12) Creaturas bellas y árboles

Quien divisa animales bonitos o especialmente habilidosos, así como quien contempla árboles hermosos o especialmente agradables, y quien ve un ser humano especialmente agraciado tanto judío como gentil bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Shekaja Lo Beolamó» (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 58(B)). Muchas veces las personas suelen pasmarse al ver creaturas especialmente bellas, fuertes o grandes, e incluso hay quienes organizan competencias de belleza o de fuerza entre distintos participantes (tanto de seres humanos como animales). Si bien no rendimos culto a la belleza, o la fuerza o el tamaño tal como lo hacían los griegos, de todas maneras no ignoramos la importancia de estas cualidades. Por ello, nuestros sabios establecieron que quien ve una creatura que el común de las personas suele asombrarse por su belleza, dimensión o fuerza, recite una bendición de alabanza a HaShem y destaque de tal modo que todo proviene del Creador Bendito Es. Del hecho que se recite la misma bendición tanto por animales o seres humanos podemos aprender que no vemos en la belleza una prerrogativa exclusiva de la especie humana.

Si bien los sabios establecieron esta bendición como obligatoria, muchos acostumbran a no recitarla, pues con frecuencia resulta dificultoso -para quien está observando- el decidir si la creatura que tiene delante es suficientemente bella como para bendecir. Empero desde el punto de vista de la halajá, corresponde que la persona no sea tan meticulosa, dado que los sabios depositaron en sus manos la decisión, entonces todo aquel que vea una creatura especialmente admirable – que bendiga.

Existen dos tipos de creaturas hermosas: el más común se refiere a aquellas que se consideran especialmente bellas o destacadas respecto de sus pares. Por ejemplo, un caballo especialmente bello o fuerte, mucho más que el común de los equinos. Quien lo nota – deberá bendecir. Quien no acostumbra a fijarse en caballos – que no bendiga, ya que no puede apreciar la peculiaridad de ese animal específico. Si una vez que le dijeron que se trata de un caballo especialmente bello y fuerte, presta atención, percibe las cualidades y se maravilla – debe bendecir. Lo mismo ha de ocurrir si se trata de una vaca lechera de la cual se extrae mucha más leche que de las restantes. Así también habrá de actuar con los demás animales y árboles.

El segundo tipo está referido al de especies que se consideran especialmente bellas respecto de las demás, al punto que los seres humanos acuden a verlas. Por ejemplo: los peces de colores de la bahía de Eilat que son considerados especialmente vistosos respecto de los demás peces, un loro grande y de colores vistosos que es considerado bello respecto de las demás aves, o especies de árboles gigantes que se les considera más impresionantes que el común de los árboles. Quien ve una de estas especies – debe bendecir.

Tal como se bendice por un animal, de igual manera se bendice por un ser humano especialmente hermoso, grande o fuerte, o ante un deportista que alcanzó logros fuera de lo común, como quien obtuvo un campeonato local o ganó una presea olímpica. Debemos sin embargo aclarar que si la belleza especial es producto de una cirugía o si la fuerza fuera de lo común es el resultado del consumo de esteroides, por cuanto que no se trata de cualidades naturales – no se ha de bendecir. Por cuestiones de recato un hombre no habrá de bendecir ante una mujer (ver Talmud Jerosolimitano Tratado de Berajot capítulo primero final de la quinta halajá).

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