11. Cuestiones referidas al rezo y la lectura de la Torá.

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No se recita Vidui (confesión de pecados) en Rosh HaShaná, tanto sea en su versión colectiva como individual. Esto se debe a que el tema central del día es la coronación de HaShem sobre nosotros y el mundo entero, y pedir que el próximo sea un año bueno en el que podamos revelar la Gloria de su reinado; por lo que no corresponde ocuparse en un día así en nuestra reparación individual a la que se le dedican todos los demás días de retorno o teshuvá. Asimismo, en un día así, no corresponde recordar trasgresiones que atentan contra la Gloria de su reinado. Más aún, se teme que al hacerlo se pueda reforzar el argumento de los fiscales que se presentan contra nosotros (Zohar II 186:1, según el Arí Z»l entre los diferentes toques del Shofar puede uno confesarse en voz baja, ver adelante 4:7).

Hay quienes opinan que así como no se recita Vidui en Rosh Hashaná, de la misma forma debe omitirse en la plegaria «Avinu Malkenu» (Nuestro Padre, Nuestro Rey) las frases que recuerdan el pecado, como por ejemplo: «Avinu Malkenu, hemos pecado ante Ti» (Beit Iosef, Arí Z»l). Hay quienes acostumbran recitar en Rosh Hashaná todo el texto de «Avinu Malkenu», ya que las frases que recuerdan pecados no se consideran confesión sino la descripción de una situación general (Ramá 584:1, Mishná Berurá 3).

Si bien Rosh Hashaná es un día festivo en el cual correspondería recitar Halel, esto no se hace ya que se trata del Día del Juicio (ver arriba inciso 4).

Hay muchas variantes en la Amidá de los Días Solemnes (Yamim Noraím) y la principal de todas es que en la tercera bendición decimos «HaMelej HaKadosh» (El Rey Santo) en vez de «HaE-l HaKadosh» (El D´s Santo). Si alguien por error dice «HaE-l Hakadosh» en vez de «HaMelej HaKadosh» no cumple con su deber, tal como se verá más adelante (5:2). Las reglas referidas al oficiante y las diferentes costumbres ya fueron explicadas (2:10), al igual que la costumbre de ponerse de pie al abrirse el arca sagrada y la de que hoy día no se debe rezar Amidá en voz alta (2:11).

Al igual que en todas las festividades (Yamim Tovim) cinco personas son llamadas a subir a la lectura de la Torá (Pninei Halajá Moadim 2:8). Se lee la Parashá o porción de lectura que comienza con las palabras «Y el Eterno recordó a Sará» (Bereshit 21:1-34) y en la Haftará (porción de los Profetas) se lee cuando Janá dio a luz a Shmuel (Shulján Aruj 584:2). Esto se debe a que en Rosh Hashaná («nifkedú») fueron recordadas para bien por Hashem para ser madres, tres mujeres justas: nuestra matriarca Sará que tuvo a nuestro patriarca Itzjak, nuestra matriarca Rajel que tuvo a Iosef el justo y Janá que tuvo al profeta Shmuel (Talmud Babilonio Tratado de Rosh HaShaná 10(B)). La esterilidad de estas mujeres obedecía a que en virtud de lo elevado de sus personas debían traer al mundo almas tan innovadoras que de modo natural no podían nacer, y sólo en mérito de la renovación de Rosh HaShaná pudieron quedar embarazadas. La mayor parte de la porción de lectura de la Torá en cuestión se ocupa de la expulsión de Ishmael, relato del cual se pueden rescatar dos principios fundamentales: a) A pesar de lo dolorosa de la situación, la expulsión de Ishmael no implica un problema moral ya que de haberlo los sabios no habrían incluido este pasaje para leer, a los efectos de que no funja como acusación contra nosotros en el Día del Juicio b) Justamente en Rosh HaShaná, Día del Juicio, es necesario diferenciar entre el pueblo de Israel y las demás naciones que no están dispuestas a aceptar la gran misión de reparar el mundo conforme a la Voluntad de D´s, tal como se diferenció a Ishmael de Israel.

En el segundo día de Rosh HaShaná se lee la porción de «Akedat Itzjak» o «ligazón de Itzjak» (Bereshit 22:1-24) para recordar ante HaShem el mérito del accionar de nuestros ancestros. Para la Haftará se lee la profecía del consuelo de Irmiahu (31:1-19). En los dos días se a acostumbra retirar del arca sagrada un segundo rollo de la Torá del cual se lee la porción del sacrificio del día, y el Maftir o persona que ha de leer la Haftará es llamado a bendecir sobre éste (Beit Iosef Oraj Jaím 488:2).

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