03 – El “Cohen Hagadol”  (Sumo Sacerdote).

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La función de los cohanim es conectar al pueblo de Israel con su Padre Celestial mediante el ejercicio de las labores del Santuario, la profundización de la fe y la generosidad en el pueblo de Israel así como también mediante la impartición de halajá. A los efectos de que no precisen trabajar para obtener su sustento y puedan dedicarse completamente a su labor, la Torá ordenó que se les concedan ofrendas y demás presentes que corresponden al sacerdocio. A los efectos de preservar su pureza, se les advirtió  a los cohanim que no se impurifiquen con muertos que no son familia en primer grado. Además, se les advirtió que no se casen con una mujer divorciada o una hija resultante de una unión matrimonial prohibida para un cohen. Asimismo, es preceptivo nombrar como Sumo Sacerdote o Cohen Gadol al más encumbrado de los cohanim, y las reglas que sobre este se aplican son aún más estrictas por cuanto que no puede impurificarse ni estar de duelo por muerto alguno, aunque se trate de sus propios padre o madre y puede desposar únicamente una mujer virgen. Se lo nombra mediante la unción con el aceite específico de la asunción del cargo y mediante la investidura de los ocho ropajes correspondientes, tal como está escrito (Vaikrá-Levítico 21:10-12): “Y el cohen, el que fuere promovido por sobre sus hermanos, sobre cuya cabeza se habrá de verter el óleo de unción y que fuere investido para portar los ropajes, su cabellera no dejará crecer ni su ropa podrá rasgar. Y hasta ninguna persona muerta habrá de allegarse. Por su padre y por su madre no habrá de impurificarse. Y del Santuario no habrá de salir, y no habrá de profanar el Santuario de su D´s, ya que corona –el óleo de unción de su D´s está sobre él, Yo soy su D´s”

El Gran Tribunal de setenta y un ancianos debía decidir el nombramiento del Cohen Gadol (Rambám Hiljot Klei Hamikdash Vehaovdim Bo 4:12-15).

A diferencia de los demás cohanim que vestían únicamente cuatro ropajes durante la labor en el Santuario, el Cohen Gadol debía agregar otros cuatro con lo cual sumaba ocho. Si le faltaba un solo ropaje su labor quedaba sin efecto. Cada uno de los ropajes sacerdotales expresaba una idea particular y ayudaba a expiar un tipo de trasgresión que se corresponde con dicha idea. Tal como dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Arajín 16(A)): “La túnica (“kutonet”) expía el derramamiento de sangre, los pantalones expían las relaciones incestuosas, el turbante (“mitznefet”) expía por los soberbios, el cinturón (“avnet”) por los malos pensamientos, el pectoral expía por los rigores (“dinim”), el chaleco (“efod”) por la idolatría, la capa (“meil”) expía por las habladurías en público y la corona (“tzitz”) expía por las acciones de los despiadados”

El Cohen Gadol debe ser el más pío de los cohanim, seguidor de Aharón Hacohen que “ama la paz y la persigue, ama a las creaturas y las acerca a la Torá” (Mishná Avot 1:12). A los efectos de expresar el apego a D´s, el Cohen Gadol llevaba grabado en la corona sobre su frente las palabras “Kodesh LaHashem” o sea, consagrado a D´s. Para expresar su amor y responsabilidad por la generalidad del pueblo de Israel, llevaba grabados los nombres de los patriarcas y de las doce tribus en las gemas del pectoral sobre su corazón, y sobre las cadenas que lo amarran a sus hombros habían dos piedras preciosas que llevaban grabados los nombres de todas las tribus (Rambám allí 9:1, 9:7-9). El Cohen Gadol precisa ser selecto entre sus hermanos tanto en fuerza como sabiduría, belleza y riqueza. Si detentaba todas esas virtudes menos la de la riqueza, todos los demás cohanim aportaban de su patrimonio para que así alcance la completitud de las virtudes (Talmud Babilonio Tratado de Yomá19(A)).

Si se designaba como Cohen Gadol a quien no era suficientemente pío y no contaba con las virtudes antes mencionadas, a posteriori, igualmente, podía ejercer y toda la normativa del cargo recaía sobre él. Sin embargo, es claro que cuanto más justo fuese el Cohen Gadol mejor se desempeñaría en su rol de acercar al pueblo de Israel a su Padre Celestial.

Dijeron nuestros sabios (ídem 9(A)) que en los cuatrocientos diez años de existencia del primer Templo ejercieron dieciocho sumo sacerdotes, la mayoría de los cuales fueron justos por lo que fueron bendecidos con longevidad. Sin embargo, durante los cuatrocientos veinte años del segundo Templo ejercieron más de trescientos sumo sacerdotes, de los cuales únicamente tres fueron justos y fungieron largos años y casi todos los demás no lo fueron, compraban el puesto con dinero, no alcanzaban a completar un año de ejercicio y morían. Sobre esto está escrito (Proverbios 10:27): “El temor del Eterno prolonga los días pero los años del impío son acortados”.

En virtud de las inconductas de los sumo sacerdotes, en días del segundo Templo se dañaron la pureza y la expiación del pueblo de Israel en el día de Kipur, hasta que al final fue destruido y la nación salió al largo exilio.

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