06. La preservación de las costumbres versus el fortalecimiento de la congregación.

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La preservación de las tradiciones implica que además de mantener la versión específica del texto del rezo, se mantenga la pronunciación de las palabras, los yemenitas la pronunciación yemenita, los ashkenazíes la ashkenazí y los sefaradíes la sefaradí, cada quien según su costumbre particular. Es así que a priori, cada comunidad debe continuar rezando con sus melodías tradicionales (ver Ramá Oraj Jaím 619:1). Por supuesto que se pueden agregar o innovar melodías, mas la intención es que el grueso del servicio mantenga las tonadas tradicionales que se fueron consagrando con el correr de las generaciones. A esos efectos, una persona debe orar, en primer término, en una sinagoga que se rige según la tradición de sus ancestros.

Es importante saber que en Israel existen decenas de tradiciones diferentes. La tradición sefaradí se subdivide en muchas versiones: en cuestiones de halajá la diferencia principal es entre quienes se rigen por el «Shulján Aruj» y aquellos que lo hacen según el «Ben Ish Jai«. Además, existe la tradición de los judíos del Norte de África que si bien en cuestiones de la versión del rezo y la halajá las diferencias con los judíos de Irak o Siria son mínimas, en cuanto a las melodías, las diferencias son más notorias. Incluso entre los inmigrantes del Norte de África hay diferencias importantes en cuanto a las tonadas. Es así que a los efectos de  preservar las costumbres de manera completa es necesario que existan sinagogas propias para los inmigrantes de Trípoli, Túnez, Argelia, Marruecos, Irak, Siria, Persia y Turquía.

Asimismo, entre los inmigrantes de países europeos existen diferentes tradiciones. La mayor diferencia es entre los Jasídicos y los demás ashkenazíes. Sin embargo, existen otras diferencias significativas en cuanto a la pronunciación y las melodías.  Las tonadas de los ashkenazíes de Europa Occidental son completamente diferentes de las de los ashkenazíes de Lituania. En cuanto a la pronunciación, existen por lo menos cuatro tipos: la de los inmigrantes de Lituania, la de aquellos provenientes de Polonia, la de los originarios de Galitzia y por último la de los oriundos de Hungría.

Asimismo existen diferencias entre los grupos jasídicos en cuanto a las costumbres y las melodías. Otro tanto ocurre con los yemenitas, que se dividen en dos tradiciones principales, la Báladi y la Shami. A priori es bueno que cada quien mantenga la tradición de sus ancestros.

Empero, si el celo en la preservación de las diferentes costumbres puede causar que la comunidad se desmiembre, es mejor desistir de ello. Esto se debe a que habitualmente, cuando una congregación está unida y lleva a cabo clases de Torá para hombres, mujeres, niños y además impulsa acciones de beneficencia, logra conectar a todos sus miembros con la Torá y los preceptos. Por el contrario, cuando la congregación se debilita, también sus miembros se debilitan y esto influye para mal particularmente en el caso de los niños.

Por lo tanto, si bien a priori es bueno que cada quien rece conforme a la tradición de sus padres, si a esos efectos se han de erigir numerosas sinagogas pequeñas que por separado no lograrán generar servicios suficientemente dignos, estudio de Torá o vida comunitaria satisfactorios, es mejor erigir una sola congregación más fuerte con miembros de las diferentes tradiciones más cercanas entre sí. Por ejemplo, que todos los provenientes del Norte de África recen juntos, y si esto aún resulta insuficiente que lo hagan todos los que tienen tradición sefaradí.

Por lo tanto, es necesario que en todas partes se evalúe o sopese entre la importancia de la preservación de las costumbres particulares y la de conformar comunidades unidas y sólidas. Cuando existen suficientes  familias oriundas de un sitio particular, al punto de que pueden erigir una sinagoga grande según su rito, qué mejor. Empero cuando no hay suficientes familias que siguen la misma tradición, es mejor que se unan a otra comunidad cercana a ésta en sus costumbres y que erijan una sinagoga fuerte y numerosa. Si la fusión de diferentes comunidades no alcanza para conformar una congregación fuerte, es mejor que todos, yemenitas, ashkenazíes y sefaradíes, formen una sola congregación. Esta cuestión debe de ser evaluada con sumo cuidado y en aquellos sitios en los que existe una autoridad halájica local, ésta debe decidir en la materia.

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