05. «La quema del incienso» y «Aleinu Leshabeaj«.

Una vez concluido el cántico del día se acostumbra a recitar «la quema del incienso» («Pitum Haketoret«) y antes de éste «Ein KeElokeinu«. Se lee la quema del incienso por dos razones: la primera, por el incienso que se quemaba  en el Templo de Jerusalém por la mañana y por la tarde, y la segunda para que cada judío tenga el mérito de estudiar a diario las palabras de los sabios. En el libro del Zohar (II 212:2) se alaba de sobremanera el recitado de «la quema del incienso» pues hacerlo mantiene a salvo de desgracias. Hay juristas que sostienen que se debe tener cuidado de no omitir mencionar ninguno de los ingredientes de la mezcla incensaría. Por esta razón, ellos no lo recitaban en días de semana, por miedo a que el apuro de los quehaceres diarios lleve a las personas a saltearse alguno de los ingredientes (Ramá 132:2). En la práctica, la mayoría de los juristas opina que no se debe tener tanta precaución en este tema, sino que a priori es bueno recitar «la quema del incienso» leyéndola del Sidur para evitar errores (Beit Iosef, Mishná Berurá 132:17).

Se acostumbró  recitar al final del servicio «Aleinu Leshabeaj» para que antes de que nos separemos del rezo, se fijen en nuestros corazones la fe en D´s y la esperanza de la redención y a su vez para que cuando el judío se encuentre durante la jornada con el gentil en el marco de sus quehaceres laborales, no se vea tentado a ir en pos de sus creencias o sus ídolos (Bait Jadash Oraj Jaím 133).

En virtud de la importancia de este rezo se acostumbra a recitarlo de pie e inclinarse levemente al pronunciar «Vaanajnu Kor´im» (Mishná Berurá 132:9).

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