02. La costumbre de recitar «Nefilat Apáim».

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Si bien la plegaria de «Nefilat Apáim» es de gran importancia, los sabios no la establecieron como obligatoria ni le adjudicaron una redacción fija. Por lo tanto, todo aquel que deseaba se inclinaba sobre su rostro y suplicaba tras el rezo. Sin embargo, justamente en virtud de su gran importancia, por cuanto que expresa la total anulación del orante ante D´s, corresponde que emane del corazón libre y espontáneamente.

En tiempos de los Gaonitas, comenzó a conformarse un formato fijo para Nefilat Apáim y las súplicas o Tajanunim posteriores al rezo. En tiempo de los Rishonim o sabios medievales, este formato se fue estableciendo paulatinamente al punto que todos los judíos asumieron el deber de recitar determinadas súplicas. Aparentemente, fue en virtud de los sufrimientos del exilio que se intensificaron cada vez más, que los corazones se opacaron tanto que se necesitó de un formato fijo para poder recitar súplicas. Dado que esta plegaria se incorporó cuando las diásporas estaban ya dispersas, resaltan las diferencias entre la versión ashkenazí  y la sefaradí.

Dado que Nefilat Apáim es una plegaria que implica un corazón quebrado, la anulación del aspecto físico y nuestra disposición a una entrega total de la vida, no se recita en días de alegría por el cumplimiento de preceptos. Los kabalistas explican que todas las correcciones que se realizan en días comunes mediante Nefilat Apáim, en días de alegría por el cumplimiento de preceptos («simjá shel mitzvá«)  se efectivizan por medio de la santidad del día (Kaf HaJaím 131:54). Asimismo, cuando en la sinagoga están presentes protagonistas de una alegría preceptiva, no se recita Tajanún o súplicas (tal como se explicó en las halajot 7 y 8). Ya vimos que por la base de la ley no es obligatorio recitar Tajanún y por lo tanto en todo caso de duda respecto de si procede a recitarlo, se indica el no hacerlo.

Asimismo, en la casa del doliente se acostumbra a no recitar Tajanún por cuanto que el rigor Divino ya se ha hecho presente en ese sitio y es procedente, por lo tanto,  no incrementar el Atributo del rigor aún más (Mishná Berurá 131:20). Esto significa que al caer sobre su rostro, el orante hace patente para sí el hecho de que su existencia depende de D´s, por lo cual se anula ante Él. En el caso del doliente, este ya comparte esta sensación por lo que no necesita redundar en ella.

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