13 – El significado de la expiación del chivo que es enviado a Azazel.

https://ph.yhb.org.il/es/15-10-13/

El chivo enviado al desierto comprende dos aspectos: desde un punto de vista interior su sangre se asemeja más a la humana que a la del resto de las bestias. Esto se manifiesta en su temple especial, por lo que es posible asperjarla en el Kodesh Hakodashim y de esa manera expresar el anhelo del pueblo de Israel por apegarse a HaShem con absoluta entrega. Desde un punto de vista exterior, el chivo tiende al salvajismo y la depredación, por lo que el ángel ministerial a cargo de las fuerzas destructivas recibe el nombre de “seir” (chivo). Incluso el ángel rector del malvado Esav, esto es, aquél que le acompaña, recibe también el nombre de “seir”, ya que su especialidad es destruir y arrasar. Por lo tanto, cuando los idólatras procuraban salvarse de una inminente destrucción o deseaban infligirla en sus enemigos, ofrendaban sacrificios a los “seirim”, o sea, a las deidades paganas de la maldad y la hecatombe. Por ello, la Torá advierte al pueblo de Israel que ofrenden sacrificios únicamente a HaShem. “Y no sacrificaréis más ofrendas a los “seirim” (demonios) tras los cuales os prostituís” (Vaikrá 17:7, Rambán 16:8).

En el día sagrado y solemne, en el cual se revela el Pacto Eterno de HaShem con el pueblo de Israel, y los judíos se elevan separándose, mediante el ayuno, de todas sus pasiones mundanas, el Cohen Gadol puede ingresar al Kodesh Hakodashim, asperjar allí de la sangre del chivo consagrado a D´s, y de esta forma expresar la voluntad interior de la nación toda de apegarse al Eterno, a Su Torá y a Sus preceptos con total entrega. De esta manera, ellos se purifican de las impurezas del accionar en el Templo y las “kelipot” o impurezas que impiden que la luz de la fe irradie en el alma se desvanecen. El bien y el mal que estaban mezclados en el interior de los judíos se separan uno del otro, y resulta claro que todas las trasgresiones cometidas son consecuencia de influencias exógenas que llevaron a creer que el pecado puede redundar en algún beneficio. Mas en realidad, estos pecados consumieron vanamente preciosas energías. Cuando el mal se separa del bien, pierde su fuerza y no consigue incitar a nadie puesto que el mal puede ser destructivo, únicamente, cuando está conectado al bien y por ende está vivo. Empero, cuando se lo separa y se lo aísla, retorna a su sitio de origen que es el páramo desértico, donde se desvanece. Esto se manifiesta mediante el envío del chivo que carga con todos los pecados del pueblo de Israel, a un sitio desolado y de perdición – al Azazel.

El chivo arrojado al Azazel encierra también otra idea profunda y es la de que se trata de un presente que HaShem nos ordena obsequiar en Yom Kipur a Samael, el ángel ministerial encargado del daño y la destrucción, quien reside en el desierto, sitio desolado y de perdición.  A los efectos de que quede claro que no pretendemos adorarle tal como lo hacen los idólatras, la Torá pone énfasis  en que “…el chivo que le toque en suerte a Azazel, será presentado vivo al Eterno para expiar con él y enviarlo a Azazel en el desierto” (Vaikrá 16:10). El chivo es presentado ante HaShem y Él es quien ordena enviarlo para expiar por el pueblo de Israel. Tal como dijeron nuestros sabios (Pirkei DeRabí Eliezer 46): “Dijo Samael ante el Eterno: Amo del Universo, me conferiste la potestad de acusar a todas las naciones del mundo, ¡mas sobre el pueblo de Israel no me autorizaste a hacerlo! Le dijo: tienes autorización para hacerlo en Yom Kipur si es que detentan algún pecado, y en caso de que no lo tengan, careces de potestad para acusarles. Por lo tanto le damos un soborno en Yom Kipur para que no impida que el pueblo de Israel ofrende su sacrificio”

Es necesario profundizar más sobre este punto. Durante todo el año nos encontramos en dura lucha contra nuestra inclinación al mal, pero en Yom Kipur, cuando el Cohen Gadol ingresa al Kodesh Hakodashim para conectar al pueblo de Israel con la raíz de la fe, los judíos son capaces de meditar sobre la naturaleza del mundo y darse cuenta que HaShem creó también las fuerzas del mal, las cuales poseen un rol y es el de permitir el libre albedrío. Por medio de estas, el ser humano puede elevarse a un excelso sitial desde  el cual puede manifestar la Imagen Divina que en él anida. Sin embargo, esta meditación sobre el carácter positivo del mal puede causar problemas muy serios ya que la persona puede auto engañarse y pensar que también al pecar hace algo bueno. Por ello, HaShem nos ordena enviar el chivo a Azazel únicamente en Yom Kipur, mientras afligimos nuestro ser y nos separamos de las bajas pasiones. Sólo entonces podemos mostrarle a Samael que comprendemos su importante rol, sin vernos arrastrados tras él. En ese momento Samael se tranquiliza y regodea de placer. Finalmente el pueblo de Israel le comprende y por ello ya no procura incitar a la trasgresión o acusar, ya que también él prefiere que los judíos opten por el buen camino y por ello se decide a presentar un testimonio positivo en su favor.

Esta entrada fue publicada en 10 - La "Avodá" –la labor sagrada- en el Templo en Yom Kipur. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *