4 – Rabí Akiva.

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La “Hilulá” de Lag Ba’Omer encierra implícitamente un día recordatorio en honor de un formidable tanaíta y gigante de la Torá Oral, Rabí Akiva, uno de cuyos mejores cinco alumnos fue Rabí Shimon Bar Iojai. En el Talmud leemos que éste último alentaba a sus alumnos a repetir sus palabras, pues su doctrina era una síntesis de las enseñanzas de Rabí Akiva (Tratado de Guitín 67(A)). Otro elemento que Rabí Shimon Bar Iojai aprendió de su maestro fue la entrega absoluta por el honor judío, ya que Rabí Akiva fue quien apoyó la rebelión de Bar Kojba contra los romanos. Incluso la alegría de Lag Ba’Omer vinculada al estudio del plano esotérico de la Torá, está relacionada con Rabí Akiva ya que acerca de él relata el Talmud (Tratado de Jaguigá 14(B)), que ingresó al “vergel de la sabiduría”, lo cual implica que accedió al conocimiento más profundo de la Torá, pudiendo salir de este en paz y completitud, a diferencia de sus compañeros que accedieron al vergel pero no pudieron asimilar sus insondables secretos.

La razón de la celebración de Lag Ba’Omer que mencionan las fuentes halájicas, está vinculada a la continuación de la transmisión de las enseñanzas de la Torá de Rabí Akiva a sus discípulos, tal como ya lo vimos en el inciso primero, ya que él es el pilar de la Torá Oral. Rabí Tzadok HaCohen de Lublin (Prí Tzadik Lag Ba Omer 1) explica, que no se pudo establecer una “Hilulá” el día del fallecimiento de Rabí Akiva, pues fue asesinado por los romanos y por lo tanto se fijó la conmemoración festiva de su aniversario, en la fecha del fallecimiento de su discípulo Rabí Shimon Bar Iojai. Es así que en la “Hilulá” de Rabí Shimon Bar Iojai está incluida la de su maestro Rabí Akiva, razón por la cual corresponde en este día dedicarse también al estudio de sus enseñanzas y la evocación de su figura.

Casi que no hubo en la historia una persona que se inició en el estudio de la Torá en peores condiciones que Rabí Akiva, y sin embargo, gracias a su gran esfuerzo y enorme fe, pudo llegar al grado espiritual más alto (ver Avot de Rabí Natán cap. 6). En gran medida fue mérito de su esposa Rajel, hija de Calba Savúa, uno de los hombres más ricos en Israel de entonces. Ella percibió la nobleza de las virtudes de quien luego fuera su marido y prometió casarse con él, a condición de que estudie Torá. Su rico padre la privó de su parte en la fortuna familiar, mas ella se mantuvo incólume en su decisión y se casó con Rabí Akiva, transformándose en una de las mujeres más pobres de Israel. No obstante lo difícil de su situación, continuó alentando a su marido para que estudie Torá y una vez que Rabí Akiva se transformó en el mayor maestro de su generación, le dijo a sus discípulos “lo mío y lo vuestro (en cuanto al conocimiento de la Torá N. de. T.) es todo de ella” (Tratado de Ktuvot 63(A)).

“Dijo Rabí Iehudá en nombre de Rav: en el momento en que Moshé ascendió al cielo encontró a D´s trazando coronas sobre las letras de la Torá y le preguntó: Señor del Universo, ¿a pedido de quién te estás demorando (trazando las coronas ya que nadie entiende su significado)? D´s le respondió: en el futuro vivirá un hombre llamado Akiva hijo de Iosef, que interpretará cada trazo, deduciendo de estos numerosas halajot… Le dijo Moshé: Señor del Universo, ¿tienes un hombre así y entregas la Torá por mi intermedio? Cállate, ese es mi plan…” (Tratado de Menajot 29(B)). De aquí inferimos que de todos los futuros sabios de Israel D´s le mostró a Moshé únicamente a Rabí Akiva, por lo que se entiende que fue el más grande en la Torá Oral (ver en el Tratado de Sanhedrín 86(A) que toda Halajá sobre la cual no se menciona la fuente de modo específico proviene de Rabí Akiva).

Su entrega a la fe y a la Torá no tuvo límites, e incluso tras la muerte de veinticuatro mil de sus alumnos, no perdió la esperanza y volvió a iniciar discípulos a partir de quienes se renovó la difusión y transmisión de la Torá en Israel. Un día vio junto a sus compañeros un zorro que salía del área que ocupara el Santo Sanctórum del Templo de Jerusalém, ellos lloraron y el rió, pues entendió que así como se cumplieron las profecías de la destrucción, con toda seguridad se habrían de cumplir las profecías del consuelo (Tratado de Makot 24(B)).

Cuando los romanos decretaron la prohibición del estudio de la Torá arriesgó su vida y la enseñó en público. Cuando lo aprehendieron, lo encerraron en un calabozo y lo condenaron a una muerte cruel y rigurosa. Dicen nuestros sabios (Tratado de Berajot 61(B)) que “cuando llevaron a Rabí Akiva para ser ejecutado, era horario de recitar el Shemá y mientras lo estaban desollando vivo con peines de hierro, aceptó sobre sí el Yugo Celestial (“Ol Maljut Shamáim”) (recitó el Shemá N. de T.). Le dijeron sus alumnos: maestro, ¿incluso en esta situación recitas el “Shemá” pues ellos entendían que en esa situación de sufrimiento extremo estaba exento de hacerlo) Les dijo: toda mi vida me lamenté pensando cuándo podré cumplir con el mandato del “Shemá” de amar a D´s con toda mi vida, o sea, aunque D´s me la quite, y ahora que tengo la oportunidad de hacerlo ¿no habría de aprovecharla? Pronunció extensamente la palabra Ejad (Uno) hasta que su alma partió recitándola. Una voz Celestial proclamó: feliz de ti Rabí Akiva que estás invitado al mundo venidero”

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