12 – “Baruj Shem Kevod Maljutó” (“Bendito sea el nombre de la gloria de Su reino por siempre”).

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El precepto de la aceptación del Yugo Celestial se cumple principalmente mediante el recitado del versículo (Dvarim-Deuteronomio 6:4)  “Shemá Israel Adonai Eloheinu Adonai Ejad”. Inmediatamente después de recitado, se pronuncia en voz baja la frase “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolám Vaed”. Si bien esta última frase no figura en la Torá en el marco de la porción del Shemá, nuestros sabios instituyeron que se diga en voz baja (Pninei Halajá Tefilá 15:7). Esto se fundamenta en un relato del Talmud Babilonio (Tratado de Pesajim 56(A)), según el cual  antes de fallecer nuestro patriarca Yaakov todos sus hijos se reunieron en torno a su cama y él quería revelarles lo que acontecerá con ellos en el final de los  tiempos. De inmediato se retiró de él  la Divina Presencia y ante esto Yaakov le dijo a sus hijos: ¿quizás hay entre ustedes alguien indigno tal como Ishmael que salió de Abraham o Esav que salió de Itzjak, razón por la cual no puedo revelaros el final de los días? Ante esto los hijos al unísono dijeron: “Shemá Israel Adonai Eloheinu Adonai Ejad”, así como en tu corazón no hay más que un solo D´s en los nuestros no hay más que un solo D´s. En ese momento Yaakov dijo: “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed”. Sobre esto nuestros sabios dijeron: ¿qué habremos de hacer nosotros? ¿Habremos de recitar esta frase aunque no sea parte de la porción del Shemá? Sin embargo nuestro patriarca Yaakov la pronunció. Por esta razón instituyeron que se pronuncie en voz baja, “Tal como en el caso de la princesa que olió un condimento seco en el borde de la olla, si pide que le den de este se considera improcedente por tratarse de algo ajeno al protocolo y si no pide ha de sufrir por quedarse sin probar del mismo. Por ello sus siervos comenzaron a traerle el manjar deseado, mas en secreto”

Además, nuestros sabios agregaron (Dvarim Rabá 2:36) que fue Moshé Rabenu quien instituyó que se recite esta frase pues cuando ascendió a la dimensión celestial escuchó a los ángeles servidores alabar diciendo: “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolám Vaed”. Por esto, al descender estipuló que los hijos de Israel lo reciten en voz baja. Entonces se preguntaron: ¿por qué no estipuló que se recite en voz alta? a lo que respondieron: se asemeja a alguien que ama al rey y roba del palacio una capa, se la obsequia a su esposa y le dice que no la vista en público sino únicamente en la casa. Por ello, solamente en Yom Kipur que el pueblo de Israel se asemeja a los ángeles en pureza se puede recitar públicamente.

A los efectos de comprender esta cuestión, es necesario, primeramente, explicar dos niveles diferentes de fe en la unicidad de Hashem. El primer versículo “Shemá Israel” expresa el plano superior, absoluto y único de lo que se denomina la “unificación superior” o “ijud elión”. En este nivel todos los aspectos y matices se hayan incluidos y unidos en la Revelación Divina. La segunda frase expresa el plano que surge a raíz de  la creación y al que se llama “unificación inferior” o “ijud tajtón”, por medio del cual aceptamos el Yugo Celestial según la fe que se manifiesta en este mundo  y según la cual cada creatura y aspecto de la creación posee un sitio propio; Hashem les da vida a todos, reina sobre ellos y los dirige en conformidad a la conducta de estos. Esto significa que Su nombre y Su soberanía se revelan en el mundo. O sea, lo que se manifiesta en la creación no es Su esencia sino Su nombre y Su soberanía, ya que si la primera se manifestase todas las creaturas se verían anuladas ante Su inconmensurable luz (ver Tania Sha´ar Haijud Vehaemuná).

Dado que la fe en el plano superior es de un nivel muy elevado, se manifiesta únicamente en la raíz del alma en momentos de suma entrega o “mesirut nefesh”, se nos preceptuó tomar contacto con esta dimensión únicamente dos veces al día al recitar el “Shemá”. Empero, conjuntamente con la unificación superior, los sabios estipularon que recitemos también la “unificación inferior”, esto es, que expresemos el nivel de la fe que se revela en este mundo en todos sus diferentes matices (ver Nefesh Hajaim cap. 3). Este nivel es de gran agrado a ojos de Hashem, ya que el objetivo final de la creación es que se manifieste la fe en este mundo físico en toda su belleza y esplendor, colores y sonidos, pasiones y características. Por esta razón, los ángeles servidores alaban a Hashem con loas maravillosas: “Baruj Shem Kevod Maljutó Leolam Vaed”. Sin embargo, no corresponde decirlo en voz alta ya que conjuntamente con lo valioso que es que se revele la Divina Presencia en el mundo físico, este contiene pasiones bajas que pueden impulsar a la persona a trasgredir. Por esta razón, la persona debe conectarse primero con la “unificación superior” para recién después pronunciar en voz baja la alabanza implícita en la “unificación inferior”, a los efectos de no verse arrastrado en exceso hacia el plano terrenal.

Solamente en Yom Kipur, cuando ayunamos y cesamos nuestra ocupación con lo corporal al punto de asemejarnos a los ángeles servidores carentes de inclinación al mal, podemos pronunciar esta alabanza en voz alta con la certeza de que así consagramos Su nombre en este mundo. Si bien nosotros a veces trasgredimos, en Kipur se revela que a fin de cuentas logramos llevar Su luz al interior de este mundo por todos sus caminos y senderos, y en virtud de ello Hashem nos juzga con amor y misericordia (ver Derej Hashem IV 4:6-7).

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