10 – El caso de las grandes ciudades

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Cuando dentro de una ciudad hay una avenida o rutas cuyo ancho es superior a los sesenta y cuatro metros, si la atraviesan en su totalidad y la ciudad queda separada en dos mitades – se debe calcular el «área sabática» de cada parte por separado. Lo mismo ocurre con espacios abiertos, por ejemplo, jardines o parques cuyo ancho es superior a los sesenta y cuatro metros y atraviesan toda la ciudad separándola en dos partes.

Según esto, la autopista de Ayalón divide a la ciudad de Tel Aviv en dos partes. Sin embargo, como hay un «Eruv» que bordea a esta ciudad junto con las vecinas, este «Eruv» las une a todas. Además, cuando hay una avenida o autopista ancha que atraviesa la ciudad, si los cuadrados de ambas partes se unen, se transforman en una misma área y forman un cuadrado común tal como se explicó anteriormente. Debe agregarse que es posible decir que por cuanto que los caminos o autopistas en cuestión están destinados al uso de todos los habitantes de la ciudad al igual que los espacios abiertos en el interior de la misma, son parte de la ciudad y no la dividen.

Hay juristas que disienten y entienden que ni el «Eruv» común, ni la unificación de cuadrados ni el uso común de todos los habitantes unen los dos lados de un camino o parque que atraviesan toda la ciudad. La opinión principal es la de los juristas de criterio más flexible. Sin embargo, corresponde adoptar una actitud estricta e indicar a quien cruza una avenida o camino ancho que no se aleje del mismo más de doce «mil», pues hay quienes consideran que la prohibición de alejarse allende esta distancia tiene origen en la Torá (ver arriba halajá 1).

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