2 – El Reino Heleno.

Durante cientos de años la civilización helena se desarrolló obteniendo importantes logros en los ámbitos de la ciencia, la filosofía, la literatura, el arte, la arquitectura, la estrategia militar y el orden jurídico de gobierno. El Rey Filipo de Macedonia, en virtud de sus victorias militares sobre sus rivales, logró unir a las diferentes Polis bajo un mismo marco político y de esa manera su poderío fue en constante aumento. Filipo invitó a Aristóteles, el mayor de los filósofos y científicos de la época a ser el tutor de su hijo Alejandro. Cuando Alejandro toma el poder, inicia una serie de conquistas y en cuestión de tres años (del 334 al 331 A.E.C.) los helenos bajo su mando conquistan un enorme imperio que incluía Asia Menor, Eretz Israel, Egipto y todo el territorio del Imperio Persa que se extendía hasta la India.

Tras la muerte de Alejandro de Macedonia sus lugartenientes comenzaron a disputarse entre sí el gobierno, hasta que finalmente el Imperio se dividió entre las distintas provincias, que pasaron a ser reinos helenos independientes.

En virtud de las conquistas, la cultura griega se expandió a todos los territorios, incorporando o fagocitando a las diferentes culturas autóctonas, forjando una cultura helénica unificada. El sistema de gobierno, la lengua, la cultura y las competiciones atléticas eran de carácter griego. Las clases altas de todas las naciones conquistadas adoptaron rápidamente el nuevo estilo de vida.

También el territorio de Iehudá fue dominado por los griegos y la cultura helénica se expandió por todos sus confines. Empero los judíos eran diferentes a los demás pueblos del Imperio y por ende el proceso de helenización era relativamente más lento. De todas maneras, a lo largo de ciento sesenta años de dominación helénica su influencia fue cada vez más marcada, especialmente entre las clases altas, hasta el punto en que los Sumos Sacerdotes Jasón y Menelao fueron, ellos mismos, los líderes del bando helenizante y promovieron la cultura griega entre sus hermanos. Ellos erigieron junto al Templo de Jerusalém un estadio para competencias de lucha y preferían asistir a estos eventos en vez de cumplir con el ritual del Santuario.

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