05) Diferentes bendiciones

Quien se equivoca y por un árbol aromático bendice «Boré Isbei Besamím» («que crea hierbas aromáticas»), o bien que por hierbas aromáticas bendice «Boré Atzei Besamím» («árboles aromáticos») – no cumplió con su deber ya que los árboles no son hierbas ni las hierbas árboles. Por lo tanto, es necesario saber a ciencia cierta qué es un árbol y qué es una hierba. En primer lugar, es necesario aclarar que nuestros sabios llaman también a los arbustos «árboles», por lo que, en la práctica, la mayoría de las plantas aromáticas resultan ser «árboles». Para ser denominado «árbol» un vegetal debe reunir las siguientes tres características: a) Perdura en su tronco año tras año. b) Sus ramas u hojas salen del tronco o del tallo y no directamente de las raíces. c) El tronco o tallo es duro. Al cumplirse estos tres requerimientos se recita «Boré Atzei Besamím». Por su parte, un vegetal para ser llamado «hierba» debe reunir dos condiciones: a) Su tallo debe ser blando. b) Es necesario cultivarlo nuevamente cada año o sus hojas salen directamente de las raíces. En toda situación intermedia se duda si se trata de árbol o de hierba y se debe bendecir «Boré Minei Besamím».

Recordemos algunas especies por las que se recita la bendición de «Boré Atzei Besamím»: el mirto («hadas»), el ciprés de Monterrey («Cupresus Macrocarpa» o «Brosh Limoní»), jazmín, romero («rozmarín»), clavo de olor, ajenjo de montaña («artemisia arborescens» o «Shiva»), ruda, las flores y las hojas de árboles frutales y la hierba luisa de la variedad que posee tallo duro. Las especies por las que se debe bendecir «Boré Isbei Besamím») son: la ruda fina («Pigam»), el narciso de tallo blando y el jacinto. Respecto de la menta («nana») y la hierba luisa de tallo blando surgieron dudas, por lo que es preferible bendecir «Boré Minei Besamím». Asimismo, quien recibe una variedad de planta aromática y carece de un modo sencillo de verificar si se trata de un árbol o una hierba – que recite la bendición «Boré Minei Besamím».

Los condimentos no son considerados frutas ya que no son consumidos como alimento, sino que se los considera un agregado. Estos tampoco son considerados como hierbas o árboles aromáticos ya que su función primordial es la de saborizar y no aromatizar. Por lo tanto, quien toma de estos para disfrutar de su fragancia debe recitar «Boré Minei Besamím» (Rashbatz, Jaié Adam, Shaar Hatziún 216:12, Birkat HaShem III 12:17).

Muchas personas disfrutan del aroma del café, especialmente mientras se lo muele y tuesta. Quien pasa junto a una tienda en la que se tuesta café o se lo muele para su venta, dado que el dueño de la misma tiene interés en que las personas huelan el aroma para que acudan a comprar – quien pasa por allí y disfruta de lo que huele debe recitar «Boré Minei Besamím». Empero, quien trabaja junto a una fábrica de café, aunque disfrute del aroma – no habrá de bendecir ya que la finalidad del café es su comercialización y no el disfrute de su aroma. Solamente en caso de que tome café en su mano o se acerque a este para olerlo – deberá bendecir. Lo mismo ocurre en el caso de quien abre un paquete nuevo de café, si lo tomó para disfrutar de su aroma deberá bendecir. Incluso quien prepara un vaso de café para beberlo, caso en el cual el aroma es relativamente débil, si desde el inicio tuvo también la intención de disfrutar de este – deberá bendecir «Boré Minei Besamím». Si no tuvo esta intención y comenzó a beber el café, es señal de que el aroma es secundario al sabor por lo que no deberá bendecir.

Por pan caliente, aunque su aroma sea agradable – no se recita bendición (Ramá 216:14, Mishná Berurá 55) ya que en este caso el aroma resulta secundario en cuanto a su importancia. Además, no se trata de un aroma que se disfruta en sí mismo sino que provoca apetito, por lo que resulta secundario respecto de la ingestión. Por lo tanto, tampoco se bendice por el aroma de la carne asada.