01 – La labor de «esquilar» («Gozez«).

La labor de esquilar implica la separación de aquello que crece sobre el cuerpo, como por ejemplo, cabello, uñas, callos o piel reseca; empero, quien corta en el cuerpo mismo provocando sangrado – transgrede la labor de «provocar una herida» o «Jovel» (adelante 20:9). A los efectos de erigir el tabernáculo se esquilaban ovejas para de su lana elaborar los hilos de los tejidos que lo recubrían. Asimismo, se retiraba el cabello de las pieles de «tejashim[1] para que estén lisas y aptas para recubrir el tabernáculo. Vemos que a veces se esquila a los efectos de obtener aquello que crece sobre el cuerpo, como en el caso de la lana que es necesaria para la elaboración de hilos,  y otras veces el esquilado es a los efectos de embellecer la piel o el  cuero (Ribash, Beur Halajá 340:1 ‘וחייב’).

A diferencia de la labor de «cosechar», la cual se prohíbe únicamente cuando se separa el vegetal de su raíz o fuente vital (adelante 19:6), en el caso de la labor de esquilar se prohíbe también cortar lana de la piel de un animal muerto, ya que aún en este caso obtenemos beneficio del esquilado. Por lo tanto, es necesario tener cuidado de no arrancar pelos de una piel natural o de una alfombra confeccionada a base de pieles (Mishná Berurá 340:5). En caso de que se arranquen los pelos de una piel a los efectos de obtener un beneficio, estamos ante una prohibición de la Torá, mientras que si se lo hace sin beneficio alguno la prohibición será de carácter rabínica.

Arrancar plumas de un ave entra también en la categoría de la labor de «esquilar». Sin embargo, se permite arrancar plumas de la piel de un pollo cocido, ya que tras la cocción se lo considera alimento, por lo que no se está ante la labor de «esquilar» (Aderet, Har Tzví Tal Harim Gozez 3).


[1]. Existen divergencias entre los comentaristas respecto de si el vocablo «tejash» se refiere al nombre de un animal colorido o al color con el que las pieles son pintadas (n. de t.).

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