14 – Estado de ánimo festivo y la prohibición del luto y el pesar

Es preceptivo estar de buen ánimo durante los días festivos. Aparentemente este es un mandamiento sencillo pues toda persona desea estar contenta, empero en la práctica esto resulta difícil pues la tensión y las preocupaciones que acompañan el devenir humano atentan contra su estado de ánimo. De todas maneras, se trata de un precepto que debemos cumplir en la festividad. Es nuestro deber elevarnos por encima de las preocupaciones y las contrariedades, superar los enojos y regocijarnos en HaShem. A estos efectos, debemos recordar que D´s nos escogió entre todos los pueblos y nos entregó Su Torá, nos consagró con Sus preceptos y nos trajo a la buena tierra de Israel para que tengamos el mérito de disfrutar de una vida buena y completa, una vida valiosa y de santidad, que eleve al mundo entero y le agregue bendición y guía hasta su completa redención. A partir de esto habremos de reflexionar sobre la gran misión que recae sobre cada uno de nosotros, recordar las cosas buenas de nuestras vidas, reforzar nuestra fe y nuestra conciencia en cuanto a que todos los sufrimientos y los exilios tienen un buen propósito y es el de mejorarnos y elevarnos en camino a nuestro objetivo final. En virtud de esta meditación podremos pasar la festividad en un estado de ánimo alegre, y no existe alegría festiva que no incluya el plano corporal mediante la ingestión de comida y bebida, así como el vestir prendas bonitas junto con la alegría espiritual bajo la forma de estudio de Torá y rezos festivos.

Durante la festividad, la persona debe alejarse de todo aquello que provoca angustia o preocupación y no habrá de enojarse. Hay quienes no saben alegrarse junto a sus familias y en todas las reuniones familiares encuentran un motivo para causar una pelea, recordar ofensas pasadas y angustiar a sus parientes. Todo esto ocurre porque no entienden la dimensión de la santidad festiva y cumplen con estas fechas de manera rutinaria en ausencia de todo contenido espiritual. Tal como ya habíamos aprendido (halajá 11), estas personas deben profundizar en el valor sagrado de la festividad y en virtud de ello podrán elevarse y alcanzar la alegría, evitarán criticar a sus familiares y se apartarán de cualquier conversación que pueda afligirlos, y, por el contrario, procurarán alabar a sus parientes y a toda persona con la cual se encuentren. De esta manera, podrán alegrarse, alegrar a otros extraer de la festividad bendición para los días de la semana.

Dado que según la Torá es preceptivo estar alegres en los días de Yom Tov y Jol HaMo’ed, en ellos está prohibido ocuparse de tareas que puedan provocar sufrimiento o tristeza, incluso sufrimiento por el cumplimiento de un mandamiento. Por lo tanto, en estos días está prohibido ayunar a los efectos de retornar en arrepentimiento, y asimismo está prohibido pronunciar discursos fúnebres o lamentar en voz alta la pérdida de una persona fallecida (Talmud Babilonio Tratado de Mo’ed Katán 27(A), Shulján Aruj 547: 1-2). Si el fallecido es un erudito de la Torá se pronuncia un discurso fúnebre en presencia del féretro previo al entierro pues el respeto a la Torá se antepone a la limitante festiva (ídem Mo’ed Katán 27(B), Shulján Aruj Ioré Deá 401:1, adelante 11:5).

Asimismo, está prohibido guardar luto en las festividades, de modo tal que, si a una persona le fallece un familiar antes de Yom Tov, al llegar este debe suspender su luto, e incluso aunque sólo haya alcanzado a guardar luto por un momento, al comenzar la festividad su duelo queda sin efecto (ídem Moed Katán 14(B), Shulján Aruj 548:7). En caso de que le haya fallecido un familiar durante la festividad los siete días de luto se posponen para después de concluida esta y durante la misma se debe procurar no llorar ni lamentarse sino ocuparse de los preceptos festivos (Shulján Aruj 548:1). Durante Sucot, aunque la persona se lamente o sufra no está exenta de habitar la Sucá debiendo superar su dolor y habitarla (Talmud Babilonio Tratado de Sucot 25(A), Shulján Aruj 640:5). De todas maneras, aunque no esté guardando la «shivá» – sentado en el duelo de la primera semana – los amigos pueden venir a consolarlo (ídem 548:6).

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