02. Las mujeres y el precepto del estudio de la Torá.

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Existe una diferencia fundamental entre el estudio de Torá de los hombres y el de las mujeres. El precepto que recae sobre los hombres es el del estudio en sí,  mientras que el que recae sobre las mujeres es el deber del conocimiento de los preceptos de la Torá para vivir según ésta. Por lo tanto, una mujer que tuvo el mérito de aprender todas las halajot prácticas y todos los principios generales de la fe y la moral judías en un nivel suficiente como para poder encaminar todos los aspectos de su vida, no tiene más el deber de continuar estudiando.  Empero el hombre que estudió toda la Torá, aunque la sepa de memoria tiene el deber de continuar profundizando.

El estudio de la Torá consta de dos partes, una es conocer las directivas de la Torá tanto en la parte práctica como doctrinaria para poder llevar una vida plena, y este es deber de ambos sexos. La segunda parte es la que tiende más al estudio teórico, lógico e investigativo que es deber de los hombres y no de las mujeres. Por esta razón existen dos tipos diferentes de programas de estudio. El que está destinado a las mujeres, enfatiza el conocimiento de los fundamentos de la fe, la moral y la halajá mientras que en el destinado a los hombres, amén del estudio de las halajot, la fe y la moral judías  se hace hincapié en el estudio de la Guemará (Talmud) y sus comentaristas.

Por supuesto que aquellas mujeres que así lo deseen pueden además estudiar el Talmud analíticamente a condición de que antes aprendan bien los fundamentos de la fe, la moral y la halajá que es su deber dominar. Esto se aplica especialmente a aquellas mujeres que destacan por sus cualidades intelectuales; estas deben primero profundizar en la interiorización de los fundamentos de la fe y la halajá antes de embarcarse en el estudio talmúdico analítico a los efectos de que su temor a D´s anteceda a su sabiduría.

En el caso del resto de las mujeres que carecen de un deseo específico de profundizar en el estudio de la Torá, la directiva general de nuestros sabios, de bendita memoria, es que no se sumerjan en el estudio lógico y analítico (pilpul)  sino que estudien de forma clara resúmenes de halajot prácticas y sus fundamentaciones, así como principios de fe y moral judías.

Hubo generaciones en las que a las mujeres les era suficiente estudiar las halajot básicas vinculadas al hogar  y la familia, así como un poco de moral. Este tipo de estudio era suficiente para plasmar en sus almas la identificación  y entrega suficientes como para perpetuar la Torá y tener una vida judía. Sin embargo, en las últimas generaciones, con la aparición de la cultura del ocio, el desarrollo de la ilustración general y la inserción profesional  de las mujeres en diferentes ámbitos y especializaciones, es claro que éstas necesitan estudiar mucha más Torá que en el pasado. Efectivamente, de acuerdo con las directivas de los grandes sabios de las últimas generaciones, se establecieron institutos de educación y estudio de Torá especiales para jovencitas y señoras. Un ejemplo emblemático de esta tendencia es la red de colegios “Beit Yaakov” establecida en Polonia por la Señora Sara Shnirer bajo los auspicios y el apoyo de los grandes rabinos de  Polonia de la época.

Este cambio no deroga la diferencia halájica básica entre los hombres quienes están preceptuados de estudiar la Torá también en su faceta analítica y las mujeres que no lo están. Nuestro maestro el Rav Kuk explica que mediante la diferencia entre el deber masculino y el femenino se conforma una armonía entre el intelectualismo analítico y el sentimiento vivo, natural y espontáneo que unifica y da sostén a la Torá en la vida real (ver en comentario Ein Aiá al Tratado de Berajot cap. 7:46).

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