02. Vestirse con recato.

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Cuando una persona se viste, aunque se encuentre solo en su casa, corresponde que se conduzca con recato. No habrá de decir: dado que estoy entre cuatro paredes ¿quién puede verme? Pues el Creador Bendito Sea es omnipresente. Por lo tanto, quien duerme sin ropas debe tener cuidado de no salir desnudo de la cama y luego vestirse, sino que habrá de ponerse una bata aún estando en la cama para que sus partes púdicas se encuentren ya cubiertas a la hora de vestirse. Asimismo, si necesita cambiarse de ropa interior es correcto que lo haga aún debajo de las sábanas o una vez cubierto con una bata suficientemente larga como para cubrir sus partes íntimas. Se puede, además, cambiar de ropa interior en el cuarto de baño o el excusado, que son lugares destinados para tales propósitos y desnudarse en su interior, y no se considera una falta de recato.

La costumbre entre los piadosos es de tener cuidado de que las partes del cuerpo que se mantienen cubiertas al estar entre sus familiares y amigos se mantengan así también al estar a solas. Por lo tanto, el piadoso tiene cuidado de no permanecer sin camiseta aunque se encuentre solo en su habitación y si quiere cambiarla lo hará en el cuarto de baño.

En el caso de una persona que sufre por el intenso calor, aunque sea piadoso, se podrá quitar la camiseta pero de ninguna manera pondrá al descubierto sus zonas púdicas. Los estudiosos de la Torá suelen ser más estrictos aún, al punto de que aunque se trate de un día muy cálido y se encuentren en la soledad de su habitación no se habrán de quitar la camiseta ni estarán en compañía de sus familiares o amigos en su casa sin camisa.

Todo lo antedicho aplica cuando no media una necesidad concreta, empero en el caso de que sea necesario a los efectos de lavarse o por motivos de salud, estará permitido descubrir las partes íntimas (Igrot Moshé Ioré Deá III 68:4).

A los efectos de aclarar el tema del recato, es importante anticipar que cuando el Primer Hombre fue creado era puro y limpio, tanto física como espiritualmente, y no sentía necesidad alguna de vestirse. Sin embargo, tras el pecado primigenio, comenzó a avergonzarse de su desnudez, y desde entonces todos nos vestimos y cubrimos nuestro cuerpo, especialmente aquellas partes del mismo que guardan estrecha relación con el deseo sexual y la evacuación de residuos.

El cuerpo al descubierto pone en extrema evidencia el aspecto material y animal del ser humano. Es cierto que en el cuerpo humano y en la multiplicidad de sus órganos, encontramos una vasta serie de profundas y maravillosas insinuaciones respecto del alma, de las cuales la Kabalá se ocupa extensamente, amén de que el objetivo del mismo es materializar todas esas excelsas ideas. Empero en virtud del pecado primigenio, nuestra visión se tornó mucho más superficial y a primera vista nuestros ojos solamente perciben el aspecto físico del cuerpo que nos hace olvidar su interioridad espiritual. Por lo tanto, se deben ocultar las partes cubiertas del cuerpo para de esa manera poner de relieve la espiritualidad interior que es la fuente de la verdadera belleza, y de esa manera una sutil hermosura se ha de expandir a todo el físico. Por esta razón, nuestros sabios, de bendita memoria, dijeron que el recato preserva la belleza dado que estimula su fuente eterna (ver Midrash Rabá 1:3).

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