04. Vestimenta y alimentos festivos.

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Rosh Hashaná es “Día de Juicio y Toque de Shofar” así como también “Día de Sagrada Convocatoria” que debe ser consagrado mediante comida, bebida y vestimenta bonita (Safra Emor 12:4, Pninei Halajá Moadim 1:7). Asimismo una mitad del día debe ser dedicada a D´s al igual que en los días de fiesta y Shabatot. Empero, dado que en este día se reza extensamente, el tiempo de las plegarias se descuenta del tiempo de estudio de Torá, por lo que hay que tener cuidado de que el tiempo dedicado a los rezos más el destinado al estudio sume al menos nueve horas (tal como se explica en Pninei Halajá Moadim 1:5-6).

Dado que todas las fiestas están relacionadas entre sí (Talmud Babilonio Tratado de Shvuot 10(A)), y así como en las tres fiestas de peregrinación es preceptivo alegrarse, de la misma manera debemos hacerlo en Rosh Hashaná mediante la ingesta de carne y vino. Por esta razón Rosh Hashaná es también denominado “Jag”, fiesta, tal como está escrito (Salmos 81:4): “Tocad Shofar ante la nueva luna, en lo oculto de nuestra festividad“.

Empero, dado que es también un día de juicio y “truá”, se nos ordenó alegrarnos mas no con la plenitud de las demás festividades, por lo que en el rezo no incluimos la expresión “fiestas para la alegría, tiempos para el regocijo” (“moadim lesimjá, jaguim uzmanim lesasón”) que recitamos en las demás fechas festivas (Shulján Aruj 582:8). Asimismo, tampoco se recita Halel. Respecto de esto los ángeles de la Corte Celestial preguntaron al Kadosh Baruj Hú: “¿Por qué los judíos no cantan delante de Ti en Rosh Hashaná y Yom Kipur?” Les respondió: “¡¿Es posible que el Rey esté sentado en el Trono de Justicia con los libros de los vivos y los muertos abiertos delante Suyo y los hijos de Israel entonen cánticos?!” (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 32(B), ídem Tratado de Arajín 10(B), Shulján Aruj 584:1, ver Pninei Halajá Moadim 2:7).

Por lo tanto, es preceptivo llevar a cabo dos comidas festivas importantes, una por la noche y la otra de día alegrándose con la ingesta de carne y vino. Sin embargo, los sabios medievales (Rishonim) escribieron que en Rosh Hashaná no se ha de comer hasta quedar satisfechos para evitar que se distiendan los ánimos y la sensación del temor a D´s sea constante (Shulján Aruj 597:1). Las comidas de Rosh Hashaná deben ser más importantes y alegres que las de Shabat pero no como las de las tres fiestas de peregrinación (“Shloshet Haregalim”).

Asimismo, es preceptivo vestir en Rosh Hashaná prendas bonitas e importantes, así como también lavarlas previo a la fiesta. Empero, no se visten las mejores ropas como en las demás fiestas en virtud del temor que nos infunde el juicio. Hay personas que acostumbran a vestir ropas blancas en Rosh Hashaná (Shulján Aruj 581:4, Mishná Berurá 25). Quien tiene el pelo demasiado crecido de modo tal que no resulta respetuoso, debe cortárselo de cara a la fiesta. Quien acostumbra a afeitarse debe hacerlo en honor a Rosh Hashaná (Shulján Aruj 581:4).

Aprendimos de Ezra el Escriba, que conjuntamente con el despertar del retorno y el arrepentimiento, ordenó al pueblo alegrarse en Rosh Hashaná por tratarse de un día sagrado para D´s. En días de la construcción del segundo Templo y de los inicios del establecimiento de los judíos en la tierra de Israel tras el exilio babilónico, muchos de los judíos que carecían de conocimientos suficientes de Torá tampoco cumplían correctamente con sus preceptos. En Rosh Hashaná, Nejemia, el líder político de la congregación y Ezra que era el líder espiritual de la misma, reunieron a todos, hombres y mujeres, para despertarlos e impulsarlos a la teshuvá. Ezra leyó en público la Torá desde la mañana hasta el mediodía explicándoles su contenido y el tenor de los preceptos. Cuando los oyentes entendieron que habían cometido numerosas trasgresiones, se despertó en ellos el deseo de retornar a D´s por lo que comenzaron a adoptar actitudes luctuosas y comenzaron a llorar. Ante ello, Nejemia y Ezra procuraron animarles y les dijeron (Nejemia 8:9-12): “Este día es sagrado para el Eterno vuestro D´s, no os lamentéis ni lloréis; porque toda la gente lloraba al oír las palabras de la Ley” Además, ordenaron a la  congregación que lleven a cabo banquetes: “comed carnes gordas y bebed vino dulce y manden porciones para quienes nada se ha preparado (pobres) porque este día es santo para nuestro Señor. Cesad las lamentaciones porque la alegría del Eterno es vuestra fuerza. De tal modo los levitas acallaron a toda la gente, diciendo: “No estéis tristes porque el día es santo. Cesad vuestros lamentos”. Les ordenaron comer carne gorda y beber vino dulce para cumplir así con el deber festivo. Además, esto implica una buena señal para que el año entrante sea abundante y dulce (Rabenu Asher a Tratado de Rosh Hashaná 4:14). “Y todo el pueblo se alejó para comer, beber y enviar porciones (a los demás) y regocijarse, porque habían comprendido las palabras que se les habían dicho”. Entendieron que Hashem no busca castigarlos sino que se regocija con su teshuvá.

De todas maneras, en los días de los Gaonitas y de los sabios medievales había píos y eruditos que ayunaban en Rosh Hashaná. Resulta que en virtud de los padecimientos del exilio sentían necesidad de identificarse con el dolor de la Divina Presencia (“Shejiná”) ya que ¿cómo podrían comer y alegrarse en el Día del Juicio cuando la Divina Presencia se encuentra en el destierro? Estas personas procuraban llevar a cabo una teshuvá más intensa, acompañada de flagelos y diferentes padecimientos con el fin de anular la adversidad del decreto. Empero, en la práctica, la halajá que se determinó indica que también en los duros días del exilio es preceptivo llevar a cabo banquetes festivos en Rosh Hashaná y por ende está prohibido ayunar.

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