10 – La «Avodá» –la labor sagrada- en el Templo en Yom Kipur

01 – El «Kodesh HaKodashim» (Santo Sanctórum) en  Yom Kipur.

El Templo de Jerusalém es el sitio en el cual se revelan los Principios Divinos y de allí se difunden por el mundo entero. En la sala que recibe el nombre de «Kodesh» (santo) se encuentra la menorá o candelabro que expresa la sabiduría, la mesa de ofrenda de los panes expresa el sustento económico y el altar de incienso que expresa la plegaria y el deseo por la cercanía a Hashem. En la sala que recibe el nombre de «Kodesh HaKodashim» (Santo Sanctórum) se revela el fundamento de la fe y la Torá. Allí, iluminan la divinidad de la Torá y la santidad de la generalidad del pueblo de Israel («Kneset Israel»), y mediante ambas luminosidades el Eterno vivifica al mundo en su totalidad. Por esta razón, el «Kodesh HaKodashim» es el sitio del Arca del Pacto que contiene las Tablas de la Ley y el rollo de la Torá que recibió Moshé en el Monte Sinaí. El Arca está cubierta por una tapa («kaporet») de oro. Sobre esta se encuentran los dos querubines que expresan el vínculo de amor así como también el pacto que existe entre el Creador y el pueblo de Israel. El «Kodesh HaKodashim» estaba ubicado sobre la piedra fundamental («even hashtiá») sobre la cual, dijeron nuestros sabios, se fundó o apoyó el mundo al momento de ser creado (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 54(B)). Había una cortina que separaba el «Kodesh» del «Kodesh HaKodashim» a los efectos de diferenciar los niveles de santidad entre ambos recintos. La santidad del «Kodesh» se deriva de la del «Kodesh HaKodashim», y de no haber división entre ambas salas la luminosidad del segundo se elevaría a las dimensiones celestiales sin poder irradiar su luz y su bendición al mundo.

Si bien ninguna persona tiene permitido ingresar al «Kodesh HaKodashim», mediante la revelación de la luz de la Divina Presencia los hijos de Israel y toda la humanidad pueden retornar a Hashem, corregir sus trasgresiones y rezar al Creador por medio del sagrado Templo, tal como explicó el rey Shelomó en su discurso inaugural del primer Santuario (ver Libro Primero de Reyes capítulo 8).

Incluso después de la destrucción y el exilio, la impresión que dejó la Divina Presencia en el Kodesh Hakodashim no se aparte. Mediante el deseo y el anhelo del pueblo de Israel de que la Divinidad se propague sobre la tierra, se le asegura que será redimido y Su Nombre se consagrará sobre Su pueblo, sobre Su ciudad Jerusalém, sobre Sión el recinto de Su morada, sobre el reino de Su ungido David, así como sobre Su recinto sagrado. Entonces, reinará solamente Hashem sobre toda Sus creaturas.

El sitio del Kodesh HaKodashim es de suprema santidad de modo que ninguna persona tiene permiso de acceder a él. Todo aquel que ingresa es pasible de castigo de muerte a manos del Cielo, tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 16:2-3): «Habla a Aharón tu hermano para que no entre en todo momento al Santuario, más allá del velo, delante del propiciatorio que está sobre el Arca, para que no muera; ya que por medio de la nube Yo me revelaré sobre el propiciatorio». Solamente en el día de Kipur que es solemne y sagrado, el Sumo Sacerdote o «Cohen Gadol» ingresaba al «Kodesh HaKodashim» en medio de una nube de incienso en representación de todo el pueblo de Israel, para cumplir con la labor sacra del día, tal como está escrito «Con esto habrá de entrar Aharón al Santuario…». El Cohen Gadol tenía que entrar cuatro veces al Kodesh HaKodashim en Yom Kipur y si ingresaba una quinta vez, a pesar de tratarse  del Sumo Sacerdote y del día del Perdón, era pasible de pena de muerte a manos del Cielo (Rambám Biat Mikdash 2:4).

02 – ¿Cómo opera  la Justicia  Divina  según la «unificación superior» y «la unificación inferior»?

La Divinidad opera en la creación en dos niveles: uno de acuerdo a la «unificación inferior» y otra de acuerdo a la «unificación superior» (ver arriba 7:12, 6:4). La Justicia Divina se administra de modo abierto conforme a las leyes de recompensa y castigo que dispuso Hashem en la creación, y tanto la naturaleza como el ámbito espiritual se rigen por sus principios.  Así como quien es negligente en cuanto a sus cuestiones económicas se empobrece, quien se deja arrastrar por su inclinación al mal es castigado en este mundo y en el venidero. De acuerdo a estas leyes, el ser humano aparenta ser incorregible pues tiende a ir en pos de su inclinación al mal, y aunque haya algunos justos, uno ve que tanto el liderazgo social como el poder político están en manos de personas ambiciosas que van tras sus deseos y pasiones. Por ello, no se percibe posibilidad alguna de que el mundo se redima de sus padecimientos y de evitar que la muerte que acaba con las creaturas también ponga fin al mundo.

Sin embargo, existe una Providencia Superior oculta y es la basada en la conducción de la Unidad. Según esta, Hashem es el causante de todos los acontecimientos del mundo y les encamina a un buen fin, de modo tal, que las malas acciones y pérfidos planes de los malvados y gobernantes, llevan a fin de cuentas a resultados positivos. Esta Providencia especial existe en mérito de los hijos de Israel que están unidos a D´s en un pacto eterno y su profundo deseo interior profundo es la reparación del mundo. En virtud de esta Providencia, tanto la Torá como los profetas nos dicen que la redención está asegurada. Empero, por cuanto que esta Providencia oculta, producto de la unificación, se manifiesta mediante la administración de la Justicia Divina, la manera en que la redención habrá de llegar dependerá de la elección que el pueblo de Israel decida. Si los judíos eligen el bien la redención llegará rápida y placenteramente y, si D´s no lo quiera, eligen el mal, esta llegará tarde y mediante duros y conmovedores padecimientos.

La Providencia Superior, basada en la unificación, es oculta y se revela en el «Kodesh Hakodashim», en un sitio que está por encima del espacio terrenal y cuya existencia en este mundo material es milagrosa. Por esta razón, las personas tienen prohibido ingresar en él. Además, el mero intento de irrumpir en él conlleva peligro, ya que quien toma contacto con este excelso nivel puede llegar a pensar que, como de todas maneras, a final de cuentas, todo ocurre para bien, no hay pues necesidad de esforzarse y elegir el bien y superar la inclinación al mal. Entonces, el contacto con la luz superior del «Kodesh Hakodashim» le servirá de excusa para ir tras sus instintos so pretexto de que todo es para bien y en aras de la Gloria Celestial.

Solamente el pueblo de Israel como un todo, es capaz de conectarse a la Providencia basada en la unificación pues ella se manifiesta sólo mediante esta nación, de modo tal que cada desgracia y padecimiento le sirve para crecer y revelar nuevos fundamentos de la Torá. Sin embargo, esto también es una cuestión oculta que se manifiesta únicamente con el correr de las generaciones. Es por ello, que solamente en el día solemne y sagrado en el cual los judíos cesan de sus labores y se apartan de las cuestiones mundanas, no comen ni beben, no se lavan ni aplican ungüentos, no calzan zapatos buenos ni cohabitan, solo en un día así el Cohen Gadol o Sumo Sacerdote puede elevarse e ingresar al Kodesh HaKodashim en representación de todo el pueblo de Israel, para atraer de allí la pureza y la expiación para toda la congregación y depurarla de su impureza exterior. Mediante esta acción, cada individuo puede retornar en completa teshuvá y retractarse de todas sus malas acciones para que así toda la nación pueda tener un buen año y el mundo avance hacia su redención final.

Desde que el Templo de Jerusalem fue destruido, todos estos procesos se cumplen de modo restringido mediante la santidad del día, el ayuno y las  plegarias.

03 – El «Cohen Hagadol»  (Sumo Sacerdote).

La función de los cohanim es conectar al pueblo de Israel con su Padre Celestial mediante el ejercicio de las labores del Santuario, la profundización de la fe y la generosidad en el pueblo de Israel así como también mediante la impartición de halajá. A los efectos de que no precisen trabajar para obtener su sustento y puedan dedicarse completamente a su labor, la Torá ordenó que se les concedan ofrendas y demás presentes que corresponden al sacerdocio. A los efectos de preservar su pureza, se les advirtió  a los cohanim que no se impurifiquen con muertos que no son familia en primer grado. Además, se les advirtió que no se casen con una mujer divorciada o una hija resultante de una unión matrimonial prohibida para un cohen. Asimismo, es preceptivo nombrar como Sumo Sacerdote o Cohen Gadol al más encumbrado de los cohanim, y las reglas que sobre este se aplican son aún más estrictas por cuanto que no puede impurificarse ni estar de duelo por muerto alguno, aunque se trate de sus propios padre o madre y puede desposar únicamente una mujer virgen. Se lo nombra mediante la unción con el aceite específico de la asunción del cargo y mediante la investidura de los ocho ropajes correspondientes, tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 21:10-12): «Y el cohen, el que fuere promovido por sobre sus hermanos, sobre cuya cabeza se habrá de verter el óleo de unción y que fuere investido para portar los ropajes, su cabellera no dejará crecer ni su ropa podrá rasgar. Y hasta ninguna persona muerta habrá de allegarse. Por su padre y por su madre no habrá de impurificarse. Y del Santuario no habrá de salir, y no habrá de profanar el Santuario de su D´s, ya que corona –el óleo de unción de su D´s está sobre él, Yo soy su D´s»

El Gran Tribunal de setenta y un ancianos debía decidir el nombramiento del Cohen Gadol (Rambám Hiljot Klei Hamikdash Vehaovdim Bo 4:12-15).

A diferencia de los demás cohanim que vestían únicamente cuatro ropajes durante la labor en el Santuario, el Cohen Gadol debía agregar otros cuatro con lo cual sumaba ocho. Si le faltaba un solo ropaje su labor quedaba sin efecto. Cada uno de los ropajes sacerdotales expresaba una idea particular y ayudaba a expiar un tipo de trasgresión que se corresponde con dicha idea. Tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Arajín 16(A)): «La túnica («kutonet») expía el derramamiento de sangre, los pantalones expían las relaciones incestuosas, el turbante («mitznefet») expía por los soberbios, el cinturón («avnet») por los malos pensamientos, el pectoral expía por los rigores («dinim»), el chaleco («efod») por la idolatría, la capa («meil») expía por las habladurías en público y la corona («tzitz») expía por las acciones de los despiadados»

El Cohen Gadol debe ser el más pío de los cohanim, seguidor de Aharón Hacohen que «ama la paz y la persigue, ama a las creaturas y las acerca a la Torá» (Mishná Avot 1:12). A los efectos de expresar el apego a D´s, el Cohen Gadol llevaba grabado en la corona sobre su frente las palabras «Kodesh LaHashem» o sea, consagrado a D´s. Para expresar su amor y responsabilidad por la generalidad del pueblo de Israel, llevaba grabados los nombres de los patriarcas y de las doce tribus en las gemas del pectoral sobre su corazón, y sobre las cadenas que lo amarran a sus hombros habían dos piedras preciosas que llevaban grabados los nombres de todas las tribus (Rambám allí 9:1, 9:7-9). El Cohen Gadol precisa ser selecto entre sus hermanos tanto en fuerza como sabiduría, belleza y riqueza. Si detentaba todas esas virtudes menos la de la riqueza, todos los demás cohanim aportaban de su patrimonio para que así alcance la completitud de las virtudes (Talmud Babilonio Tratado de Yomá19(A)).

Si se designaba como Cohen Gadol a quien no era suficientemente pío y no contaba con las virtudes antes mencionadas, a posteriori, igualmente, podía ejercer y toda la normativa del cargo recaía sobre él. Sin embargo, es claro que cuanto más justo fuese el Cohen Gadol mejor se desempeñaría en su rol de acercar al pueblo de Israel a su Padre Celestial.

Dijeron nuestros sabios (ídem 9(A)) que en los cuatrocientos diez años de existencia del primer Templo ejercieron dieciocho sumo sacerdotes, la mayoría de los cuales fueron justos por lo que fueron bendecidos con longevidad. Sin embargo, durante los cuatrocientos veinte años del segundo Templo ejercieron más de trescientos sumo sacerdotes, de los cuales únicamente tres fueron justos y fungieron largos años y casi todos los demás no lo fueron, compraban el puesto con dinero, no alcanzaban a completar un año de ejercicio y morían. Sobre esto está escrito (Proverbios 10:27): «El temor del Eterno prolonga los días pero los años del impío son acortados».

En virtud de las inconductas de los sumo sacerdotes, en días del segundo Templo se dañaron la pureza y la expiación del pueblo de Israel en el día de Kipur, hasta que al final fue destruido y la nación salió al largo exilio.

04 – El Cohen Gadol en Yom Kipur.

Durante todo el año, todos los cohanim eran aptos para ofrendar sacrificios, quemar incienso y preparar las velas de la menorá para su encendido; empero en Yom Kipur, en virtud de la santidad del día, sólo el Cohen Gadol era apto para realizar estas labores (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 32(B), Rambám Avodat Yom Hakipurim 1:2).

Los sacrificios que ofrendaba el Cohen Gadol en Yom Kipur se dividían en tres círculos. El primero era el «korbán Tamid» o sacrificio permanente que se ofrendaba todos los días del año y se trata de dos ovejas, una se ofrendaba por la mañana y la otra al atardecer tras concluir con todos los sacrificios. Este círculo incluye a su vez los inciensos que se quemaban sobre el altar de oro dos veces al día, de mañana y al atardecer, así como la preparación de las velas de la menorá y su encendido. En el segundo círculo se encuentran las ofrendas de Musaf, similares a las que sacrificaban en Rosh Jodesh (novilunio) y fiestas de la Torá, y que en Yom Kipur consistían en un buey, un carnero, siete ovejas para ofrenda de «olá» y un chivo para ofrenda de «jatat». El tercer círculo de ofrendas consistía en aquellas que eran específicas de Yom Kipur: un buey para ofrenda de «jatát» destinado a la expiación del Cohen Gadol y sus hermanos los demás cohanim junto a un carnero para ofrenda de «olá» (los cuales adquiría el Cohen Gadol de su propio dinero). Además, se tomaban dos chivos para expiar por el pueblo de Israel, uno era ofrendado como «jatát» y el otro era  arrojado al desierto.

El Sumo Sacerdote debía estar casado cuando llevaba a cabo la labor de Yom Kipur, tal como está escrito (Vaikrá 16:6): «y hará expiación por sí y por su hogar – su hogar es su mujer» (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 13(A)). Si bien antes de Yom Kipur el Cohen Gadol debía apartarse de su esposa por siete días a los efectos de santificarse y purificarse de cara a la labor del gran día, de todas maneras podía hacerlo únicamente a condición de que tuviese  mujer, ya que todo aquel que no está casado no se le considera «Adam» o persona íntegra (ídem Yevamot 63(A)), carece de alegría, bendición, bien, Torá, sabiduría y paz (ídem 62(B)). Existe otra halajá que indica que debía estar casado con una sola mujer, y si tuviese dos no era apto para el servicio de Yom Kipur (ídem Yomá 13(A)) pues solamente cuando se tiene una esposa, el amor y la unidad entre ambos pueden ser íntegros. En la medida en que  el Cohen Gadol fuera íntegro podía unir a todo el pueblo de Israel con su Padre Celestial.

Al Cohen Gadol se le adjuntaba otro cohen para que pueda reemplazarlo en caso de que el primero se impurifique o muera (ídem 2(A), Rambám Hijlot Avodat Yom Hakipurim 1:2-3, Klei Hamikdash Vehaovdim Bó 5:10).

05 – Los ropajes del Cohen Gadol (Sumo Sacerdote) en Yom Kipur.

Los sacrificios de Tamid (permanentes) y de Musaf (suplementarios) los ofrendaba el Cohen Gadol vestido con sus ocho ropajes habituales, tal como en los días comunes y los festivos. Por lo tanto, en esas ocasiones vestía: túnica («kutonet»), pantalones, turbante y cinturón, pectoral («joshen»), chaleco (efod), capa («meil») y corona («tzitz»). La túnica, los pantalones y el turbante eran de color blanco, y el resto de las prendas eran de diferentes colores y en algunas se mezclaba con hilo dorado. En cada uno de los hilos del chaleco y del pectoral que eran de color celeste, púrpura (bordó), carmesí (naranja), lino (blanco) estaba también enhebrado un hilo de oro (Shemot-Éxodo 28:6 y Rashí allí). Las campanillas de la capa, al igual que la corona sobre la frente, las cadenas y los anillos del pectoral y del chaleco eran de oro. Las gemas del pectoral estaban engarzadas con oro (Shemot cap. 28). De esa manera los ropajes del Cohen Gadol contaban con una riqueza de matices cromáticos esplendorosos que expresaban la expansión de la santidad en el mundo en todos sus aspectos. Cada prenda expresaba una idea particular y expiaba por el pecado asociado a ese principio (arriba inciso 3). Por lo tanto, si al Cohen Gadol le faltaba aunque sólo fuese un ropaje, su labor quedaba sin efecto pues la integridad de su presencia se veía alterada.

Sin embargo, las labores que el Cohen Gadol debía realizar en el Día de Yom HaKipurim ingresando en el Kodesh HaKodashim requerían que vistiera únicamente cuatro vestiduras, tal como está escrito (Vaikrá 16:3-4): «Con esto vendrá Aharón al santuario… vestirá únicamente la túnica sagrada de lino, y se pondrá sobre sus carnes un pantalón de lino, se ceñirá un cinturón de lino y se cubrirá la cabeza con un turbante de lino. Son vestidos sagrados». Si confeccionaba sus vestimentas con hilo dorado su labor quedaba sin efecto. Esto obedece a que en la labor sagrada de Yom Kipur, el Cohen Gadol debía elevarse completamente por encima de las cuestiones mundanales. Si bien la variedad de matices en este mundo es positiva, esta se ve acompañada de carencias y pecados, y para poder expiarlos era  menester que el Cohen Gadol se elevase al grado de la unicidad simple que se encuentra allende de la multiplicidad de matices en este mundo y se insinuaba en el color blanco (Maharal de Praga Gvurot Hashem cap. 51, Netiv Hatorá cap. 10).

Respecto de esto dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 26(A)): «¿Por qué el Cohen Gadol no ingresaba con indumentaria de oro al Kodesh HaKodashim para realizar su labor? Porque el fiscal -´el acusador´- no se transforma en defensor». El oro es el más esplendoroso de los metales y por ello los artefactos del Templo fueron hechos con él, a los efectos de revelar el esplendor de la santidad en este mundo. Sin embargo, conjuntamente con su esplendor, el oro es el causante del pecado de la persecución desmedida de la fortuna y los placeres. Por esta razón, nos recuerda también el pecado del becerro de oro del cual dijeron nuestros sabios que fue ocasionado por la abundancia de oro y tesoros que se llevaron nuestros antepasados de la tierra de Egipto, la cual los hizo ir en pos de un ídolo material y adorarle (ídem Tratado de Berajot 32(A)). Por ello, cuando el Cohen Hagadol ingresaba al Kodesh Kodashim para purificar la integridad de la fe a causa de las impurezas que se le adhirieron, debía hacerlo quitándose sus ropajes de oro y vistiendo de blanco.

06 – Las inmersiones y las abluciones de pies y manos.

Es precepto de la Torá que el Cohen que ingresa al Templo para realizar sus  labores, aunque se encuentre en estado de pureza, debe abluir sus pies y sus manos. Los sabios agregaron que debe también tomar un baño ritual sumergiendo todo su cuerpo en la Mikvé (según la opinión de Rabí Iehudá en el Tratado de Yomá 30(A), Rambám Hiljot Avodat Yom Hakipurim 2:3). Todo el tiempo que el cohen sigue trabajando en el Templo no precisa abluir sus manos o pies nuevamente o sumergirse en la «Mikvé». Si tuvo que hacer sus necesidades fisiológicas pequeñas (orinar) debe volver a abluir sus manos y pies, mas, si tuvo que hacer sus necesidades fisiológicas mayores (defecar) o si salió del patio del Templo (azará) por un periodo importante, debe volver a sumergirse en la Mikvé amén de abluir sus manos y pies (Rambám Hiljot Biat Mikdash 5:3-5).

La inmersión se llevaba a cabo en la Mikvé contigua al patio del Templo, y la ablución de manos y pies se realizaba con agua que salía de las canillas del recipiente («kior») que se encontraba entre el edificio del Templo y el altar exterior.  El cohen colocaba su mano derecha sobre su pie derecho y los lavaba juntos, luego colocaba su mano izquierda sobre el pie izquierdo y los lavaba juntos. Un cohen que llevaba a cabo su labor sagrada sin haber purificado previamente sus manos y sus pies, era pasible de muerte a manos del cielo, tal como está escrito (Shemot 30:18-20): «Habrás de hacer una pila de cobre y su base de cobre, para ablución. Y la colocarás entre la Tienda de Reunión y el Altar, y pondrás allí agua. Y purificarán Aharón y sus hijos con agua de la pila, sus manos y sus pies. Al entrar ellos a la Tienda de Reunión se purificarán con agua para que no hayan de morir. O al acercarse ellos al Altar, para servir, para hacer consumir sacrificio ante HaShem»

En Yom Kipur, además de la inmersión y la ablución de manos y pies, previo a la labor sacra, el Cohen Gadol debía realizar una inmersión cada vez que cambiaba sus vestimentas de oro para vestir las de color blanco, tal como está escrito (Vaikrá 16:4): «Son vestidos sagrados. Primeramente bañará su cuerpo en el agua y luego se pondrá aquellas vestiduras». Otro tanto debía hacer al cambiar su vestimenta blanca por la de oro, tal como está escrito (ídem 16:23-4): «Y entrará Aharón a la Tienda de Reunión y se quitará las vestiduras de lino que había vestido cuando entró al Santuario, y las dejará allí. Y hará una ablución de su cuerpo en el agua -en el lugar sacro- y se revestirá con sus ropajes…»

Además, es precepto de la Torá que el Cohen Gadol purifique sus manos y pies dos veces cada vez que cambia de ropas, una vez antes de desvestirse de sus vestiduras sacerdotales anteriores y otra después de haber vestido las nuevas. Es así que el Cohen Gadol en Yom Kipur realizaba cinco inmersiones y diez abluciones (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 32(A)). Todos los días del año el Cohen Gadol lavaba sus pies y sus manos en el «kior» al igual que los demás cohanim, empero en Yom Kipur, en virtud de su encumbrado status y a los efectos de evitar agobiarlo yendo reiteradamente al «kior»,  le traían el agua en un recipiente de oro y de este abluía sus manos y pies (ídem 43(B)).

La inmersión implica la purificación y la liberación de una situación anterior y el pasaje a un nuevo nivel. Las vestiduras blancas tenían la virtud de que permitían la elevación a un nivel superior y abstracto, mientras las vestiduras de oro tenían la virtud de permitir revelar la santidad en todos los matices de este mundo. A los efectos de poder obtener un nuevo nivel, pasaje que se manifiesta en el cambio de ropajes, el Cohen Gadol debía realizar una inmersión.

La ablución de manos y pies tiene por finalidad elevar y unificar todas las energías de los cohanim en pos de la sacra labor. La ablución se hace en las manos y los pies pues estos expresan la puesta en práctica de todas las capacidades humanas, las manos como forjadoras de labores y los pies como implantadores de estas realizaciones en el mundo. Esto está insinuado en los diez dedos que se corresponden con las diez frases mediante las cuales el Eterno creó el mundo, y el ser humano por haber sido creado a Imagen Divina participa con sus diez dedos de la reparación del mundo y su mejoramiento.

En Yom Kipur, el Cohen Gadol debía abluir sus manos y pies dos veces con cada cambio de vestiduras. Una vez antes de quitarse las prendas con las que había llevado a cabo las labores anteriores. La razón de este cambio obedece a que cuando el hombre tiene el mérito de poder llevar a cabo una labor espiritual especialmente elevadora, todas sus capacidades se ven fortalecidas en su interior, y la Iluminación Divina que recibe lo protege de las pasiones e instintos que se vieron también vigorizados y podrían desviarlo del buen camino. A los efectos de que estas pasiones no afecten a su persona, el Cohen Gadol debía abluir sus manos y pies antes de quitarse los ropajes y de esta manera sellaba de pureza las nuevas energías que se le habían revelado en su labor anterior. Luego, abluía sus manos y pies una segunda vez tras vestir los nuevos ropajes, para santificar sus fuerzas de cara a la nueva labor y para que no estén aun ligadas a la anterior (según Orot Hateshuvá 14:33)

07 – El incienso (Ketoret).

Contiguamente a los sacrificios permanentes que se ofrendaba a diario en el altar exterior, uno por la mañana y el otro al atardecer, los cohanim quemaban incienso en el altar interior en esos mismos horarios. La ofrenda permanente tiene por cometido expresar la conexión manifiesta entre el pueblo de Israel y Hashem. Por esta razón, la sangre de este sacrificio era esparcida y los órganos eran ofrendados en el altar exterior que era público y de esta manera unían a todas las creaturas -en su faz material y concreta- con el Todopoderoso. El incienso expresa la conexión interior y profunda entre el pueblo de Israel y Hashem, por ello se trata de una ofrenda espiritual y sutil que expresa la conexión de las almas a Hashem y se lleva a cabo en el altar interior del Templo.

La ofrenda de incienso estaba conformada por once ingredientes que eran molidos cuidadosamente hasta amalgamarlos por completo para que la mezcla huela bien. Esto insinúa que mediante la unión de todas las fuerzas del pueblo de Israel en pos de la meta sagrada, el mundo se ve reparado. Diez ingredientes poseía el incienso, que se corresponden con los diez niveles de santidad mediante los cuales el mundo fue creado. El onceavo ingrediente  es el olíbano cuyo aroma es desagradable y se corresponde con los aspectos negativos del universo. Sin embargo, una vez molido y mezclado con los otros diez ingredientes del incienso no sólo que este no se veía estropeado sino que su aroma era mejorado. Esto nos enseña que cuando las potencias del pueblo de Israel se unen en pos de un objetivo sagrado, se manifiesta la virtud interior de los judíos de mala conducta, e inclusive estos se suman y contribuyen al mejoramiento del mundo (ver Olat Hareaiá I pág. 136-138).

En Yom Kipur, le era agregado al Cohen Gadol un precepto especial y es el de quemar en nombre de todo el pueblo de Israel un puñado de incienso en el Kodesh HaKodashim. Sólo en virtud de este valioso precepto se le permitía ingresar al sagrado recinto, tal como está escrito (Vaikrá 16:2): «Dile a Aharón tu hermano que no entre en cualquier momento al santuario, detrás del velo, delante del propiciatorio que está sobre el Arca, para que no muera, por cuanto Yo apareceré en la nube sobre el propiciatorio».  Solamente después de ofrendar el incienso en el Kodesh Hakodashim, el Cohen Gadol podía traer la sangre del buey y la del chivo para esparcirlas frente a la tapa del Arca («kaporet») y así expiar por las ofrendas sagradas del pueblo de Israel.

A los efectos de comprender fehacientemente el significado de la nube de incienso, es necesario saber que la Revelación Divina al pueblo de Israel tiene lugar mediante una nube, tal como está escrito (Shemot 24:15-6): «Y el monte fue cubierto completamente por la nube. Cernióse así la gloria del Eterno sobre el monte Sinaí que quedó cubierto por la nube  durante seis días. Y llamó D´s a Moshé al séptimo día de entre la nube». La nube manifiesta la Revelación Divina Superior y excelsa que trasciende a la percepción humana, y desde la nube y la niebla el hombre puede percibir y comprender la cuestión Divina conforme a su nivel y su capacidad. Tras la finalización de la construcción del tabernáculo nos relata el texto (Shemot 40:34-5): «Y cubrió la nube la Tienda del Encuentro y la gloria del Eterno llenaba el tabernáculo. Y Moshé no pudo entrar en la Tienda del Encuentro al posarse sobre ella la nube pues la Gloria del Eterno llenaba el tabernáculo». Al comienzo, la revelación es superior y  excelsa al punto que ningún ser humano es capaz de estar ante esta. Únicamente después, la cuestión Divina se revela ante los cohanim desde la nube y la niebla, conforme a la capacidad de estos. Durante la construcción del Primer Templo vemos que «los cohanim trajeron el Arca del Pacto y lo colocaron en su sitio en el Santuario del Templo, en el lugar más sagrado bajo las alas de los querubines…y cuando los cohanim salieron del lugar santo la nube llenó la Casa del Eterno, de modo que estos no podían ministrar allí a causa de la nube, porque la Gloria de HaShem llenaba la Casa del Eterno» (Reyes I 8:6-11).

El incienso que quemaba el Cohen Gadol en Yom Kipur en el Kodesh HaKodashim expresaba la conexión de todo el pueblo de Israel para con la fe completa, -haEmuná haShleimá- originada en aquello que trasciende toda percepción, y el inicio de su revelación está oculto en el interior de la nube y desde la niebla comienza a clarificarse gradualmente, conforme a nuestra capacidad de captación. A partir de esta conciencia, el Cohen Gadol podía ingresar al Kodesh HaKodashim y expiar por el pueblo de Israel.

08 – El orden de la quema del incienso en Yom Kipur.

Este era el orden del cumplimiento del precepto: ingresaba al Kodesh HaKodashim con una pala que contenía brasas y una cuchara conteniendo  incienso, y allí echaba el incienso sobre las brasas y el humo que se elevaba se expandía por todo el recinto hasta que cubría la tapa del Arca del Testimonio. Tal como está escrito (Vaikrá 16:12-13): «Tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de ante HaShem, Y sus dos puños llenará de esencias en polvo para el incienso y lo traerá al interior del velo.Echará el incienso sobre el fuego ante HaShem, y cubrirá la nube de incienso el propiciatorio que está sobre el Arca del Testimonio, y no habrá de morir

Esto nos insinúa que ni siquiera el más sagrado de los hijos de Israel puede comprender la cuestión Divina tal como es, y solamente mediante el humo y la niebla la Divina Presencia puede reposar y la cuestión Divina se puede revelar. Por ello, el Cohen Gadol debía primeramente quemar incienso en el Kodesh Hakodashim y solamente después que este recinto se colmaba de humo podía cumplir con su deber (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 53(A)).

Dado que el incienso expresa la profunda conexión entre las almas del pueblo de Israel y Hashem, la pala con incienso permanece en el Kodesh Hakodashim hasta la conclusión de la labor del día y durante todo este tiempo el humo seguía emanando de ella. Al finalizar la labor sacra del día, el Cohen Gadol ingresaba al Kodesh Hakodashim en representación de todo el pueblo de Israel, se despedía, tomaba la pala y se retiraba.

La cantidad de incienso que era quemada en Yom Kipur equivalía a un puño lleno, ni más ni menos (ídem 48(A)), lo cual alude a que toda la intención y toda la acción del Cohen Gadol estaba destinada a la generalidad del pueblo de Israel. Nuestros sabios dijeron que tomar en la mano un puñado de incienso de la cuchara sin que se caiga partícula alguna al suelo, era de las acciones más difíciles de realizar en el Templo (ídem 49(B)). Esto insinúa que el Cohen Gadol debe esforzarse en unir todas las fuerzas del pueblo de Israel en el Kodesh Hakodashim, sin perder siquiera una chispa de estas.

El incienso que se quemaba a diario era molido intensamente a los efectos de que se transforme en fino polvo. El incienso que era quemado en Yom Kipur en el Kodesh Kodashim era molido nuevamente previo al sagrado día, para que sea aún más fino. La molienda expresa la unión de todas las partículas de incienso la una con la otra, y la mezcla a quemar en el Kodesh Hakodashim debía expresar una unión aún más fuerte.

09 – Los dos chivos y el buey.

En el orden de la expiación de Yom Kipur encontramos un hecho maravilloso. El buey y el chivo eran los únicos sacrificios que se ofrendaban en el año cuya sangre era esparcida en el Kodesh HaKodashim y expiaba por la impureza del Templo y sus asistentes. Es decir, por todo aquel que a pesar de saberse impuro ingresaba al área del Santuario o comía de las ofrendas. El buey expiaba por los cohanim y el chivo por el pueblo de Israel. Por otra parte, el chivo que era arrojado expiaba por todos los demás pecados. Cabe preguntarse, ¿cómo es posible que el buey y el chivo cuya sangre era esparcida en el Kodesh HaKodashim expiaban un solo pecado al tiempo que el chivo que era arrojado expiaba todas las demás trasgresiones?

Aquí estamos ante una idea muy profunda e importante. La raíz de todos los pecados reside en la falta de fe, en una falla en la relación entre la persona y su Creador que es la fuente de su vida. El Templo y sus ofrendas revelan la fe en la presencia de Hashem en el mundo por lo que la principal expiación radica en la reparación de la fe en su origen superior, en el Kodesh Hakodashim. Una vez que la fe es depurada de sus impurezas, todos los demás pecados se separan de la persona ya que esta vuelve a conectarse con Hashem y desea apegarse a la Torá y sus preceptos; entonces comprende que todas sus inacciones fueron fruto  del error y de tentaciones exteriores. Por esta razón, los pecados no le pertenecen y deben ser botados lejos, y por ello son arrojados al Azazel.

El chivo ofrendado a Hashem expiaba por el pueblo de Israel, empero los cohanim, que son los encargados de preservar el vínculo entre el pueblo de Israel y HaShem, necesitan de una expiación mayor, razón por la cual ofrendan un animal de mayor tamaño, un buey. En un principio, el Cohen Hagadol  tenía que expiar por sus pecados y por los de sus hermanos, los cohanim, por faltas de omisión u errores en el ejercicio de su labor sacerdotal. Recién después podía expiar por el pueblo de Israel, de las impurezas de su accionar en el Templo y de las ofrendas consagradas (como ya se explicó anteriormente n. de t.).

Tal como está escrito (Vaikrá 16:14-18): «Y de la sangre del buey tomará un poco que rociará con su dedo índice el frente del propiciatorio siete veces.  Luego sacrificará el chivo de la expiación que es del puebl, traerá su sangre detrás del velo y hará aspersiones como hizo con la sangre del buey, rociará el propiciatorio y delante de él. Y purificará el lugar santo de las impurezas de los hijos de Israel y de sus pecados. Y así hará al tabernáculo, que está con ellos en medio de sus impurezas… y saldrá al altar que está ante el Eterno y hará expiación por el altar…»

Una vez que el Cohen Gadol termina de expiar las impurezas del accionar del pueblo en el Templo, todas las demás trasgresiones se separan de la nación y se las puede enviar al desierto, al Azazel. Tal como está escrito (ídem 20-22):

«Cuando haya concluido de expiar el Santuario, la Tienda de Reunión y el altar, acercará el macho cabrío que está vivo. Y apoyará Aharón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío que está vivo y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus transgresiones y todos sus errores; y los transferirá sobre la cabeza del macho cabrío y lo enviará -por medio de un hombre ya designado – al desierto. Llevará el macho cabrío sobre sí todas sus iniquidades hasta un paraje deshabitado, y soltará el macho cabrío en el desierto. »

10 – La impureza del accionar en el Templo es una carencia en la fe.

Muchos sacrificios son ofrendados a los efectos de expiar las impurezas del accionar del pueblo en el Templo: en cada inicio de mes y en cada festividad se nos ordena sacrificar un chivo como ofrenda de «jatat» para expiar estas faltas. Sin embargo, este sacrificio no sirve para expiar a quien se enteró «post factum» que estaba impuro a la hora de realizar la ofrenda, entró en ese estado al Templo y comió así del sacrificio. En estos casos, la expiación se obtiene por medio del sacrificio de un chivo como ofrenda de «jatat» en Yom Kipur. Sin embargo, este chivo no sirve para expiar por quienes ingresaron  al Templo sabiéndose impuros y comieron intencionalmente de las ofrendas. Esta inconducta se expiaba mediante el sacrificio del buey y el chivo cuyas sangres se esparcían o rociaban en el Kodesh HaKodashim, el buey expiaba por los cohanim y el chivo por el resto del pueblo de Israel.

De todas maneras, los chivos que eran sacrificados públicamente como  ofrenda de «jatat» en Rosh Jodesh y festividades, expiaban la impureza del accionar en el Templo, tal como dijeron nuestros sabios (Tosefta Shvuot 1:3): «La impureza de accionar en el Templo es la más grave de las trasgresiones de la Torá, ya que estas últimas se expían mediante un chivo (que es enviado al Azazel) mientras que para expiar las impurezas en el accionar en el Templo se requieren de treinta y dos chivos (de Rosh Jodesh, Festividades y Yom HaKipurim). Todas las trasgresiones de la Torá se expían una vez al año (con el chivo que se envía a Azazel) mientras que la impureza en el accionar en el Templo se expía cada mes, tal como está escrito (Ezequiel 5:11): «Por Mi vida, dice el Eterno, que ya que tú has profanado Mi santuario con todas tus cosas detestables y con todas tus abominaciones, Yo también te despreciaré y Mi ojo no perdonará ni tendré piedad de ti»  Todas las abominaciones que realizaste fueron graves empero la impureza del accionar en el Templo es la peor de todas» Es menester que ampliemos un poco esta cuestión y la expliquemos mejor.

Los pecados de impureza del accionar en el Templo expresan una falta  en la fe, de la cual surgen todas las trasgresiones y aversiones. Esto se debe a que cuando una persona detenta una fe pura carente de toda mancha o defecto, esta se apega en su conducta a los Atributos Divinos, su vida interior se fortalece y su voluntad se orienta completamente a incrementar la vitalidad y bendición al mundo conforme a las indicaciones de la Torá; siendo así que  la inclinación al mal no puede con la persona. Sin embargo, cuando la fe es defectuosa, se origina una desconexión entre la voluntad de la persona y su fe, entonces cree que a los efectos de alegrarse en la vida debe actuar de modo contrario a las indicaciones de la Torá, por lo cual la inclinación al mal que surge de la carencia en cuestión se fortalece y se sobrepone, llevando a la persona al pecado.

Puede decirse que cuando la persona detenta una percepción de fe errónea, se puede considerar como quien ingresa al Sagrado Templo en estado de impureza. Esto es así ya que el pensamiento que acompaña a la fe puede asemejarse al ingreso al Templo y si hay defectos en la percepción de esta fe por falta de estudio suficiente o por defectos de carácter, es como si estuviese haciendo ingreso al Templo de la fe en estado de impureza. En caso de que la persona refuerce su convicción errada y actúe conforme a esta, se asemeja a quien consume las ofrendas sagradas del Templo en estado de impureza.

En esta cuestión hay diferentes niveles: normalmente una persona detenta una fe y actúa conforme a esta sin notar que su creencia no está del todo elaborada. Esto es expiado por los chivos de Rosh Jodesh y las fiestas. Otras veces la persona no presta atención a las incoherencias o imperfecciones de su creencia, empero a posteriori, se da cuenta que aún no elaboró suficientemente su fe. En este caso requiere de una expiación mayor en la figura del chivo de «jatat» exterior de Yom Kipur.

Sin embargo, todo ser humano llega a situaciones en las cuales surgen  preguntas respecto de cuál es el sentido u objetivo de  su vida, el significado interior de esta y cuál es su rol a cumplir en el mundo. Si en ese momento, a pesar de que la persona se da cuenta que su fe no está suficientemente elaborada, continúa con su rutina sin profundizar en el estudio de la Torá, sin refinar su carácter ni ahondar en la conformación de sus creencias, se asemeja a una persona impura que alevosamente ingresa al sagrado Templo. Si continúa aferrado a sus creencias consolidándolas sin hacer una introspección seria, se asemeja a una persona impura que premeditada y alevosamente come de las ofrendas del Santuario. Este es el mayor de los pecados pues como consecuencia del mismo, la persona «echa a perder su mundo» y su vida pierde significado. Una Luz Divina irrumpió repentinamente e iluminó la interioridad de la persona y por un momento el individuo ingresó en la zona sagrada de su alma, empero en vez de purificarse permaneció en estado de impureza y continuó con su rutina de vida. En un caso así, únicamente un buey y un chivo, cuyas sangres son esparcidas en el Kodesh Hakodashim, conjuntamente con teshuvá pueden expiar semejante inconducta.

11 – El orden de la expiación en el Templo (el rociado o esparcido de las sangres del buey y el chivo).

Hay tres niveles en el orden de la  aspersión de las sangres del buey y el chivo destinadas a expiar por las impurezas del accionar del pueblo de Israel  en el Templo.

El inicio de la expiación en el Kodesh HaKodashim. Esto es, la reparación de la fe en su raíz que es una suerte de «unificación superior» («ijud elión») que está relacionada con el Pacto eterno entre HaShem y el pueblo de Israel, según el cual la redención no depende del retorno pues D´s dirige el mundo hacia su redención. En esta situación, la elección humana no puede alterar este camino y solamente puede influenciar en la forma en la cual esta se ha de presentar, placenteramente o mediante sufrimientos. Este es el nivel del Kodesh Hakodashim, cuya existencia en el mundo es milagrosa y conecta la eternidad con el presente, así como los mundos superiores a este (tal como se vio arriba 6:4).

El Cohen Hagadol se paraba en medio de las dos varas del Arca del Pacto y asperjaba la sangre en dirección de este y su tapa una vez hacia arriba y siete hacia abajo. Primeramente asperjaba la sangre del buey y después la del chivo. La aspersión de la sangre expresa la conexión y la entrega total al Pacto con HaShem puesto que la sangre es la vida; la sangre del buey se corresponde con la del Cohen Gadol y sus hermanos los cohanim mientras que la sangre del chivo se corresponde con la del pueblo de Israel.

Todas las aspersiones eran direccionadas a la tapa de oro que cubría el Arca del Pacto, en el cual se encontraban todas las directivas de la Torá y sus preceptos. Sobre esta tapa había dos querubines que expresaban la conexión del pacto entre HaShem y el pueblo de Israel.

Esta tapa del Arca recibía el nombre hebreo de «kaporet» que se desprende del vocablo «kapará» (expiación) e insinúa que todas las acciones llevadas a cabo por el pueblo de Israel redundan finalmente en la revelación de la fe y la Providencia Divina. Incluso cuando el pueblo de Israel peca, trasgrede las leyes de la Torá y son castigados, al final de cuentas todo resultará para bien y brillará en completitud cual oro. Cuando la persona se conecta con este nivel, incluso las faltas o pecados graves de su fe son expiados.

El Cohen Gadol debía contar oralmente las aspersiones. «Y así contaba: uno, uno y uno, uno y dos, uno y tres, uno y cuatro, uno y cinco, uno y seis, uno y siete». La aspersión hacia arriba tiene como intención la conexión con la raíz de la fe en la unicidad, con el Pacto eterno entre HaShem y el pueblo de Israel. La intención de las siete aspersiones hacia abajo  es la de llevar la fe y el Pacto a los siete aspectos del mundo que fue creado en siete días. Esto se hace a los efectos de que la fe y el Pacto que son la raíz de la redención, se revelen en  el mundo sosegadamente y no mediante padecimientos. Es preciso que cada uno de los siete niveles esté unido a su raíz pues de esta se nutre. Por ello, el Cohen Gadol volvía a contar la primera aspersión junto a las siete dirigidas hacia abajo.

Una vez que se realizó la aspersión sobre la tapa del Arca del Pacto, el Cohen Gadol se retiraba e ingresaba en el recinto del Templo llamado «Kodesh» y asperjaba sobre la cortina («parojet») que separa esta sala del Kodesh Hakodashim, una vez hacia arriba y siete hacia abajo. Primeramente asperjaba con sangre del buey para expiar por sí y por sus hermanos los cohanim y luego lo hacía con la sangre del chivo para expiar por el pueblo de Israel. Esta expiación se corresponde con la percepción de la fe que llamamos unificación inferior o «ijud tajtón», esto es, la Providencia Divina que nos juzga conforme a nuestras acciones, la cual si bien se desprende del Pacto Superior oculto en el Kodesh Hakodashim en el nivel de unificación superior, empero sus manifestaciones dependen de nuestras elecciones; en caso de optar por el bien abundará la bendición y si optamos por el mal esta se reducirá y abundarán los padecimientos. La aspersión hacia arriba tiene por finalidad la entrega total en la conexión con la fe de que HaShem es providente y cuida del pueblo de Israel en nuestra generación, mientras que las siete aspersiones hacia abajo se corresponden con la aplicación de la fe en la Divina Providencia en todos y cada uno de los aspectos de la vida de cada uno de nosotros.

Luego, la expiación continúa sobre el altar del incienso, tal como está escrito (Vaikrá 16:18-19): «Y saldrá al altar que está ante el Eterno y hará expiación por el altar (de oro que se encuentra en la sala del Templo) y tomará sangre del novillo y del macho cabrío y rociará con ella los cuernos del altar. Y rociará la sangre con su dedo índice siete veces  y así quedará el altar purificado  de las impurezas de los hijos de Israel». En este altar no se realiza la aspersión una vez hacia arriba y siete hacia abajo pues esta expiación no tiene por cometido llevar la fe de su estado a superior, a todos los aspectos de la existencia en este mundo; sino que por el contrario, el objetivo es reunir y elevar todas las diversas tendencias de los corazones de los hijos de Israel y direccionarlas hacia la fe íntegra y completa. Toda imperfección existente en el sentimiento de la fe influye negativamente en el carácter de la persona, pudiendo manifestarse bajo la forma de irascibilidad, derrotismo, arrogancia o concupiscencia. La aspersión de la sangre sobre las cuatro esquinas del altar y las siete sobre este reúnen todos los anhelos de fe de los cuatro confines junto a las siete virtudes que se revelan en el corazón, y las conecta con el Pacto eterno que estableció HaShem con nosotros y con nuestros ancestros así como con la fe en la Providencia Divina sobre el pueblo de Israel. A los efectos de unificar todos los aspectos de la existencia y elevarlos a la fe, el Cohen Gadol debía, primeramente, mezclar la sangre del buey con la del chivo y con esta mezcla realizaba la aspersión en las cuatro esquinas del altar y las siete posteriores sobre éste.

12 – Los dos chivos.

Tras haber profundizado un poco en el significado de la expiación mediante la aspersión de sangre, es menester volver a explicar la cuestión de los dos chivos mediante el análisis de los versículos relevantes, ya que la principal expiación de Kipur tiene lugar por su intermedio. Tal como está escrito (Vaikrá 16:5): «Y de la congregación de los hijos de Israel tomará dos chivos por ofrenda expiatoria…» Sobre esto dijeron nuestros sabios: «los dos chivos son mencionados conjuntamente a los efectos de enseñarnos que deben verse iguales de aspecto, tamaño y valor económico» (Talmud Babilonio Tratado de Shvuot 13(B)). Solamente el sorteo determina cuál ha de ser ofrendado a HaShem y cuál ha de ser arrojado al Azazel. El sorteo tiene de particular que pone de relieve a la Providencia Divina.

A los efectos de que el Cohen Gadol pueda efectuar el sorteo debe primeramente purificarse. Por ello, colocaba sus manos sobre el buey que habría de ofrendar como su expiación de «jatat» y confesaba sobre este sus trasgresiones y las de su mujer. Posteriormente, «tomará los dos chivos y los presentará ante el Eterno a la entrada del tabernáculo y echará suertes sobre ellos pues uno será para el Eterno y el otro para Azazel. Y ofrecerá Aharón el chivo que le haya tocado en suerte al Eterno y lo traerá por ofrenda expiatoria (por lo que debe ubicarlo en el sitio donde se sacrificaban las ofrendas de «jatat»). Pero el chivo que toque en suerte al Azazel será presentado vivo al Eterno para expiar  con él y enviarlo a Azazel, en el desierto» (Vaikrá 16:7-10).

Luego, el Cohen iba nuevamente donde su buey expiatorio, colocaba sus manos sobre la cabeza del animal y confesaba los pecados de sus hermanos los cohanim, tras lo cual lo degollaba y asperjaba su sangre en el Kodesh Hakodashim. Empero, a los efectos de poder ingresar a este santo recinto debía primeramente quemar allí incienso a los efectos de revelar la conexión del pacto existente entre HaShem y el pueblo de Israel. Tras la quema del incienso asperjaba de la sangre del buey en el Kodesh Hakodashim. Acto seguido retornaba al chivo sorteado para ser ofrendado a D´s, lo degollaba y asperjaba su sangre en el Kodesh Hakodashim para así expiar por las impurezas del accionar en el Templo, tal como está escrito (ídem 15-19): «Luego sacrificará al chivo de la expiación que es del pueblo y traerá su sangre detrás del velo y hará aspersiones como hizo con la sangre del buey y rociará el propiciatorio (una vez sobre la tapa del Arca del Pacto) y delante de él (siete veces abajo). Y purificará el lugar santo de las impurezas de los hijos de Israel y de sus pecados. Y así hará al tabernáculo que está con ellos en medio de sus impurezas (mediante la aspersión sobre la cortina que separa el Kodesh Kodashim del resto del Templo). Mas ninguna persona deberá hallarse en la Tienda de Reunión, desde que él entre para expiar en el Santuario, hasta su salida. Y saldrá al altar que está ante el Eterno (el de la quema de incienso) y hará expiación por el altar, y tomará sangre del buey y del chivo y rociará con ella los cuernos (esquinas) del altar. Y rociará la sangre con su dedo índice siete veces y así quedará el altar purificado de las impurezas de los hijos de Israel»

Una vez que el Cohen Gadol completaba la expiación por las impurezas en el accionar del Templo, se revelaba el alma del pueblo de Israel en la plenitud de su pureza y quedaba claro que todos los pecados que se adhirieron fueron efecto de influencias exteriores de la inclinación al mal, y por lo tanto el Cohen Gadol podía confesarlos en representación de toda la nación para así retirarlos y colocarlos sobre la cabeza del chivo para enviarlo posteriormente al desierto.

Sobre esto está escrito (ídem 20-22):

«Cuando haya concluido de expiar el Santuario, la Tienda de Reunión y el altar, acercará el macho cabrío que está vivo. Y apoyará Aharón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío que está vivo y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus transgresiones y todos sus errores; y los transferirá sobre la cabeza del macho cabrío y lo enviará -por medio de un hombre ya designado- al desierto. Llevará el macho cabrío sobre sí todas sus iniquidades hasta un paraje deshabitado, y soltará el macho cabrío en el desierto

13 – El significado de la expiación del chivo que es enviado a Azazel.

El chivo enviado al desierto comprende dos aspectos: desde un punto de vista interior su sangre se asemeja más a la humana que a la del resto de las bestias. Esto se manifiesta en su temple especial, por lo que es posible asperjarla en el Kodesh Hakodashim y de esa manera expresar el anhelo del pueblo de Israel por apegarse a HaShem con absoluta entrega. Desde un punto de vista exterior, el chivo tiende al salvajismo y la depredación, por lo que el ángel ministerial a cargo de las fuerzas destructivas recibe el nombre de «seir» (chivo). Incluso el ángel rector del malvado Esav, esto es, aquél que le acompaña, recibe también el nombre de «seir», ya que su especialidad es destruir y arrasar. Por lo tanto, cuando los idólatras procuraban salvarse de una inminente destrucción o deseaban infligirla en sus enemigos, ofrendaban sacrificios a los «seirim», o sea, a las deidades paganas de la maldad y la hecatombe. Por ello, la Torá advierte al pueblo de Israel que ofrenden sacrificios únicamente a HaShem. «Y no sacrificaréis más ofrendas a los «seirim» (demonios) tras los cuales os prostituís» (Vaikrá 17:7, Rambán 16:8).

En el día sagrado y solemne, en el cual se revela el Pacto Eterno de HaShem con el pueblo de Israel, y los judíos se elevan separándose, mediante el ayuno, de todas sus pasiones mundanas, el Cohen Gadol puede ingresar al Kodesh Hakodashim, asperjar allí de la sangre del chivo consagrado a D´s, y de esta forma expresar la voluntad interior de la nación toda de apegarse al Eterno, a Su Torá y a Sus preceptos con total entrega. De esta manera, ellos se purifican de las impurezas del accionar en el Templo y las «kelipot» o impurezas que impiden que la luz de la fe irradie en el alma se desvanecen. El bien y el mal que estaban mezclados en el interior de los judíos se separan uno del otro, y resulta claro que todas las trasgresiones cometidas son consecuencia de influencias exógenas que llevaron a creer que el pecado puede redundar en algún beneficio. Mas en realidad, estos pecados consumieron vanamente preciosas energías. Cuando el mal se separa del bien, pierde su fuerza y no consigue incitar a nadie puesto que el mal puede ser destructivo, únicamente, cuando está conectado al bien y por ende está vivo. Empero, cuando se lo separa y se lo aísla, retorna a su sitio de origen que es el páramo desértico, donde se desvanece. Esto se manifiesta mediante el envío del chivo que carga con todos los pecados del pueblo de Israel, a un sitio desolado y de perdición – al Azazel.

El chivo arrojado al Azazel encierra también otra idea profunda y es la de que se trata de un presente que HaShem nos ordena obsequiar en Yom Kipur a Samael, el ángel ministerial encargado del daño y la destrucción, quien reside en el desierto, sitio desolado y de perdición.  A los efectos de que quede claro que no pretendemos adorarle tal como lo hacen los idólatras, la Torá pone énfasis  en que «…el chivo que le toque en suerte a Azazel, será presentado vivo al Eterno para expiar con él y enviarlo a Azazel en el desierto» (Vaikrá 16:10). El chivo es presentado ante HaShem y Él es quien ordena enviarlo para expiar por el pueblo de Israel. Tal como dijeron nuestros sabios (Pirkei DeRabí Eliezer 46): «Dijo Samael ante el Eterno: Amo del Universo, me conferiste la potestad de acusar a todas las naciones del mundo, ¡mas sobre el pueblo de Israel no me autorizaste a hacerlo! Le dijo: tienes autorización para hacerlo en Yom Kipur si es que detentan algún pecado, y en caso de que no lo tengan, careces de potestad para acusarles. Por lo tanto le damos un soborno en Yom Kipur para que no impida que el pueblo de Israel ofrende su sacrificio»

Es necesario profundizar más sobre este punto. Durante todo el año nos encontramos en dura lucha contra nuestra inclinación al mal, pero en Yom Kipur, cuando el Cohen Gadol ingresa al Kodesh Hakodashim para conectar al pueblo de Israel con la raíz de la fe, los judíos son capaces de meditar sobre la naturaleza del mundo y darse cuenta que HaShem creó también las fuerzas del mal, las cuales poseen un rol y es el de permitir el libre albedrío. Por medio de estas, el ser humano puede elevarse a un excelso sitial desde  el cual puede manifestar la Imagen Divina que en él anida. Sin embargo, esta meditación sobre el carácter positivo del mal puede causar problemas muy serios ya que la persona puede auto engañarse y pensar que también al pecar hace algo bueno. Por ello, HaShem nos ordena enviar el chivo a Azazel únicamente en Yom Kipur, mientras afligimos nuestro ser y nos separamos de las bajas pasiones. Sólo entonces podemos mostrarle a Samael que comprendemos su importante rol, sin vernos arrastrados tras él. En ese momento Samael se tranquiliza y regodea de placer. Finalmente el pueblo de Israel le comprende y por ello ya no procura incitar a la trasgresión o acusar, ya que también él prefiere que los judíos opten por el buen camino y por ello se decide a presentar un testimonio positivo en su favor.

14 – El orden de la labor sacra –Seder HaAvodá-

Tras habernos ocupado de las labores especiales de Yom Kipur, corresponde que volvamos a repasar brevemente el orden de la labor  sacra – Avodá – del Cohen Gadol en Yom Kipur.

Durante la noche de Kipur, el Cohen Gadol debía permanecer despierto para no impurificarse durante su sueño. En el transcurso de la noche estudiaba Torá junto a sabios notables de la ciudad de Jerusalém. Si dominaba el arte de la homilía disertaba y si no, disertaban ante él. Durante la noche se recitaban delante suyo loas y alabanzas a HaShem. Si estaba por quedarse dormido, los aprendices de cohen lo despertaban mediante un chasquido de dedos. Si se cansaba aún más le ofrecían que se ponga de pie sobre el frio suelo. Si estaba aún más cansado le sugerían que se pare en postura de reverencia de modo tal que su cabeza llegue hasta el piso (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 19(B)).

Tal como ya vimos (inciso 4), todas las labores del Templo, en Yom Kipur eran realizadas por el Cohen Gadol a los efectos de elevar y conectar todo con la raíz de la santidad en el Kodesh Hakodashim. Tal como todos los días, el primer sacrificio que se ofrendaba era el permanente matinal («Tamid shel Shajar») y el último era el permanente vespertino («Tamid shel Bein Haarbaim»).Por lo tanto, cuando despuntaba el alba y llegaba el momento de sacrificar la ofrenda matinal, el Cohen Gadol se quitaba las vestimentas habituales, se sumergía en la Mikvé y vestía sus ropajes de oro tras lo cual abluía sus manos y pies. Degollaba la ofrenda permanente, recibía la sangre del animal y la vertía sobre el altar exterior tal como lo debía hacer diariamente. Luego ingresaba al edificio del Templo para quemar el incienso correspondiente en el altar de oro. Luego se  dirigía al candelabro o menorá y colocaba las velas, retornaba al altar exterior y ofrendaba los órganos del sacrificio diario permanente junto a las porciones fijas preestablecidas, y una mezcla  de harina y aceite cocidos (‘minjat javitín’) con la libación correspondiente de rutina.

Luego continuaba con las ofrendas de Musaf, a saber: un buey con siete ovejas. Ya vimos anteriormente que la santidad de la labor de Yom Kipur consta de tres fases: en la primera se ofrenda el sacrifico diario permanente, en la segunda se ofrendan los sacrificios de Musaf semejantes a los de Rosh Jodesh y días festivos.

A continuación proseguía con la tercera fase, esto es, la labor especial de Yom Kipur. El Cohen Gadol abluía sus manos y pies, se quitaba sus ropajes de oro, se sumergía en la Mikvé, vestía ropajes blancos y volvía a abluir sus manos y pies. Empero, previo a poder sacrificar el chivo ofrendado a HaShem y entrar al Kodesh Hakodashim para expiar por la generalidad del pueblo de Israel, el Cohen Gadol debía, primeramente, expiar sus propios pecados con su confesión y su sacrificio. «Así funciona la cualidad del rigor, es mejor que venga un inocente a expiar por un culpable y no que venga un culpable a expiar por otro culpable»(Talmud Babilonio Tratado de Shvuot 14(A)). Por esta razón le fue ordenado al Cohen Gadol que primeramente traiga un buey para ofrendar un sacrificio de «jatat», y así se confiese de sus trasgresiones y las de su mujer. Sobre esto está escrito (Vaikrá 16:3): «Con esto vendrá Aharón al santuario, con un buey para la expiación…» Este sacrificio no era comprado con dineros públicos como todos los demás de Yom Kipur, sino que el buey en cuestión junto al carnero que le acompañaba  debían ser adquiridos del dinero particular del Cohen Gadol, a los efectos de que su expiación personal sea completa. Tal como está escrito (ídem 6): «Y ofrecerá Aharón el buey de la expiación, que es suyo, y hará expiación por sí y por su linaje»

15 – El orden de la confesión sobre el buey, su degollamiento y la quema del incienso.

El Cohen Gadol paraba al buey entre el edificio del Templo y el altar exterior, con la cabeza en dirección al sur y su rostro hacia el Templo en el lado Oeste. El Cohen Gadol se paraba al costado oriental del buey mirando hacia el Templo, colocaba sus dos manos sobre la cabeza de este y al hacerlo era como si dijese: lo que se debería hacer conmigo como castigo por mis pecados – se hará con este buey que traje para expiar por ellos.

La confesión de Yom Kipur era especial y diferente de todas las demás ya que en esta se mencionaba tres veces el Nombre Divino Manifiesto («Shem HaMeforash»), innombrable para el común de las personas. Hay quienes opinan que se trata del Tetragramatón (Nombre Divino de cuatro letras Y-H-V-H) tal como aparece escrito en la Torá y hay quienes consideran que se trata de un Nombre Divino de cuarenta y dos letras (Rav Hai Gaón). Cada vez que el Cohen Gadol pronunciaba el Nombre Divino Manifiesto, los demás cohanim allí presentes y el pueblo que estaba de pie en el patio se hincaban,  prosternaban y proclamaban: «Baruj Shem Kevod Maljutó Leolám Vaed». Esto implicaba una expresión de profunda auto anulación y retorno en arrepentimiento sincero. Este era el formato de la confesión: «Ana HaShem (Por favor HaShem), jatati aviti pashati lefaneja aní ubeiti (pequé negligentemente, intencionalmente y me rebelé ante Ti, tanto yo como mi mujer), Ana HaShem (Por favor, por Tu Nombre) kaper na lajataím velaavonot velapshaím shejatati vesheaviti veshepashati lefaneja ani ubeití (expía, por favor, por los pecados cometidos negligentemente, intencionalmente y por rebelión ante Ti, tanto yo como mi mujer), kakatuv beTorat Moshé avdeja: ki baiom hazé iejaper aleijem letaher etjem mikol jatoteijem lifnei HaShem titharu ( tal como está escrito en la Torá de Tu siervo Moshé: pues en ese día os expiará para purificaros de todos vuestros pecados y os purificareis ante HaShem)»

Una vez que el Cohen Gadol confesó sus propios pecados puede expiar al pueblo de Israel para lo cual, primeramente, se dirige a realizar el sorteo de los dos chivos. Uno será ofrendado a HaShem, para, por su intermedio, expiar los pecados cometidos por el pueblo de Israel en relación a la pureza del Templo; y el otro a ser enviado a Azazel para expiar todos los demás pecados de la nación. Cuando el Cohen Gadol declara cuál fue el chivo que resultó sorteado para ser ofrendado a HaShem, pronunciaba el Nombre Divino Manifiesto y entonces los cohanim allí presentes, así como el resto del pueblo de Israel que se encontraban en el patio del Templo se ahincaban, prosternaban y proclamaban: «Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed». El Cohen Gadol amarraba una cinta de color naranja rojizo sobre el pescuezo del chivo a ser ofrendado a HaShem, así como sobre los cuernos del chivo a ser enviado a Azazel.

Sin embargo, el Cohen Gadol todavía no podía proceder a expiar los pecados del pueblo de Israel, ya que aún no lo había hecho por los demás cohanim que son los responsables de las labores sacras de la nación. A estos efectos retornaba donde su buey, apoyaba sus manos sobre este y confesaba en representación de los demás cohanim: «Ana HaShem, jatati aviti pashati lefaneja aní ubeití ubnei Aharón am kedosheja (Por favor HaShem, pequé negligentemente, intencionalmente y me rebelé ante Ti, yo y los hijos de Aharón que son tu congregación sagrada), Ana HaShem, kaper na lajataím velaavonot velapshaím shejatati vesheaviti veshepashati lefaneja aní ubeití ubnei Aharón am kedosheja (Por favor, por Tu Nombre, expía los pecados negligentes, intencionales y de rebeldía ante ti, tanto míos como de mi mujer y de los hijos de Aharón que son Tu congregación sagrada) kakatuv betorat Moshé avdeja: ki baiom hazé iejaper aleijem letaher etjem mikol jatotejem lifnei HaShem titharu (tal como está escrito en la Torá de Tu siervo Moshé: pues en ese día os expiará para purificaros de todos vuestros pecados y os purificareis ante HaShem)»

Tras degollar el buey, el Cohen Gadol recibía su sangre en un recipiente, mas aun no podía ingresar al Kodesh Kodashim para rociarla ya que debía primeramente quemar el incienso especial de Yom Kipur, el cual expresa la relación estrecha del Pacto que une al pueblo de Israel con HaShem. Por lo tanto, tras degollar el buey entregaba la sangre a otro cohen e ingresaba a quemar el incienso, tal como está escrito (Vaikrá 16:11-13): «Y ofrecerá Aharón el buey expiatorio suyo y hará expiación por él y por su linaje y lo inmolará. Y tomará un incensario lleno de brasas ardientes del altar ante el Eterno y colmará sus puños con incienso aromático bien desmenuzado y lo llevará detrás del velo (al Kodesh Hakodashim) y pondrá el incienso sobre el fuego ante el Eterno para que la nube cubra el propiciatorio que está sobre el Arca del Testimonio y no morirá»

Una vez que el humo del incienso cubría la tapa (kaporet) del Arca del Pacto (tal como se detalló arriba incisos 7-8), el Cohen Gadol salía del Kodesh Hakodashim y rezaba en el recinto del Santuario una breve plegaria. No prolongaba su rezo para no asustar al pueblo y que no piensen que su demora obedece a que murió dentro del Kodesh Hakodashim.

El Cohen Gadol tomaba la sangre del buey e ingresaba nuevamente al Kodesh HaKodashim, se paraba entre las varas del Arca y asperjaba la sangre frente a la tapa del Arca, una vez hacia arriba y siete hacia abajo, tal como está escrito (Vaikrá 16:14) «Y de la sangre del buey tomará un poco que rociará con su dedo índice el frente del propiciatorio siete veces». El Cohen Gadol contaba las aspersiones (ver inciso 11). A finales de los días del Primer Templo el Arca del Pacto fue escondida y desde entonces, mientras existió el  Segundo Templo, el Cohen Gadol asperjaba en dirección a la piedra fundamental o «Even Hashtiá».

Si bien todavía faltaba rociar con la sangre del buey la cortina que separa la sala del Templo del Kodesh Hakodashim, el Cohen Gadol apoyaba el recipiente con la sangre en la sala del Templo sobre un soporte de oro y salía para degollar, primeramente, el chivo ofrendado a HaShem, ya que la expiación de los cohanim y del pueblo de Israel debe ser combinada, por cuanto que la expiación de los cohanim es en pos del pueblo de Israel y no es posible que estos culminen su expiación sin asociarla a la del resto del pueblo.

16 – El degollamiento del chivo y la finalización de las aspersiones.

El Cohen Gadol salía del Templo y degollaba el chivo que había sido sorteado para ser ofrendado a HaShem, recibía su sangre e ingresaba al Kodesh HaKodashim, se paraba entre las varas del Arca y asperjaba una vez hacia arriba y siete hacia abajo. Así como está escrito (Vaikrá 16:15): «Luego sacrificará el chivo de la expiación que es del pueblo y traerá su sangre detrás del velo y hará aspersiones como hizo con la sangre del buey y rociará el propiciatorio y delante de él. Y purificará el lugar santo de las impurezas de los hijos de Israel y de sus pecados…»

Luego salía del Kodesh HaKodashim, apoyaba la sangre del chivo y tomaba la del buey y rociaba con esta la cortina que separa la sala del Templo del ‘Sancta Santorum’, una aspersión hacia arriba y siete hacia abajo. Luego volvía a tomar la sangre del chivo y rociaba con esta la cortina mencionada, una aspersión hacia arriba y siete hacia abajo. De esta manera cumplía lo que está escrito (ídem 16:16): «Y así hará al tabernáculo que está con ellos en medio de sus impurezas»

Acto seguido, el Cohen Gadol tomaba la sangre del chivo y la del buey y las mezclaba, pasaba del lugar donde estaba la cortina hacia el altar de oro que se encuentra dentro de la Sala del Templo y rociaba con esta sangre las cuatro esquinas de este. Luego revolvía las brasas y las cenizas que estaban sobre el altar hasta que se veía su cobertura de oro, y entonces asperjaba esta sangre sobre el altar siete veces. Tal como está escrito (ídem 16:18-9): «Y saldrá al altar que está ante el Eterno y hará expiación por el altar, y tomará sangre del buey del chivo rociará con ella los cuernos del altar. Y rociará la sangre con su dedo índice siete veces y así quedará el altar purificado de las impurezas de los hijos de Israel». Luego salía y vertía los restos de sangre sobre la base occidental del altar exterior.

Tras haber finalizado la expiación por el Santuario comenzaba la expiación por el resto de las trasgresiones. El Cohen iba por el chivo a ser enviado a Azazel, apoyaba sobre este sus manos y confesaba en nombre de todo el pueblo de Israel. Tal como está escrito (Vaikrá 16:20-21): «Y cuando haya terminado la expiación por el lugar santo, el tabernáculo y el altar, traerá al chivo (que quedó) vivo. Y apoyará Aharón sus dos manos sobre la cabeza y confesará todas las iniquidades de los hijos de Israel y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza de la víctima…»

Esta era la fórmula de la confesión: Ana HaShem, jatú avú vepashú lefaneja amjá Beit Israel (Por favor HaShem, tu pueblo Israel pecó negligentemente, intencionalmente y se rebeló ante Ti), kakatuv beTorat Moshé avdeja: Ki baiom hazé iejaper aleijem letaher etjem mikol jatotejem lifnei HaShem titharu (tal como está escrito en la Torá de Tu siervo Moshé: pues en ese día os expiará para purificaros de todos vuestros pecados y os purificareis ante HaShem). Tal como ya aprendimos, cada vez que los cohanim y el pueblo oían el Nombre Divino Manifiesto pronunciado de boca del Cohen Gadol se ahincaban, prosternaban y proclamaban: «Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed». Vemos entonces que se prosternaban nueve veces en las tres confesiones y conjuntamente con la vez que se hincaron al oír el Nombre Divino Manifiesto al realizarse el sorteo de los chivos, resulta que se hincaron diez veces.

Posteriormente, el Cohen Gadol enviaba el chivo al desierto con un emisario, tal como está escrito (Vaikrá 16:21-2): «Entonces por medio de un emisario enviará el animal al desierto. Y el chivo llevará todos los pecados del pueblo a una tierra desolada pues será llevado al desierto». El enviado caminaba hacia el desierto unos doce «mil» (medida de longitud en la halajá equivalente a unos once kilómetros), dividía en dos partes la cinta que estaba amarrada a la cabeza del animal, una mitad la amarraba a los cuernos y la otra la amarraba a una roca y así arrojaba al chivo desde el peñasco y antes de alcanzar la mitad de la distancia del descenso se desmembraba (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 67(A)).

17 – La continuación del servicio diario (del Santuario).

Mientras tanto, el Cohen Gadol iba donde el buey y el chivo cuya sangre usó para las aspersiones en el Kodesh Hakodashim, les quitaba sus respectivos sebos y los colocaba en un recipiente para que luego sean quemados junto a los demás sacrificios sobre el altar. La ley de los sacrificios es que además de que su sangre era asperjada sobre el altar, sus sebos eran quemados en el altar exterior.

La carne del buey y el chivo era sacada fuera del campamento para ser quemada y muchos del pueblo iban a observar la quema que expresaba la eliminación de los pecados.

Mientras se quemaban la carne del buey y del chivo el Cohen Gadol aguardaba y cuando le era informado que el chivo había sido arrojado en el desierto comenzaba a leer en la Torá tres de las porciones de lectura del día: a) El orden de la labor del Cohen Gadol en Yom Kipur en la porción de «Ajarei Mot» (Vaikrá 16), b) Un fragmento de la porción de Emor (Vaikrá 23) en la que se detallan los preceptos del día, c) La sección de las ofrendas de Musaf de Yom Kipur en la porción de «Pinjas» (Bamidbar-Números 29). Dado que esta porción pertenecía a otro libro de la Torá, la recitaba de memoria para no molestar al público con la espera del enrollado del pergamino hasta esa sección.

Antes y después de la lectura recitaba dos bendiciones tal como se acostumbra a hacer en toda lectura de la Torá. Posteriormente agregaba siete bendiciones: por la labor sacra (avodá), agradecimiento, por el perdón de los pecados, por el Templo, por el pueblo de Israel, por los cohanim y por el resto del rezo.

Luego abluía sus manos y pies, se quitaba sus ropajes blancos, se sumergía en la Mikvé y vestía ropajes de oro tras lo cual abluía nuevamente sus manos y pies. Luego degollaba afuera un chivo como ofrenda de «jatat» que es parte de las ofrendas de Musaf del día, similar a los que se sacrifican en Rosh Jodesh y días de fiesta (arriba inciso 10).

Después ofrendaba a su carnero y el del pueblo y ambos eran sacrificados como ofrenda de «olá». Los sebos del buey y el chivo, cuya sangre había sido asperjada en el Kodesh Kodashim, eran quemados en el altar.

Luego abluía sus manos y pies, se quitaba los ropajes de oro, se sumergía en la Mikvé y vestía ropajes blancos, tras lo cual volvía a abluir sus manos y pies e ingresaba por última vez al Kodesh Hakodashim a los efectos de retirar la pala y la cuchara del incienso que allí habían quedado. No las había retirado inmediatamente después de haber realizado la aspersión de la sangre ya que el incienso expresa el Pacto constante entre HaShem y el pueblo de Israel, por lo que era necesario que el humo incensario continúe elevándose durante todo el lapso que duraba la labor sagrada. El último ingreso del Cohen Gadol al Kodesh Kodashim muy probablemente estaba envuelto de una santidad especial con la cual se sellaban el orden expiatorio y la purificación del pueblo de Israel.

Luego salía y abluía sus manos y pies, se quitaba sus vestimentas blancas, se sumergía en la Mikvé y vestía los ropajes de oro, volvía a abluir sus manos y pies y concluía la labor del día igual que el resto de los días del año – sacrificando la ofrenda permanente diaria del atardecer («Tamid shel bein haarbaim»), quemando incienso sobre el altar de oro y encendiendo las velas de la menorá.

Luego abluía sus manos y pies, se quitaba los ropajes de oro y vestía su propia vestimenta, se iba a su casa y todo el pueblo lo acompañaba hasta su domicilio y celebraba un día festivo por haber salido en paz y con vida del sitio más sagrado.

18 – El orden de la labor sacra en Yom Kipur.

En el rezo de Musaf el oficiante rememora el orden de la Sagrada Tarea realizada en el  Templo en Yom Kipur (Shulján Aruj 621:4). El Talmud explica que los oficiantes deben poner atención en recitar este orden de manera puntillosa, conforme a la opinión que se plasmó en la halajá (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 36(B), 56(B)) de que el recitado es, en la práctica, el sustituto de la ejecución de la ofrenda.

Así dijeron nuestros sabios (ídem Menajot 110(A)): «Todo aquel que estudia la ofrenda de «jatat» es como si la hubiese sacrificado y todo aquel que estudia la ofrenda de «asham» es como si la hubiese sacrificado». Además,  nuestros sabios dijeron que luego de que Abraham se enteró que los judíos perdurarán en el mundo en mérito a los sacrificios por mantenerlos conectados a HaShem, le preguntó al Eterno ¿qué habrá de pasar si el Templo es destruido? D´s le contestó: ya les establecí un orden de sacrificios, mientras lo lean Yo se los consideraré como si los ofrendaron delante de Mí y perdono todas sus trasgresiones» (ídem Ta´anit 27(B)). Esto obedece a que toda acción posee un alma y en el caso de los preceptos, su alma son las palabras de la Torá que los ordenan. Por lo tanto, cuando ya no es posible sacrificar las ofrendas, recitar los pasajes que las ordenan y más aún en público en el horario en que deberían ser realizadas, se lo considera como si hubiesen sido ejecutadas. Cuanto más entendemos el significado del sacrificio tanto en su aspecto práctico como en  el filosófico, el recitado del orden es más elevado aún.

Nos parece que también después de reconstruido el Templo, pronto en nuestros días, los rezos que fueron instituidos como sustituto de los sacrificios y el recitado del orden de la labor sacra del Cohen Gadol en Yom Kipur no serán derogados, ya que durante los días de la destrucción se reveló el valor intrínseco del recitado de los rezos y orden de sacrificios que apuntan al aspecto espiritual del trabajo en el Templo, y este beneficio ya no se apartará de nosotros. En todas las sinagogas se continuará rezando, el oficiante de Musaf recitará junto al público, con temor reverencial, el orden de la labor sacra del Cohen Gadol en Yom Kipur. El rezo y la intención meditativa de todos los orantes se unirán a la labor del Cohen Gadol en el Templo. Los cohanim y el pueblo que tengan el mérito de poder estar presentes en el patio del Santuario, serán los representantes de toda la nación y podrán ver con sus propios ojos el cumplimiento del orden de la labor. Ellos no necesitarán recitar los rezos pues podrán ser partícipes de la realización de la labor misma, pues quienes observan también tienen parte en el precepto. Tal como acostumbraron los judíos en los días del Templo, días en los que los cohanim y el pueblo que estaban presentes en el patio como espectadores no recitaban los diferentes rezos.

Sea Su Voluntad que se reúnan los exiliados de los cuatro confines de la tierra, y Él devuelva Su Divina Presencia a Sión, que nos consagre con Sus preceptos y nos otorgue heredad en Su Torá, que purifique nuestros corazones para que podamos servirle de verdad. Que tengamos el mérito de que se construya el Templo prontamente en nuestros días y que la santidad de Yom Kipur se revele en todo su esplendor, que HaShem perdone nuestros pecados y los expíe, que la luz de la verdad y la fe irrumpan desde el Kodesh HaKodashim e ilumine a todo el mundo, que la paz y el amor se expandan en toda la Casa de Israel y en todo el orbe. Que HaShem consuele a Sión y a todas sus ruinas «Porque el Eterno ha consolado a Sión. Ha consolado a todos sus desiertos y los ha hecho como jardín del Eterno. Regocijo y alegría se hallarán en ellos, alabanza y rumor de cánticos» «Y retornarán los rescatados del Eterno y vendrán con cánticos a Sión y alegría eterna será sobre sus cabezas. Tendrán gozo y regocijo, huirán la tristeza y la aflicción» (Ishaiahu 51:3, 11).

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