03. El espíritu de impureza en nuestros días.

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Según el libro del Zohar y los cabalistas, es necesario lavarse las manos junto al sitio donde se durmió, para no prolongar la permanencia del espíritu de impureza sobre nuestras manos. Asimismo hay que tener la precaución de no caminar  más de cuatro codos antes de la ablución matinal de manos, razón por la cual es necesario preparar agua antes de ir a dormir y colocarla junto a la cama para así hacerlo inmediatamente después de levantarse (Shaarei Teshuvá 1:2). Hay quienes fueron de una posición más flexible en este respecto, ya que piensan que todo el hogar de la persona debe ser considerada como una distancia de cuatro codos, y mientras la persona no salga y se aleje de su casa más que esta distancia para lavarse las manos, no se lo considera como quien demora la permanencia del espíritu de impureza sobre éstas (Responsa Shevut Yaakov 3:1).

Hay otros juristas que son de la opinión de que este tipo de espíritu de impureza desapareció ya del mundo. Los autores de las “Tosafot” (al Tratado de Yomá  77(B)) mencionaron una idea según la cual ese tipo de espíritu de impureza no reposa en los países de Europa Central y Occidental (Ashkenaz). El autor del libro Lejem Mishné escribió que se entiende de lo escrito por el Rambám, que este último no le temía al espíritu de impureza mencionado en el Talmud (Shvitat Heasor 3:2). El Maharshal, que vivió hace unos cuatrocientos años y fue uno de los mayores juristas europeos ashkenazíes de la época, escribió que el espíritu de impureza no está presente en estos días (Iam shel Shelomó Julín 8:31). Otro tanto escribieron otros juristas.

Aparentemente, la diferencia entre las generaciones radica en que antiguamente, el poder mental y/o emocional, espiritual y místico era más intenso y notorio. Esto se refleja, por una parte, en la capacidad de alcanzar logros importantes y  significativos en el ámbito espiritual como es el caso de la profecía, y por otra parte se refleja también en la aparición de impureza, brujerías e idolatría. A lo largo del tiempo, la fuerza intelectual se hizo preponderante en el hombre a cuenta de lo espiritual, de modo tal que junto con la suspensión de la profecía las fuerzas de la impureza también se debilitaron y desaparecieron, y en su lugar surgieron ideas falsas e incorrectas.

Hay una tradición sorprendente vinculada al Graf Pototzki, hijo de una familia de nobles polacos que decidió convertirse al judaísmo. Dado que esto estaba prohibido en esos días, se convirtió en secreto y se dedicó al estudio de la Torá. Al final, los cristianos lo encontraron y le dieron dos opciones, volver al cristianismo o morir en la hoguera. El justo prosélito eligió morir en la hoguera y consagrar el Nombre Divino públicamente. Según el Gaón de Vilna, en ese preciso momento, el espíritu de impureza perdió de su poder en el mundo y esto se refleja fundamentalmente en el de las mañanas. Por lo tanto, los alumnos del Gaón de Vilna no ponen cuidado en no caminar más de cuatro codos antes de lavarse las manos.

En la práctica, según el Rabino Jaim David Azulay, la Mishná Berurá (1:2) y el Ben Ish Jai, hay que poner atención en no caminar más de cuatro codos sin lavarse las manos por la mañana al levantarse. Por otra parte existen juristas que son más flexibles en esta cuestión tanto sea porque cada casa es considerada dentro del área de cuatro codos o porque hoy en día el espíritu de impureza desapareció de las manos (ver Beur Halajá 4:1, Otzrot Iosef 2), siendo esta la práctica más extendida. Empero, también quienes opinan que hoy día no existe el espíritu de impureza, tienen el cuidado de cumplir todo lo que se menciona en el Talmud, esto es, lavan sus manos vertiendo el agua sobre cada mano tres veces intercaladamente no tocando ningún orificio antes de esto.

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