04 – La confesión (vidui) en Yom Kipur y su normativa.

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Cuando el Templo de Jerusalém estaba en pie, el Cohen Gadol o Sumo Sacerdote confesaba en Yom Kipur en nombre de todo el pueblo de Israel, tal como está escrito (Vaikrá 16:21): “Y apoyará Aharón sus dos manos sobre la cabeza del animal y confesará todas las iniquidades de los hijos de Israel y todos sus pecados”. La confesión seguía la siguiente fórmula: “Por favor Hashem, tu pueblo, la casa de Israel, pecó negligentemente, intencionalmente, y se rebeló ante ti. Por favor, en Tu Nombre, expía los pecados negligentes, los intencionales y las rebeldías que cometieron los hijos de Israel, tal como está escrito en la Torá de Moshé de Tu boca gloriosa: Ya que en este día hará expiación por vosotros para purificaros. De todos vuestros errores, ante HaShem habréis de purificaros” (ver adelante 10:15). Los “jataím” son acciones negligentes, los “avonot” pecados intencionales y los “peshaím” pecados motivados por la rebeldía. Este es el orden correcto pues se debe pedir primero por lo más leve (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 36(B), Shulján Aruj 621:5).

Mediante esta fórmula el Cohen Gadol hacía cumplir a todo el pueblo con su deber de confesarse y si bien es virtuoso que cada quien se confiese individualmente ante Hashem por sus inconductas particulares, la ventaja de la confesión pública radicaba en el hecho de que por ser colectiva, todos participaban de la misma y por ende el retorno era más profundo y completo. Tras la destrucción del Templo, los sabios establecieron que cada judío recite por sí mismo el formato de la confesión colectiva y cada quien ponga la intención de incluir sus inconductas particulares al recitarla (Iereím, Rabí Saadiá Gaón).

El formato de confesión que debemos recitar en Yom Kipur es el siguiente: “Empero nosotros pecamos negligentemente, intencionalmente y nos rebelamos ante Ti” o en hebreo “Aval anajnu jatanu, avinu, fashanu” (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 87(B), Rambám Hiljot Teshuvá 2:8, Prí Jadash, Mishná Berurá 607:12). Se acostumbra asimismo agregar una lista de pecados ordenados alfabéticamente (Rav Amram Gaón): “Ashamnu (nos hemos hecho culpables), bagadnu (traicionamos), Gazalnu (robamos violentamente), Dibarnu dofi (hablamos calumnias), heevinu (causamos iniquidad), vehirshanu (hicimos maldades), zadnu (pecamos intencionalmente), jamasnu (robamos con violencia), tafalnu sheker (mentimos), iaatznu rá (aconsejamos el mal), kizavnu (engañamos), latznu (nos burlamos), maradnu (nos rebelamos), niatznu (provocamos), sararnu (nos desviamos), avinu (pecamos intencionalmente), pashanu (pecamos por rebelión), tzararnu (oprimimos a otros), kishinu oref (nos obstinamos), rashanu (hicimos el mal), shijatnu (corrompimos), tiavnu (cometimos actos abominables)…”

Luego se sigue detallando y se recita “Al jet shejatanu lefaneja etc” (“perdona por el pecado cometido ante Ti…”) que incluye una larga lista de trasgresiones sumamente detallada. Sobre la base de esta versión común, cada congregación agregó la suya propia.

Aparentemente, cabe preguntarse ¿cómo puede una persona justa decir “nos rebelamos, insultamos, pecamos intencionalmente, pecamos por rebeldía?   ¿Cómo puede una persona cuidadosa de la propiedad ajena decir “robamos violentamente” etc.? La respuesta radica en que el precepto de Yom Kipur es que toda la nación retorne en teshuvá conjuntamente, por lo que se estableció que cada quien recite la confesión en la primer persona del plural por todo el pueblo de Israel, tal como el Cohen Gadol confesaba en nombre de toda la nación.

Además, a veces quien no pecó personalmente es responsable de trasgresiones que realizan miembros de su familia o amigos, ya que quizás pudo haber protestado ante una inconducta y prefirió callar o pudo haber acercado a otros para que retornen pero no se esforzó en hacerlo, o quizás pudo haber servido de ejemplo para los demás mas no lo hizo. Además, todos los judíos son responsables los unos por los otros y todos conforman un gran cuerpo compuesto de múltiples órganos, de modo tal que cada pecado realizado por un hijo de Israel pertenece a la generalidad de la nación. Por esta razón, los justos necesitan recitar la confesión y haciéndolo limpian su participación en el pecado e impulsan así a toda la nación a retornar en teshuvá (Sefer Jasidim 601, Arí Z”l, Ben Ish Jai Ki Tisá).

La confesión debe ser recitada de pie hasta que concluye la sección “Por los pecados que nos hacen acreedores de las cuatro penas capitales…  Rey que absuelve” (Shulján Aruj 607:3, Mishná Berurá 10). Es bueno adoptar una posición  cabizbaja o inclinarse un poco hacia adelante al recitar la confesión para adoptar una actitud más sumisa. Hay quienes cumplen con excelencia y se inclinan marcadamente hacia adelante, tal como lo hacen durante la bendición de “Modim” (Shelá). En el caso de quienes quieren cumplir con excelencia pero les cuesta inclinarse prolongadamente, es bueno que al menos se inclinen al recitar la primer parte de la confesión (“Ashamnu, bagadnu”) y al recitar “Al jet” que se conformen con una leve inclinación. Se acostumbra golpear el pecho con el puño durante el recitado de la confesión, como forma de expresar que los impulsos de su corazón lo impulsaron a pecar (Mishná Berurá 607:11).

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