10 – La impureza del accionar en el Templo es una carencia en la fe.

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Muchos sacrificios son ofrendados a los efectos de expiar las impurezas del accionar del pueblo en el Templo: en cada inicio de mes y en cada festividad se nos ordena sacrificar un chivo como ofrenda de “jatat” para expiar estas faltas. Sin embargo, este sacrificio no sirve para expiar a quien se enteró “post factum” que estaba impuro a la hora de realizar la ofrenda, entró en ese estado al Templo y comió así del sacrificio. En estos casos, la expiación se obtiene por medio del sacrificio de un chivo como ofrenda de “jatat” en Yom Kipur. Sin embargo, este chivo no sirve para expiar por quienes ingresaron  al Templo sabiéndose impuros y comieron intencionalmente de las ofrendas. Esta inconducta se expiaba mediante el sacrificio del buey y el chivo cuyas sangres se esparcían o rociaban en el Kodesh HaKodashim, el buey expiaba por los cohanim y el chivo por el resto del pueblo de Israel.

De todas maneras, los chivos que eran sacrificados públicamente como  ofrenda de “jatat” en Rosh Jodesh y festividades, expiaban la impureza del accionar en el Templo, tal como dijeron nuestros sabios (Tosefta Shvuot 1:3): “La impureza de accionar en el Templo es la más grave de las trasgresiones de la Torá, ya que estas últimas se expían mediante un chivo (que es enviado al Azazel) mientras que para expiar las impurezas en el accionar en el Templo se requieren de treinta y dos chivos (de Rosh Jodesh, Festividades y Yom HaKipurim). Todas las trasgresiones de la Torá se expían una vez al año (con el chivo que se envía a Azazel) mientras que la impureza en el accionar en el Templo se expía cada mes, tal como está escrito (Ezequiel 5:11): “Por Mi vida, dice el Eterno, que ya que tú has profanado Mi santuario con todas tus cosas detestables y con todas tus abominaciones, Yo también te despreciaré y Mi ojo no perdonará ni tendré piedad de ti”  Todas las abominaciones que realizaste fueron graves empero la impureza del accionar en el Templo es la peor de todas” Es menester que ampliemos un poco esta cuestión y la expliquemos mejor.

Los pecados de impureza del accionar en el Templo expresan una falta  en la fe, de la cual surgen todas las trasgresiones y aversiones. Esto se debe a que cuando una persona detenta una fe pura carente de toda mancha o defecto, esta se apega en su conducta a los Atributos Divinos, su vida interior se fortalece y su voluntad se orienta completamente a incrementar la vitalidad y bendición al mundo conforme a las indicaciones de la Torá; siendo así que  la inclinación al mal no puede con la persona. Sin embargo, cuando la fe es defectuosa, se origina una desconexión entre la voluntad de la persona y su fe, entonces cree que a los efectos de alegrarse en la vida debe actuar de modo contrario a las indicaciones de la Torá, por lo cual la inclinación al mal que surge de la carencia en cuestión se fortalece y se sobrepone, llevando a la persona al pecado.

Puede decirse que cuando la persona detenta una percepción de fe errónea, se puede considerar como quien ingresa al Sagrado Templo en estado de impureza. Esto es así ya que el pensamiento que acompaña a la fe puede asemejarse al ingreso al Templo y si hay defectos en la percepción de esta fe por falta de estudio suficiente o por defectos de carácter, es como si estuviese haciendo ingreso al Templo de la fe en estado de impureza. En caso de que la persona refuerce su convicción errada y actúe conforme a esta, se asemeja a quien consume las ofrendas sagradas del Templo en estado de impureza.

En esta cuestión hay diferentes niveles: normalmente una persona detenta una fe y actúa conforme a esta sin notar que su creencia no está del todo elaborada. Esto es expiado por los chivos de Rosh Jodesh y las fiestas. Otras veces la persona no presta atención a las incoherencias o imperfecciones de su creencia, empero a posteriori, se da cuenta que aún no elaboró suficientemente su fe. En este caso requiere de una expiación mayor en la figura del chivo de “jatat” exterior de Yom Kipur.

Sin embargo, todo ser humano llega a situaciones en las cuales surgen  preguntas respecto de cuál es el sentido u objetivo de  su vida, el significado interior de esta y cuál es su rol a cumplir en el mundo. Si en ese momento, a pesar de que la persona se da cuenta que su fe no está suficientemente elaborada, continúa con su rutina sin profundizar en el estudio de la Torá, sin refinar su carácter ni ahondar en la conformación de sus creencias, se asemeja a una persona impura que alevosamente ingresa al sagrado Templo. Si continúa aferrado a sus creencias consolidándolas sin hacer una introspección seria, se asemeja a una persona impura que premeditada y alevosamente come de las ofrendas del Santuario. Este es el mayor de los pecados pues como consecuencia del mismo, la persona “echa a perder su mundo” y su vida pierde significado. Una Luz Divina irrumpió repentinamente e iluminó la interioridad de la persona y por un momento el individuo ingresó en la zona sagrada de su alma, empero en vez de purificarse permaneció en estado de impureza y continuó con su rutina de vida. En un caso así, únicamente un buey y un chivo, cuyas sangres son esparcidas en el Kodesh Hakodashim, conjuntamente con teshuvá pueden expiar semejante inconducta.

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