01) Introducción al tema

Cada día, en las bendiciones matinales, en las bendiciones del recitado del Shemá y en los diferentes rezos, alabamos Y agradecemos a D´s por el mundo maravilloso que creó para nosotros. Empero, además del orden fijo de los rezos y las bendiciones, a veces nos confrontamos con imágenes especiales, emocionantes e inspiradoras, y a fin de expresar su trascendente contenido, nuestros sabios establecieron bendiciones por su contemplación, para de esa forma conectarlas con su origen espiritual. Es así como se establecieron bendiciones al contemplar paisajes especiales, fenómenos naturales, sitios en los cuales sucedieron milagros, la fundación de nuevos poblados en la tierra de Israel, sabios y reyes, personas bellas o de aspecto diferente, así como también visiones que sacuden el alma tales como las de idolatría o de cementerios.

Los sabios establecieron que estas bendiciones sean obligatorias. Sin embargo, en caso de despertarse una duda respecto de una determinada vista, si es parte de la generalidad de las cosas por las que se ordenó bendecir – no se bendice, ya que en caso de duda respecto del recitado de una bendición se aplica la opinión más flexible. Quien desee cumplir con mayor excelencia podrá recitar la bendición en cuestión sin pronunciar el Nombre de Dios («Beló Shem Umaljut»).

A los efectos de recitar estas bendiciones es necesario que se cumplan las siguientes condiciones: primero, que se trate de un paisaje especial que despierta el asombro en la mayoría de las personas. La segunda, que quien lo contempla no lo ha visto en los últimos treinta días, por lo que el verlo implica una nueva realidad (Shulján Aruj 218:3, 224:13). Si bien existen personas especialmente sensibles, que aun tan sólo después de una semana se habrán de emocionar al volver a contemplar una vista especial, y hay otras que son indiferentes y tampoco después de un año se habrán de conmover con lo que ven, nuestros sabios estipularon que se bendiga según lo que es corriente en el seno de la mayoría de gente, en las que pasados treinta días de la última vista, el volver a contemplar despierta en sus mentes la sensación de novedad.

A los efectos de facilitar la contabilidad de los días, digamos que el día treinta y uno, aquél en el cual se vuelve a bendecir cae siempre el tercer día una vez pasadas las cuatro semanas. Si se vio por vez última un domingo, el día treinta y uno será un martes cuatro semanas después. Si se vio un lunes el día treinta y uno llegará un miércoles cuatro semanas después.

La bendición se debe recitar mientras se contempla, o a lo sumo, en el tiempo que lleva decir tres palabras («toj kedei dibur») tras la finalización de la contemplación (ver Shulján Aruj 227:3, Beur Halajá 218:1, ‘במקום’).

Cuando varias personas se encuentran juntas y deben recitar la misma bendición corresponde que cada quien bendiga por sí mismo. En caso de haber personas presentes que no saben bendecir es mejor que uno lo haga por ellos (arriba 12:7).

Quien contempla vistas a través de lentes, se considera como una visión natural, empero quien ve por medio de una foto, película o telescopio no ha de bendecir ya que este tipo de observación no genera asombro en igual intensidad que la vista natural. Esto queda demostrado del hecho que las personas no se conforman con ver fotos o películas, sino que salen de paseo para contemplar los paisajes de forma directa.

¿A partir de qué distancia se puede recitar la bendición?  Aquella desde la cual es posible maravillarse por la contemplación de ese paisaje. Si se trata de una montaña o el mar, se puede bendecir desde una gran distancia, y para bendecir por una colina es necesario acercarse más a los efectos de apreciar su forma particular. Para recitar una bendición ante un sabio o un rey, es necesario acercarse todavía más para poder discernir su silueta, y para bendecir por una creatura bonita es necesario acercarse aún más de modo tal que se pueda apreciar su belleza.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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