02 – ¿Cómo opera  la Justicia  Divina  según la «unificación superior» y «la unificación inferior»?

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La Divinidad opera en la creación en dos niveles: uno de acuerdo a la «unificación inferior» y otra de acuerdo a la «unificación superior» (ver arriba 7:12, 6:4). La Justicia Divina se administra de modo abierto conforme a las leyes de recompensa y castigo que dispuso Hashem en la creación, y tanto la naturaleza como el ámbito espiritual se rigen por sus principios.  Así como quien es negligente en cuanto a sus cuestiones económicas se empobrece, quien se deja arrastrar por su inclinación al mal es castigado en este mundo y en el venidero. De acuerdo a estas leyes, el ser humano aparenta ser incorregible pues tiende a ir en pos de su inclinación al mal, y aunque haya algunos justos, uno ve que tanto el liderazgo social como el poder político están en manos de personas ambiciosas que van tras sus deseos y pasiones. Por ello, no se percibe posibilidad alguna de que el mundo se redima de sus padecimientos y de evitar que la muerte que acaba con las creaturas también ponga fin al mundo.

Sin embargo, existe una Providencia Superior oculta y es la basada en la conducción de la Unidad. Según esta, Hashem es el causante de todos los acontecimientos del mundo y les encamina a un buen fin, de modo tal, que las malas acciones y pérfidos planes de los malvados y gobernantes, llevan a fin de cuentas a resultados positivos. Esta Providencia especial existe en mérito de los hijos de Israel que están unidos a D´s en un pacto eterno y su profundo deseo interior profundo es la reparación del mundo. En virtud de esta Providencia, tanto la Torá como los profetas nos dicen que la redención está asegurada. Empero, por cuanto que esta Providencia oculta, producto de la unificación, se manifiesta mediante la administración de la Justicia Divina, la manera en que la redención habrá de llegar dependerá de la elección que el pueblo de Israel decida. Si los judíos eligen el bien la redención llegará rápida y placenteramente y, si D´s no lo quiera, eligen el mal, esta llegará tarde y mediante duros y conmovedores padecimientos.

La Providencia Superior, basada en la unificación, es oculta y se revela en el «Kodesh Hakodashim», en un sitio que está por encima del espacio terrenal y cuya existencia en este mundo material es milagrosa. Por esta razón, las personas tienen prohibido ingresar en él. Además, el mero intento de irrumpir en él conlleva peligro, ya que quien toma contacto con este excelso nivel puede llegar a pensar que, como de todas maneras, a final de cuentas, todo ocurre para bien, no hay pues necesidad de esforzarse y elegir el bien y superar la inclinación al mal. Entonces, el contacto con la luz superior del «Kodesh Hakodashim» le servirá de excusa para ir tras sus instintos so pretexto de que todo es para bien y en aras de la Gloria Celestial.

Solamente el pueblo de Israel como un todo, es capaz de conectarse a la Providencia basada en la unificación pues ella se manifiesta sólo mediante esta nación, de modo tal que cada desgracia y padecimiento le sirve para crecer y revelar nuevos fundamentos de la Torá. Sin embargo, esto también es una cuestión oculta que se manifiesta únicamente con el correr de las generaciones. Es por ello, que solamente en el día solemne y sagrado en el cual los judíos cesan de sus labores y se apartan de las cuestiones mundanas, no comen ni beben, no se lavan ni aplican ungüentos, no calzan zapatos buenos ni cohabitan, solo en un día así el Cohen Gadol o Sumo Sacerdote puede elevarse e ingresar al Kodesh HaKodashim en representación de todo el pueblo de Israel, para atraer de allí la pureza y la expiación para toda la congregación y depurarla de su impureza exterior. Mediante esta acción, cada individuo puede retornar en completa teshuvá y retractarse de todas sus malas acciones para que así toda la nación pueda tener un buen año y el mundo avance hacia su redención final.

Desde que el Templo de Jerusalem fue destruido, todos estos procesos se cumplen de modo restringido mediante la santidad del día, el ayuno y las  plegarias.

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