20) La bendición a los reyes en nuestra generación

Los juristas escribieron que todo aquel gobernante o presidente que es comparable a un rey, según la ley puede decretar una ejecución y nadie puede contradecirlo, esto es, vetar una decisión suya o sobreponerse a su veto, se recita ante él la bendición de los reyes (Responsa Rabí Abraham ben Rabí Itzjak Av Bet Din 32, Rabí David ben Zimrá 1:296, Maguén Abraham, Mishná Berurá 224:12).

Según esto, en nuestros tiempos casi que no quedaron reyes por los cuales se pueda bendecir, ya que los líderes de los países democráticos dependen de los parlamentos y los tribunales y además sus mandatos están limitados a determinado número de años. Solamente en países atrasados quedaron algunos dictadores con estatus de reyes a los que al verlos es preceptivo bendecir. Empero, si el gobernante es sumamente ruin, al punto que resulta preceptivo rebelarse contra él – ya aprendimos que no se bendice.

Sin embargo, hay juristas que entienden que también por los gobernantes contemporáneos se debe bendecir, y si pasaron treinta días desde la última vez, al verlos – se debe volver a bendecir. Esto se debe a que el aspecto principal del reinado y el honor asociado a este es la potestad de dirigir al pueblo. También hoy, esta facultad influye indirectamente en la vida de las personas. Por ejemplo, el líder de un país establece la política económica y la distribución de los recursos, y de esa manera define quién tendrá sustento y qué enfermos serán tratados. El gobernante contemporáneo tiene también la potestad de impulsar una guerra o extender su alcance, por lo general asesorándose con el parlamento, y en caso de emergencia decidir por ella solo. Los juristas mencionan otra condición para considerar a un gobernante «monarca» y bendecir al verlo y es que vista ropajes reales. En caso de que vista como una persona cualquiera – no se bendice ante él (Responsa Nivjar Mikesef 3). Empero, hoy en día el honor gubernamental no se manifiesta en la ropa que visten los líderes. Como prueba de ello vemos que el presidente de los Estados Unidos quien viste un traje común, recibe un tratamiento más honorable que muchos monarcas africanos vestidos en sus atavíos reales tradicionales. Por lo tanto, la regla es la siguiente: si el presidente hace aparición con su séquito de guardaespaldas y ayudantes de acuerdo con las reglas del protocolo – se bendice ante él. Empero, cuando se encuentra de vacaciones o en el seno de su familia – no se bendice al verlo. Esta fue la costumbre de muchos rabinos que bendijeron ante los presidentes de los Estados Unidos, Francia o ante el Primer Ministro británico. Hay quienes bendijeron también ante la reina de Inglaterra ya que si bien carece de potestades gubernamentales, es enormemente prestigiosa y su reinado se prolonga ininterrumpidamente.

Sin embargo, nos parece que no corresponde recitar la bendición ante líderes de países democráticos, ya que no se los puede considerar monarcas. Pues esta fue la idea básica sobre la que se asentaron estos países – dejar sin efecto el enorme poder que concentraban los reyes. A los efectos de lograrlo se libraron numerosas revoluciones y guerras, se ejecutaron reyes y se establecieron instituciones gubernamentales democráticas en el marco de las cuales los ciudadanos son quienes eligen a los líderes. Para poder equilibrar y limitar el poder de los gobernantes electos, y además evitar que en el correr del mandato se apropien de potestades gubernativas suplementarias que los equipare en gran medida a monarcas, se establecieron instituciones tales como un parlamento fuerte y un aparato judicial independiente y además se limitó el período del mandato de los diferentes líderes.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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