiga y en virtud de esa falta de agradecimiento, las bendiciones recibidas no lo hacen feliz, tornándose así su vida en monótona y vacía. Es así que comienza a buscar todo tipo de nuevas y negativas sensaciones y se deja llevar tras satisfacciones temporales que disipen ese dolor existencial. A los efectos de no ser desagradecidos, nuestros sabios de bendita memoria, instituyeron las bendiciones matinales por medio de las cuales le agradecemos a nuestro Creador por todas las grandes y pequeñas cosas que hacen posible nuestra vida en el mundo. Mediante la conciencia y el agradecimiento a D´s por el bien recibido, tenemos el mérito de contemplar el mundo desde una perspectiva valiosa y completa, aprendemos que cada detalle de nuestra vida posee un valor Divino intrínseco y se despierta en nosotros la voluntad de actuar correctamente en la nueva jornada.

Las mujeres están preceptuadas de recitar las bendiciones matinales al igual que los hombres para así agradecer al Creador por las bondades que se renuevan a diario.

08. Niños

Algunos de los más conspicuos sabios de las últimas generaciones (Ajaronim) escribieron que es importante que niños pequeños, aunque no hayan llegado aun a la edad en que se les instruye en los preceptos, laven sus manos por la mañana. Esto se debe a que ellos toman sus alimentos con las manos y si no realizan la ablución matinal, esto hace que el espíritu de impureza afecte a la comida (Jida, Prí Megadim Mishbetzot Zahav 4:7, Mishná Berurá 4:10). Los piadosos cuidan de lavar las manos de los bebés desde que nacen para, de esa manera, criarlos imbuidos de pureza y santidad.

En la práctica, muchas personas no pusieron cuidado en verter tres veces agua sobre las manos de bebés al despertarse pues, en opinión de muchos de los sabios de las últimas generaciones, el espíritu de impureza reposa solamente sobre las manos de los varones mayores de trece años y para las niñas mayores de doce. Esto se debe a que cuanto mayor es la capacidad de conexión que tiene la persona con la santidad, para actuar en el mundo y corregirlo, como contraparte mayor es el esfuerzo que hace el espíritu de impureza por afectarlo. Por lo tanto, este espíritu de impureza no reposa en los gentiles, puesto que no están obligados a cumplir preceptos. Otro tanto ocurre en el caso de los niños, todo tiempo que no recae sobre ellos la santidad de las mitzvot, el espíritu de impureza tampoco reposa sobre ellos en toda su intensidad. Empero, se impone el deber de educarlos en el cumplimiento de los preceptos y a partir de que ellos comienzan a conectarse progresivamente con éstos, el espíritu de impureza reposa sobre ellos en cierto grado. Por esta razón, a partir de que alcanzan la edad en la que se los puede instruir en los preceptos («guil jinuj») y ya pueden entender cómo se debe realizar la ablución de manos, es preceptivo acostumbrarlos en el lavado (según Shulján Aruj HaRav 4:2, Eshel Abraham Butschatch 3:4, Tzitz Eliezer VII 2:4).

En resumen, se debe acostumbrar a los niños a partir de la edad del aprendizaje de los preceptos, a que viertan agua tres veces sobre sus manos tras levantarse por la mañana. En el momento de llegar a la edad de cumplir mitzvot, deberán lavarse las manos por la mañana. Hay quienes tienen el cuidado de lavar las manos de los bebés a partir del momento que estos ya toman la comida con las manos (Mishná Berurá 4:10). Hay quienes tienen cuidado de lavar las manos de los bebés a partir de la circuncisión y otros desde su primer día de vida, pues ya desde entonces comienza a vislumbrarse en el recién nacido el resplandor de la santidad inherente del pueblo de Israel (tal como se trae entre paréntesis en Shulján Aruj HaRav, ídem, ver Kaf HaJaím 4:22).

07.  Alimentos que fueron tocados previo al lavado de manos.

Tal como aprendimos, dado que después del sueño nocturno reposa sobre las manos  un espíritu de impureza, está prohibido tocar alimentos o bebidas antes de lavárselas (halajá 2). Si un judío que aún no se lavó las manos toca algún alimento sólido como una fruta, que se puede lavar, ésta se ha de enjuagar tres veces tal que así como verter agua tres veces purifica las manos, asimismo habrá de purificar a la fruta en cuestión.

Si esta misma señora toca, por error, algún líquido o algún alimento que se estropea si es enjuagado, hay quienes opinan que deben ser arrojados a la basura por causa del espíritu de impureza que reposa en ellos (Od Iosef Jai- Toledot 6). Sin embargo, según la opinión mayoritaria de los juristas se pueden ingerir también alimentos que no es posible lavarlos.

Esto obedece a dos razones: en primer lugar, ya que según la opinión de la mayoría de los juristas el espíritu de impureza que reposa en las manos no puede afectar los alimentos por lo que, a posteriori, estos pueden ser ingeridos (Jaiei Adam 2:2, Mishná Berurá 4:14, Aruj Hashulján 4:15). De todas maneras, respecto de bebidas alcohólicas hay juristas que toman una postura más estricta por temor a que se sufra algún tipo de perjuicio, mas en cuanto al resto de los alimentos prevalece el acuerdo que no pierden su aptitud al ser tocados por manos que no fueron lavadas (Beur Halajá 4:5 ‘לא’). Además, aprendimos (halajá 3) que hay quienes consideran que el espíritu de impureza desapareció del mundo por lo que no cabe ya temer que ocasione algún tipo de daño. Por lo tanto no se debe tirar a la basura un alimento por haber sido tocado con manos que aún no fueron lavadas.

Asimismo, está permitido comprar pan y demás alimentos que estaban colocados sobre un estante en la tienda, aunque quepa la  duda de si fueron o no tocados por las manos de un judío que no efectuó su lavado de manos matinal, ya que aprendimos de que según la mayoría de los juristas, los alimentos no pierden su aptitud por contacto con manos no lavadas. Además, en este caso, existe la duda de si en la práctica, alguien con manos no lavadas tocó o no los alimentos, ya que casi todas las personas acostumbran a lavar sus manos por la mañana. Se dice en nombre del Aríz»l (Od Iosef Jai- Toledot 8) que verter agua una sola vez alcanza para debilitar el poder del espíritu de impureza.

06. Levantarse en medio de la noche por causa de un bebé o cualquier otro motivo.

Una mujer que se levanta en la mitad de la noche para tapar a sus hijos o colocarles el chupete en la boca no precisa antes de ello lavarse las manos, pero sí cuidarse de no tocar con sus manos la boca o cualquier otro orificio facial del pequeño en cuestión.

Empero si ella se levanta para prepararle al bebé alimentos o cambiarle el pañal, es mejor que primero se lave las manos para no tocar la comida o algunos de los orificios faciales del pequeño con manos no lavadas. Una mujer que se levanta en la mitad de la noche para amamantar a su bebé, es preferible que primero se lave las manos. Si le es difícil hacerlo las manos, puede respaldarse en las opiniones halájicas que más alivianan, que no exigen lavado de manos para quienes se levantan en la mitad de la noche (Eshel Abraham Butschatch 4:1, ver en la halajá 3 que hay quienes sostienen que hoy en día no existe le espíritu de impureza). De todas maneras, según todas las opiniones, no se necesita recitar bendición por el lavado de manos en la mitad de la noche, ya que los sabios dispusieron bendecir únicamente por el lavado matinal el cual nos prepara para el rezo y para la nueva jornada.

Quien se incorpora en la mitad de la noche para beber algo, es bueno, a priori, que vierta agua sobre sus manos tres veces sin recitar la bendición, después que recite «shehakol» y recién entonces beba. Asimismo quien se levanta en la mitad de la noche para evacuar, es bueno que primero vierta agua sobre sus manos tres veces para poder tocar cualquier orificio corporal sin temor. Una vez que la persona evacuó, debe lavar sus manos para recitar la bendición de «asher iatzar«. Esta mujer, si así lo desea, podrá sostenerse en la opinión de los juristas que entienden que se debe lavar las manos vertiendo agua tres veces intercaladamente sólo después de levantarse por la mañana, y para evacuar en la mitad de la noche no se requiere ablución. De todas maneras, después de evacuar deberá lavarse las manos para recitar la bendición «asher iatzar«. En caso de carecer de agua, la mujer en cuestión podrá limpiar sus manos frotándolas sobre su ropa y luego recitar la bendición (Shulján Aruj 4:22).

05. El lavado de manos tras haber dormido durante el día y el caso de quien se mantuvo despierto toda la noche.

Se genera una duda respecto de cuál es la causa principal de que el espíritu de impureza repose sobre las manos: ¿acaso el dormir que hace que se esfume la conciencia del hombre quedando la persona sin posibilidad alguna de actuar y entonces también quien duerme durante el día debe lavarse las manos tres veces intercaladas?; o si ¿es la noche oscura en la que el mundo detiene su andar la que genera que el espíritu de impureza repose sobre las personas, y entonces también quien haya estado despierta toda la noche tiene que lavarse?

En la práctica, cuando ambos factores actúan conjuntamente, la persona duerme en la noche un período prolongado (por lo menos una media hora) entonces el espíritu de impureza se posa con toda su contundencia, por lo que al despertarse es necesario lavar las manos inmediatamente tres veces sin tocar ningún orificio facial o alimento.

Un nivel por debajo de este, es el caso de una mujer que duerme prolongadamente durante el día y si bien el espíritu de impureza no se posa sobre ésta en toda su intensidad, de todas maneras corresponde que se lave las manos tres veces intercaladamente, mas sin apurarse en hacerlo y sin que medie la prohibición de tocar orificio facial alguno.

Un nivel aún menor de gravedad en cuanto a impureza y las precauciones necesarias es cuando una mujer permanece despierta toda la noche. Hay quienes entienden que quizás es la noche misma y su finalización las que ocasionan que el espíritu de impureza se pose sobre sus manos, por lo que es bueno lavarse las manos tres veces al despuntar el alba. Asimismo, una mujer que se levanta en la mitad de la noche y ya se lavó las manos tres veces, es bueno que lo vuelva a hacer intercaladamente después que haya despuntado el alba (Peninei Halajá Tefilá 8).

04. ¿Cuándo se recita la bendición por el lavado de manos- «al netilat iadaim»?

El momento indicado para el recitado de la bendición es inmediatamente después de haberse lavado las manos y antes de secarlas. La regla general indica que en el caso de las bendiciones por el cumplimiento de preceptos, primero se bendice y luego se realiza la acción. Por esta razón, primero se recita la bendición de la separación de la «jalá» y sólo después ésta se realiza, así como primero se recita la bendición por la «mezuzá» y luego se coloca. Sin embargo, en el caso del lavado de manos, la norma varía ya que no corresponde recitar la bendición cuando las manos están aún sin lavar, y por lo tanto se posterga el recitado para después de la ablución. De todas maneras, no se debe alejar demasiado la bendición del acto preceptivo, por lo que bendecimos inmediatamente después de la ablución y antes de secarnos las manos.

En la práctica, no se acostumbra a recitar la bendición inmediatamente después del lavado de manos matinal, porque normalmente, las personas necesitan evacuar tras haber dormido y no es correcto bendecir cuando uno está urgido fisiológicamente. Además, en opinión del Rosh, la razón principal del lavado es la preparación para el rezo, y según esta idea se tiene que recitar la bendición por el lavado, previo al servicio religioso. Por lo tanto, tras haber evacuado, se deben lavar de nuevo las manos con la jarra de ablución («natlá«). Dado que el espíritu de impureza ya salió con la ablución inicial, esta vez no es necesario verter agua tres veces intercaladamente y se recita la bendición antes de secarlas. Una persona que no necesita evacuar por la mañana, recitará la bendición inmediatamente después de la primera ablución (Shulján Aruj Oraj Jaím 6:2, Mishná Berurá 4:4).

A priori, es preferible recitar las bendiciones matinales lo más temprano posible e inmediatamente después de levantarse, y paso seguido rezar la Amidá. Esto obedece a que es correcto alabar al Creador mediante las bendiciones matinales en el mero inicio de la jornada y además es procedente rezar la Amidá antes de comenzar con otras ocupaciones (ver adelante 8:4). Además, es bueno no interrumpir la secuencia entre el lavado de manos matinal con su bendición «al netilat iadaim» y nuestro rezo ya, que hay juristas que sostienen que la ablución tiene como propósito preparar a la persona para su plegaria (Rosh). Aquella mujer que no acostumbra rezar por la mañana por causa del trajín de las labores domésticas, debe hacer el esfuerzo e intentar, al menos, recitar las bendiciones matinales inmediatamente después que se levantó y lavó sus manos. De esta manera la ablución sirve de preparación para el recitado de éstas.

En el caso de una mujer que se levanta antes de que despunte el alba, deberá lavar sus manos y recitar la bendición «al netilat iadaim» y luego todas las bendiciones matinales. Esto a condición de que la mujer en cuestión se levantara pasada la medianoche, sin embargo, si lo hizo antes de esta hora no podrá recitar las bendiciones matinales, y por lo tanto tampoco la bendición por el lavado de manos. En este caso se debe esperar a que pase la medianoche y cuando vaya al baño y evacúe deberá lavar sus manos y recitar la bendición correspondiente y luego todas las demás bendiciones matinales.

03. El espíritu de impureza en nuestros días.

Según el libro del Zohar y los sabios de la Kabalá, es necesario lavarse las manos junto al sitio donde se durmió para no prolongar la permanencia del espíritu de impureza sobre nuestras manos. Asimismo hay que tener la precaución de no caminar  más de cuatro codos antes de la ablución matinal de manos, razón por la cual es necesario preparar agua antes de ir a dormir y colocarla junto a la cama, para así hacerlo inmediatamente después de levantarse (Shaarei Teshuvá 1:2). Hay quienes fueron de una posición más flexible en este respecto, ya que piensan que todo el hogar de la persona debe ser considerado como una distancia de cuatro codos, y mientras la persona no salga y se aleje de su casa más que esta distancia para lavarse las manos, no se lo considera como quien demora la permanencia del espíritu de impureza sobre éstas (Responsa Shevut Yaakov 3:1).

Hay otros juristas que son de la opinión de que este tipo de espíritu de impureza desapareció ya del mundo. Los autores de las «Tosafot» (al Tratado de Yomá  77(B)) mencionaron una idea según la cual ese tipo de espíritu de impureza no reposa en los países de Europa Central y Occidental (Ashkenaz). El autor del libro Lejem Mishné escribió que se entiende de lo escrito por el Rambám que este último no le temía al espíritu de impureza mencionado en el Talmud (Shvitat Heasor 3:2). El Maharshal, que vivió hace unos cuatrocientos años y fue uno de los mayores juristas europeos ashkenazíes de la época, escribió que el espíritu de impureza no está presente en estos días (Iam shel Shelomó Julín 8:31). Otro tanto escribieron otros juristas.

Aparentemente, la diferencia entre las generaciones radica en que antiguamente el poder mental y/o emocional, espiritual y místico era más intenso y notorio. Esto se refleja, por una parte, en la capacidad de alcanzar logros importantes y  significativos en el ámbito espiritual como es el caso de la profecía; y por otra parte se refleja también en la aparición de impureza, brujerías e idolatría. A lo largo del tiempo la fuerza intelectual se hizo preponderante en el hombre a cuenta de lo espiritual de modo tal que junto con la suspensión de la profecía, las fuerzas de la impureza también se debilitaron y desaparecieron y en su lugar surgieron ideas falsas e incorrectas.

Hay una tradición sorprendente vinculada al Duque  (Graf) Pototzki, el hijo de una familia de nobles polacos que decidió convertirse al judaísmo. Dado que esto estaba prohibido en esos días, se convirtió en secreto y se dedicó al estudio de la Torá. Al final, los cristianos lo encontraron y le dieron dos opciones: volver al cristianismo o morir en la hoguera. El justo prosélito eligió morir en la hoguera y consagrar el Nombre Divino públicamente. Según el Gaón de Vilna, en ese preciso momento, el espíritu de impureza perdió de su poder en el mundo y esto se refleja fundamentalmente en el que impera durante las mañanas. Por lo tanto, los alumnos del Gaón de Vilna no ponen cuidado en no caminar más de cuatro codos antes de lavarse las manos.

En la práctica, según el Rabino Jaim David Azulay, la Mishná Berurá (1:2) y el Ben Ish Jai, hay que poner atención en no caminar más de cuatro codos sin lavarse las manos por la mañana al levantarse. Por otra parte, existen juristas que son más flexibles en esta cuestión, tanto sea porque cada casa es considerada dentro del área de cuatro codos o porque hoy en día el espíritu de impureza desapareció (ver Beur Halajá 4:1, Otzrot Iosef 2), siendo esta la práctica más extendida. Empero, también quienes opinan que hoy día no existe el espíritu de impureza, tienen el cuidado de cumplir todo lo que se menciona en el Talmud, esto es, lavan sus manos vertiendo el agua sobre cada mano tres veces intercaladamente no tocando ningún orificio facial antes de esto.

02. Espíritu de impureza.

Además de las razones ya mencionadas, nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 108(B)) que es menester cuidarse de no tocar la boca, nariz, ojos y oídos previo al lavado de manos, pues tras dormir, reposa sobre éstas un espíritu de impureza y éste puede afectar los órganos mencionados. Solamente una vez que las manos fueron lavadas vertiendo agua tres veces sobre cada una intercaladamente, este espíritu de impureza se retira y entonces ya no hay riesgo de tocar alguno de los orificios del rostro.

Y más allá de que la razón fundamental por la que nos lavamos las manos por la mañana es la de prepararnos y consagrarnos de cara al rezo de la mañana y el servicio a D´s de la nueva jornada, y por ello los sabios estipularon que se recite la bendición «al netilat iadaim«. Amén de esto, también tomamos precaución del espíritu de impureza que reposa en nuestras manos, razón por la cual las lavamos vertiendo agua tres veces en cada mano intercaladamente. Primeramente vertemos agua sobre la mano derecha y luego sobre la izquierda y así sucesivamente hasta completar tres veces.

Asimismo es importante tomar la precaución de no tocar los orificios o cavidades faciales tales como la boca, la nariz, los oídos y los ojos antes del lavado (Shulján Aruj Oraj Jaím 4:3-4, Mishná Berurá 13). Asimismo es menester cuidar de no tocar ningún alimento o bebida previo a la ablución de manos (Mishná Berurá 4:14).

La razón de este cuidado está explicada en la Kabalá (Zohar I 184:2). Según ésta, en la noche, al dormirse la persona y permanecer inmóvil o inactiva y carente de todo pensamiento y acción, es como si probase algo del sabor de la muerte y entonces reposa sobre él espíritu de impureza. Respecto de esto dijeron nuestros sabios en el Talmud Babilonio (Tratado de Berajot 57(B)) que el sueño es una sesentava parte de la muerte. Esto se debe a que la principal virtud del hombre es su capacidad de pensar, sentir y actuar en pos de la corrección del mundo. Al dormirse, cuando el abatimiento se expande por todo su cuerpo, el individuo pierde en cierta forma su imagen Divina, y por ende el espíritu de impureza reposa sobre él. Al despertarse y retornar a éste su conciencia, el espíritu de impureza se retira de todo su cuerpo y sólo permanece en la punta de los dedos de las manos. Mediante el lavado de manos  intercalado tres veces este espíritu de impureza se retira también de éstas. A los efectos de eliminarlo por completo es necesario anteponer la mano derecha que insinúa la cualidad de la generosidad (jesed). Por esta razón se toma la jarra primeramente con la mano derecha y para lavar primero esta mano es menester pasarla a la mano izquierda, y así se vierte el agua primero sobre la diestra y luego sobre la izquierda, y así intercalada y sucesivamente se vierte tres veces sobre cada mano (ver Kaf HaJaím 4:12).

Hay quienes entendieron que el mayor daño que el espíritu de impureza provoca tiene lugar sobre las cualidades espirituales de la persona y que por lo tanto, si se toca los oídos o los ojos antes de lavarse las manos por la mañana, se pueden ver afectadas la vista o la audición interiores y entonces en ese día en cuestión la persona puede estar «ciega» o «sorda» en temas espirituales. Asimismo si toca su boca  o su nariz afectará el potencial espiritual de su ingestión de alimentos o su olfato (Kaf HaJaím 4:19 según Solet Belulá).

01. Lavado de manos matinal.

Nuestros sabios establecieron que nos lavemos las manos cada mañana y acto seguido recitemos la bendición: «que nos consagraste con Tus preceptos y nos ordenaste lo concerniente al lavado de manos» («al netilat iadaim«).

Mediante sus manos  el hombre suele actuar en el mundo; a través de éstas toma y entrega, negocia y mercadea, hace uso de sus utensilios y se ocupa de su cuerpo. Por una parte, son órganos de una enorme utilidad pero al mismo tiempo, al ocuparse de todos los quehaceres de este mundo tienden también a ensuciarse y contaminarse. Por lo tanto cuando es necesario apartarse un poco de las cuestiones mundanas para dedicarse a la santidad, lavamos nuestras manos. Esa es la intención básica del lavado o ablución de manos en general, y el de la mañana en particular.

Los sabios medievales (rishonim) debatieron respecto de cuál es la intención particular del lavado matinal.

Según el Rosh, por cuanto que las manos son sumamente activas, es probable que durante la noche hayan tocado partes del cuerpo que normalmente van cubiertas, y entonces el lavado fue establecido por nuestros sabios para purificarlas de caras al rezo de Shajarit.

Según el Rashbá, cada mañana la persona es como una nueva creatura, tal como reza el versículo (Eijá-Lamentaciones 3:23): «Se renuevan cada mañana. ¡Muy grande es Su Fidelidad!». Una persona se va a dormir cansada y entrega su alma al Creador y por la mañana se levanta con renovadas fuerzas. Esta nueva creatura debe ser santificada y consagrada al servicio Divino mediante la ablución matinal de manos.

En otras palabras, según el Rosh el lavado de manos de Shajarit es una preparación para el rezo, mientras que para el Rashbá se trata de una consagración o preparación previa al servicio de D´s de toda la jornada por venir.

Los juristas debatieron respecto de qué ocurre en el caso de quien estuvo despierto toda la noche. Hay quienes piensan que dado que no durmió, no aplica para él el recitado de la bendición matinal instituida por los sabios, por lo que se ha de lavar previo al rezo mas sin bendecir, siendo esta la tradición sefaradí (Shulján Aruj 4:13). Por otra parte, hay quienes dicen que por el mero hecho de haberse renovado el día corresponde lavarse las manos con recitado de bendición. Pero aquellos quienes consideran que sólo se debe bendecir por la higiene de las manos previo al servicio religioso (Rosh), es bueno hacer sus necesidades antes del rezo lo cual le implicará tocar partes cubiertas del cuerpo, y de esa manera se podrá lavar las manos y recitar la bendición. Esta es la costumbre de los ashkenazíes. (Mishná Berurá 4:30, ver adelante 6:7, 7:7 en las reglas relativas a las bendiciones matinales y las de agradecimiento por el recibimiento de la Torá).

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