1 – Alegría y generosidad

Los preceptos de Purim aparecen mencionados en el Libro de Esther (9:22): «un mes que se convirtió para ellos de pesadumbre a mes de júbilo, y de un tiempo de duelo a día festivo, día de enviarse presentes los unos a los otros y dádivas a los pobres».

El alegrarse en Purim es un precepto muy singular y viene a manifestar los aspectos físicos y materiales de la vida. Así como el edicto de exterminio fue apuntado contra las almas y contras los cuerpos, de la misma manera la alegría festiva debe incluir a ambos ámbitos de la existencia, el cuerpo y el alma. Es así que además de la lectura de la Meguilá, que expresa el aspecto espiritual de la persona, existe el precepto de celebrar un banquete con comida y bebida en abundancia. Se pone especial énfasis en beber vino hasta perder algún grado de conciencia, para así expresar que el Pueblo de Israel es santo y que incluso en estado de inconciencia los judíos se  mantienen conectados y apegados a D´s.

La alegría debe ir acompañada de un incremento del amor y la unidad entre todos los miembros del Pueblo Judío. Esa es en definitiva, la verdadera alegría que expresa el carácter expansivo y amplio del amor al prójimo. Por el contrario, quien come y bebe, solo es una persona limitada, concentrada únicamente en la satisfacción de sus propias pasiones y por lo tanto nunca va a poder conocer la verdadera alegría. Esta es la razón por la cual se nos ordenó el precepto de enviar porciones de comida unos a otros.

No se debe fomentar el amor solamente entre amigos, sino que es menester preocuparse también por los pobres que no tienen con qué alegrarse, y esa es la razón  por la que se nos ordenó dar presentes o dádivas a los pobres, para que así puedan participar de la alegría festiva. Todo aquel que es indiferente al sufrimiento de los pobres, aunque le parezca que está pasando un momento alegre con sus amigos, no se trata sino de un libertino que no tiene la menor conexión con la vida real. Esto se debe a que necesita ignorar el dolor humano como condición para pasar un buen rato, empero la miseria no desaparecerá en virtud de que beba vino y se emborrache, y por lo tanto en su fuero íntimo siente que no merece ese buen momento y esto lo entristece. Por el contrario, quien se ocupa en alegrar a los pobres y a los desventurados, su vida adquiere valor y puede alegrarse verdadera y justificadamente. Por esta razón en Purim se nos ordenó el precepto de dar presentes a los pobres.

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