17 – Visitar al rabino en la festividad

Una persona debe visitar a su rabino en la fiesta de peregrinación (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 16(B), ídem Sucá 27(B)). Este precepto tiene por cometido rendir honor al maestro y aprender de él Torá. De esta manera se tiene la posibilidad de conectarse al rabino y recibir de éste orientación, así como la plenitud espiritual. Este precepto guarda cierta similitud con el de peregrinar, tal como dijeran nuestros sabios: «Todo aquel que visita a su rabino es como si se encontrase con la Divina Presencia» (Talmud Jerosolimitano Tratado de Eruvín 5:1). Los días sagrados en los que se cesa de la realización de labores son los indicados para realizar esta visita y esta fue la costumbre ancestral de los hijos de Israel, tal como lo aprendemos de las palabras del marido de la mujer shunamita que al ver a su esposa salir de la casa rumbo al profeta Elishá en un día de semana, preguntó: «¿Por qué vas donde él hoy? Hoy no es novilunio ni Shabat» (Melajim-Reyes II 4:23). De aquí se infiere que en los días sagrados era común ir a visitar al profeta o al rabino (ver Pninei Halajá Shabat 5:15).

El aspecto principal del precepto de visitar al rabino es el de escuchar de su boca una lección de Torá, siendo esta una tradición que se remonta a los días de Moshé Rabenu, tal como afirmaron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Meguilá 32(A)) en cuanto a que Moshé instituyó en el pueblo de Israel que se «se pregunte e investigue sobre la cuestión del día, las halajot de Pesaj en Pesaj, las halajot de Atzeret (Shavu’ot) en Atzeret y las halajot de Jag (Sucot) en Jag. Esto es lo que le dijo el Eterno a Moshé Rabenu: «Reúne grandes congregaciones y enséñales públicamente sobre los temas del día para que las generaciones siguientes aprendan de ti a reunir multitudes en cada Shabat y cada festividad en las casas de estudio para enseñar a pueblo de Israel las palabras de la Torá relativas a lo permitido y lo prohibido para que de esa manera Mi Nombre sea exaltado entre Mis hijos» (Yalkut Shimoní Vaiakhel 408). Hubo quienes eran sumamente cuidadosos de participar de estas clases y de esta manera cumplían con excelencia el precepto de visitar al rabino en la festividad. Empero también quien simplemente saluda al rabino en la festividad deseándole «Jag Sameaj», a posteriori, cumple también con el precepto. Hay quienes se esmeran en visitar a los rabinos en sus hogares para escuchar de ellos palabras de Torá, de ética y relatos de vida de los grandes maestros de Israel. En caso de haber muchos alumnos deseosos de hacerlo que asistan en grupos para no importunar al rabino y no interrumpir su estudio y la alegría festiva suya y la de su familia.

Los sabios medievales explicaron que el precepto de visitar al rabino depende de la distancia. Una persona que vive en la cercanía de su rabino debe visitarlo cada Shabat. Quien vive más lejos debe visitarlo en cada novilunio o Rosh Jodesh. Quien vive aún más lejos debe visitarlo en cada festividad de peregrinación (según Rabenu Jananel y el Ritba, ver Beur Halajá 301:4 ‘להקביל’). Todo esto es a condición de que el alumno vuelva a su casa a dormir, pues el precepto de alegría festiva debe cumplirse junto a la mujer. Empero, si a los efectos de visitar al rabino el alumno precisa dormir fuera de su casa está exento de cumplir con el precepto (Talmud Babilonio Tratado de Sucá 27(B)). Sin embargo, hay quienes adoptan una actitud flexible en este respecto y hay quienes ven en ello una conducta virtuosa. De todas maneras, cuando esta práctica hace sufrir a la mujer, hasta quienes adoptan una actitud flexible admiten que está prohibido viajar y ausentarse así del hogar. La opinión mayoritaria de los juristas es que, aunque la mujer esté de acuerdo con la ausencia del marido, esta práctica no tiene lugar o razón de ser.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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