16) Idolatría y casas de gentiles perversos

Cuando un judío se encuentra en su camino con una imagen idolátrica, en su camino se consterna por la magnitud de la transgresión y el error de quienes la practican, por lo que le surge una pregunta: «¿Cómo es posible que HaShem permita que pequen de esa manera?» Sin embargo, es menester que él comprenda que D´s dirige el mundo de manera paciente y permite a los seres humanos que lleguen por sí solos a la verdad sin que medie intervención milagrosa. Es así como, de modo natural, a través de la experiencia y la consciencia de los seres humanos HaShem hace que las circunstancias se vayan dando de tal manera que los errores se van desvaneciendo uno tras otro. De esta manera, en un proceso gradual del cual los seres humanos son partícipes llegará el mundo a la creencia verdadera. En caso de que los seres humanos escojan el bien, el proceso habrá de ser breve, pero en caso de que abunden los yerros este tomará más tiempo y conllevará sufrimientos. A los efectos de que consolidemos en nuestros corazones esta consciencia, nuestros sabios establecieron que se recite una bendición cuando se divisa un lugar de idolatría, y otra cuando se ve un sitio del cual esta fue erradicada.

Quien ve un lugar donde se practica idolatría habrá de bendecir: «Baruj Atá Ad-onai Eloheinu Melelj Haolám Shenatán Erej Apaim Le-ovrei Retzonó» («… que es paciente con quienes desobedecen Su voluntad») (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 57(B), Shulján Aruj 224:1). Se bendice cuando se contempla directamente la idolatría, por ejemplo, al ver un altar o una estatua de una deidad, empero cuando se ve un edificio en el cual esta se encuentra – no se bendice (Bait Jadash).

Si se ve una idolatría semejante a la ya vista dentro de los treinta días – no habrá de bendecir. Si este plazo aún no pasó, pero se divisa otro tipo de culto idólatra, aunque sea de un tenor semejante – se bendice.

Empero, en el caso de quienes habitan entre idólatras, dado que están acostumbrados a sus estatuas – no bendicen al verlas. Aunque en la práctica no se haya visto idolatría durante treinta días, dado que su presencia resulta rutinaria y no tiene nada de novedosa – al verla no se bendice (Ramá 224:1, Eliahu Rabá, Mishná Berurá 3). En cambio, si se ven estatuas de otra religión a la que no se está habituado – habrán de bendecir.

Quien ve un sitio del cual la idolatría fue desterrada bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Sheakar Avodá Zará Meartzenu» («…que desterró la idolatría de nuestra tierra»). Quien lo ve fuera de la tierra de Israel, en vez de «nuestra tierra» – dirá «Min Hamakóm Hazé» («de este lugar»). Tras recitar la bendición se dice: «Keshem Sheakarta Otá Min Hamakóm Hazé, Ken Taakor Otá Mikol Hamekomot, Vehashev Lev Ovdeihem Leovdejá» («Así como desterraste la idolatría de este lugar, destiérrala de todas partes y torna hacia ti los corazones de quienes la practican»). Y aunque la idolatría haya sido desterrada de un sitio para pasar a otro, se bendice por el sitio del cual esta se retiró y por aquel en el cual esta aún perdura se recita «Shenatán Erej Apaim Leovrei Retzonó» (Shulján Aruj y Ramá 224:2). Es correcto que los guías turísticos incluyan en los paseos sitios en los cuales se practicaba antiguamente la idolatría, y relaten a los turistas cómo en el pasado quienes rendían culto a esas deidades estaban convencidos que continuarían adorándolas para siempre, y finalmente, bajo la influencia de la fe de Israel, esa religión desapareció de la faz de la tierra, y entonces todos habrán de recitar la bendición correspondiente.

Quien ve residencias lujosas de gentiles perversos, o tribunales y edificios de gobernación de su pertenencia, que diga: «Beit Gueím Isaj HaShem» («HaShem derribará la casa del altanero») (Mishlei-Proverbios 15:25). Lo mismo se ha de decir al ver un edificio en el cual se rinde culto idólatra sin divisar la estatua adorada, o al ver una mezquita que pertenece a malvados que odian al pueblo de Israel. Al ver estos edificios destruidos se habrá de decir: «E-l Nekamot HaShem, E-l Nekamot Hofía» («HaShem de las venganzas, oh HaShem de las venganzas muéstrate») (Salmos 94:1) (Shulján Aruj 224:11, Mishná Berurá 15).

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