19) Bendición por un rey de Israel y por un rey gentil

Ver a un rey genera emoción. He aquí un ser humano que proviene del polvo y a este habrá de retornar, hijo de una mujer como todos los seres humanos, empero todos lo respetan y posee el poder de gobernar a sus semejantes. A los efectos de enfocar correctamente nuestro pensar, los sabios de Israel establecieron una bendición que exprese nuestra fe en que el gobierno pertenece a D´s y Él se lo otorgó a un mortal. Esta bendición no implica tomar posición respecto de si el rey en cuestión es una persona justa o malvada sino la fe en que HaShem dirige el mundo. A veces, en virtud de las transgresiones cometidas por determinada generación D´s envía un rey perverso como Nabucodonosor para castigarla e inducirla al retorno. Por lo tanto, por todo rey se bendice, sea justo o malvado (Responsa Lev Jaím 3:55). Corresponde agregar que al recitar la bendición se refuerza la postura espiritual independiente respecto del rey, pues en esta decimos que HaShem es la fuente de la autoridad y el honor, y por ende Su Torá y los valores eternos que esta contienen son anteriores y superiores al monarca.

Quien ve a un rey de Israel bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Shejalak Mikvodó Lireav» («…que otorgó de Su Gloria a quienes Le temen»). Quien ve un rey gentil bendice: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám Shenatán Mikvodó Lebasar Vadam» («…que otorgó de Su Gloria a los mortales»). Generalmente, los monarcas gentiles solían ser soberbios y crueles y por su parte, los reyes judíos solían ser conocidos como generosos (ver Melajim-Reyes I 20:31), y veían en su reinado una misión Divina de inculcar los valores de la Torá y la moral. Si bien de acuerdo con el estricto criterio de los profetas de Israel muchos de nuestros reyes fueron considerados como pecadores, comparados a los reyes de las naciones, eran considerados temerosos de Dios. De todas maneras, en la práctica, por aquellos malvados reyes judíos corresponde bendecir «Shejalak Mikvodó Lebasar Vadam». Creemos que, si el rey es extremadamente malvado, mucho más allá de lo aceptado, al punto que por la halajá corresponde rebelarse contra él, sea judío o no – no se lo bendice.

Dijeron nuestros sabios: es preceptivo ir a ver al rey, aunque sea un monarca de las naciones, pues es bueno que una persona medite sobre el orden del universo y reconozca el gobierno y el honor al poder establecido. Esa percepción, le ayudará a poder comprender el valor de la Torá y la fe, cuya grandeza es eterna e infinitamente superior. Y si ha de ser meritorio, podrá discernir entre el honor que merecen los reyes en este mundo al verdadero honor del que es merecedor el Rey Mashíaj (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 58(A), Shulján Aruj 224:9). Quien ya vio al rey no es preceptivo que vuelva a hacerlo, y sólo en caso de formar parte de una delegación importante que lo va a visitar resulta preceptivo volver a verlo (Sefer Jasidim, Mishná Berurá 224:13).

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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