01 – El motivo por el cual se prohíbe la realización de labores en Yom Tov

Tanto Shabat como las festividades son días sagrados en los que está prohibido realizar labores, pues en ellos nos elevamos por encima de las limitaciones de este mundo, con sus yerros e imprecaciones que llevan al ser humano a esforzarse con trabajos duros para asegurar su existencia y obtener su sustento.

En un inicio, cuando HaShem creó a Adám no tuvo la intención de que este tuviese que esforzarse y trabajar duro para su manutención (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 82(B)), ya que por medio del apego a D´s que es el origen de toda vida, el sustento humano debería ser accesible sin mediar esfuerzo. Una vez que Adám pecó e ingirió del árbol del conocimiento del bien y del mal y fue expulsado del Edén, la tierra fue maldita para él y le fue decretado que de ahí en más su sustento se lograría por medio del agotamiento y la angustia, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 3:17-19): «Maldita será la tierra para ti, comerás de ella con sufrimiento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te dará, y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu frente comerás pan hasta que regreses a la tierra…». Por medio del trabajo pesado que le fue decretado para obtener su sustento, Adám corrige paulatinamente su pecado. Empero, por otra parte, a raíz del trabajo pesado el ser humano corre el peligro de sumirse en el mundo material y olvidar que posee un alma elevada. Por ello, HaShem nos otorgó días sagrados en los cuales nos elevamos trascendiendo el pecado y la maldición que nos obligan a trabajar en aras de nuestro sustento.

Existe no obstante una diferencia entre Shabat y las festividades ya que en el primero toda labor está prohibida, tal como está escrito (Shemot-Éxodo 20:10): «Y el día séptimo es Shabat para HaShem tu D´s no harás labor alguna«, mientras que respecto de Yom Tov las labores asociadas a la preparación de alimentos a ser ingeridos en el día están permitidas (tal como se explicará a continuación).

En Shabat ascendemos a un nivel muy elevado de la fe, y a partir de la comprensión de que todo está en manos de D´s nos anulamos ante la conducción Divina y cesamos de toda labor, para que todas nuestras energías se dediquen únicamente a la recepción del bien que HaShem nos prodiga. El alma se dedica al estudio de la Torá y al rezo, así como el cuerpo a la alimentación y al descanso. Por otra parte, la festividad se encuentra en un nivel más cercano a nosotros y expresa nuestra misión en la reparación del mundo.

También en el Edén, durante el Shabat Adám debía elevarse hacia una cesación absoluta de toda labor, al tiempo que los días festivos se asemejan más a los seis días de la semana que existen en el paraíso, los cuales D´s adjudicó para la labor humana, para hacerlo partícipe de la corrección del mundo y su mantenimiento, tal como está escrito (Bereshit-Génesis 2:15): «Y tomó HaShem Elokim a Adám y lo colocó en el Edén para trabajarlo y cuidarlo«. Allí, toda su labor debía ser realizada de manera apacible y alegre, y el resultado de esta se percibía de inmediato, ya que por su intermedio el mundo se perfeccionaba. En correspondencia con esa realidad, en Yom Tov está permitido preparar alimentos, ya que esta es una ocupación amena que genera alegría.

Si bien el Shabat es más sagrado que Yom Tov, ya que en este día no se realiza labor alguna, la alegría de la festividad es mayor que la sabática, dado que la santidad del Yom Tov se halla más próxima a nosotros.  Más aún, por el mérito del pueblo de Israel las festividades son consagradas, por lo que corresponde que en estos días esté permitido realizar labores destinadas a las comidas festivas del pueblo judío.

Dado que Yom Tov es un día común transformado por el pueblo de Israel en sagrado (1:3), su influencia sobre los días de la semana es más notoria. Y esto se debe a que la cesación de labores en el día de Shabat no tiene por cometido encauzar a los seis días hábiles, sino que estos se elevan por sí mismos en virtud de la santidad sabática. En el caso de los días festivos que acontecen en días hábiles, estos están más ligados al mundo de la acción, durante los cuales agradecemos al Creador por la bendición que ha derramado sobre nuestro hacer, y en razón de ello dirigimos nuestro trabajo y reconsideramos nuestra misión en el mundo. Sobre esto, nuestros sabios dijeron que los días festivos son días de juicio sobre nuestras acciones, ya que en virtud de nuestro esmero habremos de ser prodigados con bendición (ver arriba 1:2).

Por medio de la realización de las labores permitidas en Yom Tov – las cuales están destinadas a generar alegría en el cumplimiento de los preceptos -podremos depurar todas las labores que realizamos en los días comunes. El ser humano materialista se halla amarrado por los lazos del pecado del primer Adám, y precisa trabajar arduamente para obtener productos suntuarios que espera le produzcan alegría, cuando en realidad no lo alegran. Así continúa en su afán por obtener más y más posesiones transformándose en un esclavo de sus pasiones y de su trabajo esforzado. Sin embargo, quien tiene el mérito de alegrarse con la santidad de Yom Tov, con el estudio de Torá y las comidas festivas, no requiere de productos suntuarios, pues se siente feliz con la porción que le tocó en suerte. Una persona así no es esclava de su trabajo, sino que ve su valor intrínseco y su provecho obteniendo de este satisfacción y bendición.

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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