06 – Las inmersiones y las abluciones de pies y manos.

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Es precepto de la Torá que el Cohen que ingresa al Templo para realizar sus  labores, aunque se encuentre en estado de pureza, debe abluir sus pies y sus manos. Los sabios agregaron que debe también tomar un baño ritual sumergiendo todo su cuerpo en la Mikvé (según la opinión de Rabí Iehudá en el Tratado de Yomá 30(A), Rambám Hiljot Avodat Yom Hakipurim 2:3). Todo el tiempo que el cohen sigue trabajando en el Templo no precisa abluir sus manos o pies nuevamente o sumergirse en la “Mikvé”. Si tuvo que hacer sus necesidades fisiológicas pequeñas (orinar) debe volver a abluir sus manos y pies, mas, si tuvo que hacer sus necesidades fisiológicas mayores (defecar) o si salió del patio del Templo (azará) por un periodo importante, debe volver a sumergirse en la Mikvé amén de abluir sus manos y pies (Rambám Hiljot Biat Mikdash 5:3-5).

La inmersión se llevaba a cabo en la Mikvé contigua al patio del Templo, y la ablución de manos y pies se realizaba con agua que salía de las canillas del recipiente (“kior”) que se encontraba entre el edificio del Templo y el altar exterior.  El cohen colocaba su mano derecha sobre su pie derecho y los lavaba juntos, luego colocaba su mano izquierda sobre el pie izquierdo y los lavaba juntos. Un cohen que llevaba a cabo su labor sagrada sin haber purificado previamente sus manos y sus pies, era pasible de muerte a manos del cielo, tal como está escrito (Shemot 30:18-20): “Habrás de hacer una pila de cobre y su base de cobre, para ablución. Y la colocarás entre la Tienda de Reunión y el Altar, y pondrás allí agua. Y purificarán Aharón y sus hijos con agua de la pila, sus manos y sus pies. Al entrar ellos a la Tienda de Reunión se purificarán con agua para que no hayan de morir. O al acercarse ellos al Altar, para servir, para hacer consumir sacrificio ante HaShem”

En Yom Kipur, además de la inmersión y la ablución de manos y pies, previo a la labor sacra, el Cohen Gadol debía realizar una inmersión cada vez que cambiaba sus vestimentas de oro para vestir las de color blanco, tal como está escrito (Vaikrá 16:4): “Son vestidos sagrados. Primeramente bañará su cuerpo en el agua y luego se pondrá aquellas vestiduras”. Otro tanto debía hacer al cambiar su vestimenta blanca por la de oro, tal como está escrito (ídem 16:23-4): “Y entrará Aharón a la Tienda de Reunión y se quitará las vestiduras de lino que había vestido cuando entró al Santuario, y las dejará allí. Y hará una ablución de su cuerpo en el agua -en el lugar sacro- y se revestirá con sus ropajes…”

Además, es precepto de la Torá que el Cohen Gadol purifique sus manos y pies dos veces cada vez que cambia de ropas, una vez antes de desvestirse de sus vestiduras sacerdotales anteriores y otra después de haber vestido las nuevas. Es así que el Cohen Gadol en Yom Kipur realizaba cinco inmersiones y diez abluciones (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 32(A)). Todos los días del año el Cohen Gadol lavaba sus pies y sus manos en el “kior” al igual que los demás cohanim, empero en Yom Kipur, en virtud de su encumbrado status y a los efectos de evitar agobiarlo yendo reiteradamente al “kior”,  le traían el agua en un recipiente de oro y de este abluía sus manos y pies (ídem 43(B)).

La inmersión implica la purificación y la liberación de una situación anterior y el pasaje a un nuevo nivel. Las vestiduras blancas tenían la virtud de que permitían la elevación a un nivel superior y abstracto, mientras las vestiduras de oro tenían la virtud de permitir revelar la santidad en todos los matices de este mundo. A los efectos de poder obtener un nuevo nivel, pasaje que se manifiesta en el cambio de ropajes, el Cohen Gadol debía realizar una inmersión.

La ablución de manos y pies tiene por finalidad elevar y unificar todas las energías de los cohanim en pos de la sacra labor. La ablución se hace en las manos y los pies pues estos expresan la puesta en práctica de todas las capacidades humanas, las manos como forjadoras de labores y los pies como implantadores de estas realizaciones en el mundo. Esto está insinuado en los diez dedos que se corresponden con las diez frases mediante las cuales el Eterno creó el mundo, y el ser humano por haber sido creado a Imagen Divina participa con sus diez dedos de la reparación del mundo y su mejoramiento.

En Yom Kipur, el Cohen Gadol debía abluir sus manos y pies dos veces con cada cambio de vestiduras. Una vez antes de quitarse las prendas con las que había llevado a cabo las labores anteriores. La razón de este cambio obedece a que cuando el hombre tiene el mérito de poder llevar a cabo una labor espiritual especialmente elevadora, todas sus capacidades se ven fortalecidas en su interior, y la Iluminación Divina que recibe lo protege de las pasiones e instintos que se vieron también vigorizados y podrían desviarlo del buen camino. A los efectos de que estas pasiones no afecten a su persona, el Cohen Gadol debía abluir sus manos y pies antes de quitarse los ropajes y de esta manera sellaba de pureza las nuevas energías que se le habían revelado en su labor anterior. Luego, abluía sus manos y pies una segunda vez tras vestir los nuevos ropajes, para santificar sus fuerzas de cara a la nueva labor y para que no estén aun ligadas a la anterior (según Orot Hateshuvá 14:33)

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