10 – El precepto de alegrarse para las mujeres

Es precepto positivo para las mujeres alegrarse en la festividad. A pesar de tratarse de un precepto marcado por el tiempo, empero en este caso es común a ambos sexos, tal como está escrito (Devarim-Deuteronomio 16:14): «Y te alegrarás en tu fiesta tú y tu hijo y tu hija». Asimismo, aprendimos que una persona debe alegrarse al ingerir el sacrificio de agradecimiento que adquirió del dinero del segundo diezmo (Maaser Shení) junto con su mujer, tal como está escrito (ídem 14:26): «Y comerás allí ante HaShem tu D´s y te alegrarás tú y tu casa», «Tu casa» es tu mujer (Talmud Babilonio Tratado de Ievamot 62(B)). Si bien las mujeres no tienen el deber de peregrinar y ofrendar sacrificios, en cuanto al precepto de alegrarse están preceptuadas igual que los hombres y por ello aquellas que hayan peregrinado cumplieron con el precepto de la alegría festiva al ingerir la carne de la ofrenda de agradecimiento (Shelamim) (Rambám Jaguigá 1:1). En el caso de mujeres que no habían peregrinado, debían regocijarse por medio de las otras cuestiones que generan regocijo (Shaagat Arié 65).

Una vez destruido el Templo el precepto de alegría especial se cumple entre las mujeres por medio de la adquisición de una prenda o una joya nueva de cara a la fiesta, ya que esto las alegra más que la comida festiva. Y aunque no vistan la prenda nueva durante la festividad, su adquisición previa deja una huella de alegría durante toda esta y por ello las mujeres cumplen con la prenda la primera parte del precepto de alegrarse en Yom Tov (tal como se explicara en la halajá 8).

Además de la primera parte del precepto de alegrarse, la Torá ordena que la mujer se regocije en la festividad con sus prendas y joyas nuevas. Asimismo, habrá de alegrarse por medio de la ingestión de carne y vino en las comidas festivas, siendo esta la segunda parte del precepto de alegrarse. Sin embargo, aquella mujer que no disfrute de comer carne o beber vino no debe forzarse a hacerlo, sino que habrá de ingerir aquellos alimentos que más la alegren.

En el pasado se acostumbraba que el marido era quien adquiría la prenda o la joya nueva para su mujer previo a la festividad, ya que lo común era que el hombre era el encargado del dinero y las compras. Además, como la oferta de prendas o joyas era limitada, cualquier artículo que el marido adquiriese surtía el efecto de alegrar a su mujer, y el hecho de que se trataba de un presente del marido incrementaba aún más la sensación de regocijo en ella. Empero hoy en día la variedad de ropa y joyas ha crecido notoriamente y la elección resulta compleja por lo que en muchas familias se acostumbra que la mujer es la que escoge la prenda o la joya de acuerdo a un presupuesto fijado por ambos miembros de la pareja en concordancia con sus ingresos (tal como se explicara adelante en la halajá 12). A los efectos de ser partícipe del precepto corresponde que el marido incentive a su mujer a escogerse una prenda o una joya previo a la festividad, y de esa manera se considerará la adquisición como un presente de su parte y la alegría festiva se verá incrementada. Hay hombres equivocados que gastan cientos de shekalim en la adquisición de un etrog especialmente bueno y actúan mezquinamente en lo referente a la adquisición de una prenda festiva para sus mujeres, no recordando que comprar ropa o una alhaja a su pareja previo a Yom Tov es un precepto absoluto de la Torá mientras que la adquisición de un etrog que cuesta diez veces más que uno común es una excelencia en el cumplimiento del precepto de las cuatro especies que no estamos obligados a realizar.

Una mujer no casada, sea esta soltera o viuda, debe cumplir por si misma todas las partes del precepto de alegría festiva, adquirir para sí una prenda o una joya, realizar comidas festivas alegres, participar de eventos que contenten y apartarse de aquello que provoque pena o dolor (Shaagat Arié 66).

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