08. Niños

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Algunos de los más conspicuos sabios de las últimas generaciones (Ajaronim) escribieron que es importante que niños pequeños, aunque no hayan llegado aún a la edad en que se les instruye en los preceptos, laven sus manos por la mañana. Esto se debe a que ellos toman sus alimentos con las manos y si no realizan la ablución matinal, esto hace que el espíritu de impureza afecte a la comida (Jida, Prí Megadim Mishbetzot Zahav 4:7, Mishná Berurá 4:10). Los piadosos cuidan de lavar las manos de los bebés desde que nacen para así criarlos imbuidos de pureza y santidad.

En la práctica, muchas personas no pusieron cuidado en verter tres veces agua sobre las manos de bebés al despertarse, pues en opinión de muchos de los sabios de las últimas generaciones, el espíritu de impureza reposa solamente sobre las manos de los mayores de trece años. Esto se debe a que cuanto mayor es la capacidad de conexión que tiene la persona con la santidad, para actuar en el mundo y corregirlo, como contraparte mayor es el esfuerzo que hace el espíritu de impureza por afectarlo. Por lo tanto, este espíritu de impureza no reposa en los gentiles, puesto que no están obligados a cumplir preceptos. Otro tanto ocurre en el caso de los niños, todo tiempo que no recae sobre ellos la santidad de las mitzvot, el espíritu de impureza tampoco reposa sobre ellos en toda su intensidad. Empero, se impone el deber de educarlos en el cumplimiento de los preceptos y a partir de que ellos comienzan a conectarse progresivamente con éstos, el espíritu de impureza reposa sobre ellos en cierto grado. Por esta razón, a partir de que alcanzan la edad en la que se los puede instruir en los preceptos (“guil jinuj“) y ya pueden entender cómo se debe realizar la ablución de manos, es preceptivo acostumbrarlos en el lavado (según Shulján Aruj HaRav 4:2, Eshel Abraham Butschatch 3:4, Tzitz Eliezer VII 2:4).

En resumen, se debe acostumbrar a los niños a partir de la edad del aprendizaje de los preceptos, a que viertan agua tres veces sobre sus manos tras levantarse por la mañana. A partir de que cumplen trece años los varones y doce las niñas, deben lavarse las manos por la mañana. Hay quienes tienen cuidado de lavar las manos de los bebés a partir del momento que estos ya toman la comida con las manos (Mishná Berurá 4:10). Hay quienes tienen cuidado de lavar las manos de los bebés a partir de la circuncisión incluso desde su primer día de vida pues ya desde entonces comienza a vislumbrarse en el recién nacido el resplandor de la santidad inherente del pueblo de Israel (tal como se trae entre paréntesis en Shulján Aruj HaRav, ídem, ver Kaf HaJaím 4:22).

 

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