11 – El orden de la expiación en el Templo (el rociado o esparcido de las sangres del buey y el chivo).

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Hay tres niveles en el orden de la  aspersión de las sangres del buey y el chivo destinadas a expiar por las impurezas del accionar del pueblo de Israel  en el Templo.

El inicio de la expiación en el Kodesh HaKodashim. Esto es, la reparación de la fe en su raíz que es una suerte de “unificación superior” (“ijud elión”) que está relacionada con el Pacto eterno entre HaShem y el pueblo de Israel, según el cual la redención no depende del retorno pues D´s dirige el mundo hacia su redención. En esta situación, la elección humana no puede alterar este camino y solamente puede influenciar en la forma en la cual esta se ha de presentar, placenteramente o mediante sufrimientos. Este es el nivel del Kodesh Hakodashim, cuya existencia en el mundo es milagrosa y conecta la eternidad con el presente, así como los mundos superiores a este (tal como se vio arriba 6:4).

El Cohen Hagadol se paraba en medio de las dos varas del Arca del Pacto y asperjaba la sangre en dirección de este y su tapa una vez hacia arriba y siete hacia abajo. Primeramente asperjaba la sangre del buey y después la del chivo. La aspersión de la sangre expresa la conexión y la entrega total al Pacto con HaShem puesto que la sangre es la vida; la sangre del buey se corresponde con la del Cohen Gadol y sus hermanos los cohanim mientras que la sangre del chivo se corresponde con la del pueblo de Israel.

Todas las aspersiones eran direccionadas a la tapa de oro que cubría el Arca del Pacto, en el cual se encontraban todas las directivas de la Torá y sus preceptos. Sobre esta tapa había dos querubines que expresaban la conexión del pacto entre HaShem y el pueblo de Israel.

Esta tapa del Arca recibía el nombre hebreo de “kaporet” que se desprende del vocablo “kapará” (expiación) e insinúa que todas las acciones llevadas a cabo por el pueblo de Israel redundan finalmente en la revelación de la fe y la Providencia Divina. Incluso cuando el pueblo de Israel peca, trasgrede las leyes de la Torá y son castigados, al final de cuentas todo resultará para bien y brillará en completitud cual oro. Cuando la persona se conecta con este nivel, incluso las faltas o pecados graves de su fe son expiados.

El Cohen Gadol debía contar oralmente las aspersiones. “Y así contaba: uno, uno y uno, uno y dos, uno y tres, uno y cuatro, uno y cinco, uno y seis, uno y siete”. La aspersión hacia arriba tiene como intención la conexión con la raíz de la fe en la unicidad, con el Pacto eterno entre HaShem y el pueblo de Israel. La intención de las siete aspersiones hacia abajo  es la de llevar la fe y el Pacto a los siete aspectos del mundo que fue creado en siete días. Esto se hace a los efectos de que la fe y el Pacto que son la raíz de la redención, se revelen en  el mundo sosegadamente y no mediante padecimientos. Es preciso que cada uno de los siete niveles esté unido a su raíz pues de esta se nutre. Por ello, el Cohen Gadol volvía a contar la primera aspersión junto a las siete dirigidas hacia abajo.

Una vez que se realizó la aspersión sobre la tapa del Arca del Pacto, el Cohen Gadol se retiraba e ingresaba en el recinto del Templo llamado “Kodesh” y asperjaba sobre la cortina (“parojet”) que separa esta sala del Kodesh Hakodashim, una vez hacia arriba y siete hacia abajo. Primeramente asperjaba con sangre del buey para expiar por sí y por sus hermanos los cohanim y luego lo hacía con la sangre del chivo para expiar por el pueblo de Israel. Esta expiación se corresponde con la percepción de la fe que llamamos unificación inferior o “ijud tajtón”, esto es, la Providencia Divina que nos juzga conforme a nuestras acciones, la cual si bien se desprende del Pacto Superior oculto en el Kodesh Hakodashim en el nivel de unificación superior, empero sus manifestaciones dependen de nuestras elecciones; en caso de optar por el bien abundará la bendición y si optamos por el mal esta se reducirá y abundarán los padecimientos. La aspersión hacia arriba tiene por finalidad la entrega total en la conexión con la fe de que HaShem es providente y cuida del pueblo de Israel en nuestra generación, mientras que las siete aspersiones hacia abajo se corresponden con la aplicación de la fe en la Divina Providencia en todos y cada uno de los aspectos de la vida de cada uno de nosotros.

Luego, la expiación continúa sobre el altar del incienso, tal como está escrito (Vaikrá 16:18-19): “Y saldrá al altar que está ante el Eterno y hará expiación por el altar (de oro que se encuentra en la sala del Templo) y tomará sangre del novillo y del macho cabrío y rociará con ella los cuernos del altar. Y rociará la sangre con su dedo índice siete veces  y así quedará el altar purificado  de las impurezas de los hijos de Israel”. En este altar no se realiza la aspersión una vez hacia arriba y siete hacia abajo pues esta expiación no tiene por cometido llevar la fe de su estado a superior, a todos los aspectos de la existencia en este mundo; sino que por el contrario, el objetivo es reunir y elevar todas las diversas tendencias de los corazones de los hijos de Israel y direccionarlas hacia la fe íntegra y completa. Toda imperfección existente en el sentimiento de la fe influye negativamente en el carácter de la persona, pudiendo manifestarse bajo la forma de irascibilidad, derrotismo, arrogancia o concupiscencia. La aspersión de la sangre sobre las cuatro esquinas del altar y las siete sobre este reúnen todos los anhelos de fe de los cuatro confines junto a las siete virtudes que se revelan en el corazón, y las conecta con el Pacto eterno que estableció HaShem con nosotros y con nuestros ancestros así como con la fe en la Providencia Divina sobre el pueblo de Israel. A los efectos de unificar todos los aspectos de la existencia y elevarlos a la fe, el Cohen Gadol debía, primeramente, mezclar la sangre del buey con la del chivo y con esta mezcla realizaba la aspersión en las cuatro esquinas del altar y las siete posteriores sobre éste.

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