04. La segunda y la tercera porción del recitado del “Shemá”.

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En la segunda porción “Vehaiá Im Shamoa” (Devarim 11:13-21) aprendemos sobre el valor de los preceptos de la Torá, la recompensa por su observancia y el castigo a quienes los trasgreden. Si amamos a D´s y lo servimos con todo nuestro corazón cumpliendo con sus preceptos, seremos bendecidos por el Creador, la tierra dará su fruto, tendremos una larga vida nosotros y nuestros hijos sobre la tierra que D´s le prometió a nuestros ancestros y a nosotros. En caso de que, D´s no lo permita, nos alejásemos del camino correcto, El Eterno se habrá de enojar con nosotros, la tierra no habrá de dar su fruto y eso provocaría nuestro destierro de la buena tierra de Israel. Es así que la Torá nos ordena en la segunda porción del “Shemá” reflexionar sobre esta cuestión y colocarla tanto en los tefilín tanto del brazo como de la cabeza así como también también fijarla en el dintel de nuestras puertas. En la primera porción el énfasis estaba puesto en nuestra actitud ante D´s y la entrega total de nuestras energías a Su servicio. En la segunda porción, el énfasis está puesto en la revelación de la Divina Providencia y cómo conduce el mundo. El cumplimiento de los preceptos es también una expresión de la revelación de la palabra de Hashem en el mundo, así como la recompensa y el castigo expresan Su providencia sobre la creación.

En la tercera porción “Vaiomer” (Números-Bamidbar 15:37-41) se explicita el precepto de tzitzit, el cual posee una condición singular y es la de recordarnos todos los preceptos y motivarnos para cumplirlos, tal como está escrito: “Y al verlos (en referencia a los tzitziot-los flecos) habréis de recordar todos los mandamientos del Eterno para cumplirlos”. La obligación de verlos nos insinúa que el precepto se cumple de día y no de noche, ya que el día alude a la revelación clara y manifiesta de la palabra de D´s en el mundo. La revelación de la luz de los preceptos y su recordación nos conceden la fuerza para superar la inclinación al mal, tal como está escrito “y no os habréis de desviar en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, tras los cuales os desviáis en pos de ellos…”. Al final de esta tercera porción se rememora la salida de Egipto, y se nos ordena recordarla diariamente, de día y de noche. Así como los tzitziot revelan la luminosidad de los preceptos, de la misma forma el Éxodo revela la existencia de un Conductor del universo, siendo el pueblo de Israel el encargado de manifestar y divulgar Su palabra.

Vemos así que las tres porciones son una continuación y ampliación del fundamento de la fe expresado en el versículo “Shemá Israel” “Escucha Israel”. En la primera porción aprendemos sobre la importancia de la fe en nuestra vida como fundamento único y central de ésta y ello se amplía a las palabras “El Eterno nuestro Dios es Uno“. En virtud de esta idea es que aceptamos sobre nosotros el yugo de los preceptos que postula la segunda porción, a modo de extensión de lo que reza el primer versículo “El Eterno es nuestro Señor“. En la tercera porción se menciona la mitzvá de tzitzit que nos recuerda los preceptos todos y al final de esta la salida de Egipto, la cual reveló al mundo el hecho de que D´s escogió al pueblo de Israel y dirige providentemente el mundo, lo cual es una extensión de las palabras “Escucha Israel”. En las leyes relativas a las bendiciones del recitado del “Shemá” (16:1) establecidas por nuestros sabios, habremos de notar que también éstas son una extensión y complementación del “Kriat Shemá”.

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