01) Introducción general

Dijeron nuestros sabios que hay cuatro personas que deben agradecer: quienes viajaron por barco y arribaron ya a tierra firme, quienes atravesaron el desierto y arribaron ya a un sitio habitado, personas enfermas que se curaron y reclusos que fueron liberados. Esta idea está basada en el contenido del Salmo 107 (Talmud Babilonio Tratado de Berajot 54(B)). Establecieron una bendición para el agradecimiento que reza: «Baruj Atá Ad-onai Eloh-einu Melej Haolám HaGomel Lajaiavim Tovot Sheguemalani Kol Tuv» («…que retribuye bondades a quienes no lo merecen (o «culpables») y me ha prodigado todo el bien»). Esto significa que, si bien en nuestro haber hay trasgresiones en virtud de las cuales podemos ser considerados «no merecedores» o «en deuda» (para con el Todopoderoso), de todas maneras, el Eterno nos retribuye bondades y nos salva de los peligros. Tras recitar la bendición, los oyentes responden «Amén» y agregan: «Mi (o HaE-l) Sheguemaljá Kol Tuv Hú Igmoljá Kol Tuv Sela» («Amén. Quien te ha prodigado todo el bien continúe prodigándote todo lo bueno, Sela») (Shulján Aruj, Oraj Jaím 219:1-2).

La rutina diaria interfiere de sobremanera en nuestra capacidad de apreciar todo el bien que HaShem creó en este mundo, y es así como a veces en lugar de agradecer a D´s nos quejamos porque hace mucho calor o mucho frio, o bien porque hay demasiado espacio o demasiado poco, etc. Empero, quien navegó en una embarcación y estuvo expuesto al vaivén de las olas y posiblemente se haya mareado hasta vomitar, al arribar a puerto toma consciencia de cuán buena y agradable es la vida común en tierra firme – por lo que corresponde que agradezca a D´s. A veces, una persona puede sentir que la vida en la sociedad de la que forma parte no le resulta satisfactoria y hasta puede que le provoque rechazo. Empero cuando esa persona deambula por el desierto, distante de sus amigos, logra comprender hasta qué punto la compañía humana le resulta valiosa y en qué medida es bueno y cómodo habitar en el seno de una estructura social organizada, que cuente con servicios comunitarios básicos, infraestructura de agua potable, tiendas para abastecerse de alimentos, comercio y servicios de salud. Por ello, al regresar esta persona al mundo habitado debe agradecer. De igual modo, una persona sana no siempre sabe reconocer o valorar su buen estado y sólo después de enfermar aprecia cuán importante es la salud, por lo que al curarse – deberá agradecer. Otro tanto ocurre con quien estuvo encerrado en la cárcel. En muchas ocasiones se trata de personas que no supieron justipreciar una calidad de vida ordenada, y las limitaciones normativas que esta implica, y procuraron obtener más de lo que se puede poseer comúnmente. Fue así como atentaron contra el prójimo, fueron aprehendidas y castigadas. Al quedar en libertad deben agradecer y ponderar cuán maravillosa resulta la convivencia común y corriente en el mundo del Creador, y arrepentirse por no haberla valorado antes de haber delinquido. Por ello, el formato de la bendición reza: «que retribuye bondades a quienes no lo merecen». Asimismo, las otras tres personas que recitan «HaGomel» son consideradas como infractoras o en deuda con HaShem por no haber apreciado lo mucho que se debe agradecer a D´s por lo bueno y la simpleza de la experiencia del vivir rutinario (Olat Reaiá I 309-312).

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