02. Espíritu de impureza.

Además de las razones ya mencionadas, nuestros sabios dijeron (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 108(B)) que es menester cuidarse de no tocar la boca, nariz, ojos y oídos previo al lavado de manos, pues tras dormir, reposa sobre éstas un espíritu de impureza y éste puede afectar los órganos mencionados. Solamente una vez que las manos fueron lavadas vertiendo agua tres veces sobre cada una intercaladamente, este espíritu de impureza se retira y entonces ya no hay riesgo de tocar alguno de los orificios del rostro.

Y más allá de que la razón fundamental por la que nos lavamos las manos por la mañana es la de prepararnos y consagrarnos de cara al rezo de la mañana y el servicio a D´s de la nueva jornada, y por ello los sabios estipularon que se recite la bendición «al netilat iadaim«. Amén de esto, también tomamos precaución del espíritu de impureza que reposa en nuestras manos, razón por la cual las lavamos vertiendo agua tres veces en cada mano intercaladamente. Primeramente vertemos agua sobre la mano derecha y luego sobre la izquierda y así sucesivamente hasta completar tres veces.

Asimismo es importante tomar la precaución de no tocar los orificios o cavidades faciales tales como la boca, la nariz, los oídos y los ojos antes del lavado (Shulján Aruj Oraj Jaím 4:3-4, Mishná Berurá 13). Asimismo es menester cuidar de no tocar ningún alimento o bebida previo a la ablución de manos (Mishná Berurá 4:14).

La razón de este cuidado está explicada en la Kabalá (Zohar I 184:2). Según ésta, en la noche, al dormirse la persona y permanecer inmóvil o inactiva y carente de todo pensamiento y acción, es como si probase algo del sabor de la muerte y entonces reposa sobre él espíritu de impureza. Respecto de esto dijeron nuestros sabios en el Talmud Babilonio (Tratado de Berajot 57(B)) que el sueño es una sesentava parte de la muerte. Esto se debe a que la principal virtud del hombre es su capacidad de pensar, sentir y actuar en pos de la corrección del mundo. Al dormirse, cuando el abatimiento se expande por todo su cuerpo, el individuo pierde en cierta forma su imagen Divina, y por ende el espíritu de impureza reposa sobre él. Al despertarse y retornar a éste su conciencia, el espíritu de impureza se retira de todo su cuerpo y sólo permanece en la punta de los dedos de las manos. Mediante el lavado de manos  intercalado tres veces este espíritu de impureza se retira también de éstas. A los efectos de eliminarlo por completo es necesario anteponer la mano derecha que insinúa la cualidad de la generosidad (jesed). Por esta razón se toma la jarra primeramente con la mano derecha y para lavar primero esta mano es menester pasarla a la mano izquierda, y así se vierte el agua primero sobre la diestra y luego sobre la izquierda, y así intercalada y sucesivamente se vierte tres veces sobre cada mano (ver Kaf HaJaím 4:12).

Hay quienes entendieron que el mayor daño que el espíritu de impureza provoca tiene lugar sobre las cualidades espirituales de la persona y que por lo tanto, si se toca los oídos o los ojos antes de lavarse las manos por la mañana, se pueden ver afectadas la vista o la audición interiores y entonces en ese día en cuestión la persona puede estar «ciega» o «sorda» en temas espirituales. Asimismo si toca su boca  o su nariz afectará el potencial espiritual de su ingestión de alimentos o su olfato (Kaf HaJaím 4:19 según Solet Belulá).

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