01. Los pesares de la esterilidad y su motivo

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Difícil de sobrellevar es el pesar de quienes no han podido engendrar. Dijeron nuestros sabios en el Tratado de Nedarim (64(B)): «todo aquel que no tiene hijos es como si estuviese muerto», tal como está escrito (Bereshit-Génesis 30:1) ´Y vio Rajel que no tenía hijos de Yaakov, y celó a su hermana y le dijo a Yaakov: dame hijos pues si no muero´». Los sabios nos enseñaron esto con el propósito de que la gente sepa cuán intenso es el dolor de quienes no tienen hijos, y en virtud de ello pidan al cielo que se apiaden de ellos y que puedan engendrar (Tosafot allí). En el caso de una pareja que tuvo uno o más  hijos pero desean seguir engendrando y no lo logran, pueden llegar a ponerse muy tristes, especialmente cuando viven en un entorno de familias numerosas.

La pregunta que cabe formular es ¿qué significado tienen estas penurias? ¿Acaso se trata de un castigo por pecados cometidos y entonces si se desea engendrar es menester retornar a D´s con intensidad; o se trata de un destino prefijado antes de nacer la persona por lo que no se le debe culpar por su pesar?

La respuesta es sumamente compleja, a veces las penurias son consecuencia de trasgresiones cometidas y otras veces estas se originan en el destino y a veces son consecuencia de ambas. En ciertas ocasiones el retorno y la plegaria ayudan y en otras no. Esto depende de un sinfín de factores que pasamos a explicar:

Dijeron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Moed Katán 28(A)): «La vida, la prole (abundante o no) y el sustento  – ´Jayé, bané umezoné´- no dependen de los méritos hechos por el hombre sino que dependen del ´mazal´ (fortuna n. de t.)»

«Jayé» hace referencia a los años de vida de la persona, «Bané – a la cantidad de hijos, «Mezoné» – su sustento. Todos estos se desprenden del ´mazal´ de la persona que es determinado cuando ella nace y no guarda relación con sus méritos personales. Una prueba de ello es que tanto Raba como Rav Jisda eran ambos personas muy justas y en tiempos de sequía las plegarias de ambos eran bien recibidas. Rav Jisda vivió noventa y dos años y Raba cuarenta. En la casa de Rav Jisda hubo sesenta casamientos y en la de Raba sesenta fallecimientos. En lo de Rav Jisda gozaban de un muy buen pasar económico al punto que los perros eran alimentados con harina refinada, mientras que en lo de Raba eran pobres y ni siquiera contaban siempre con el barato pan de cebada indispensable. Respecto de ello dijeron nuestros sabios (ídem Kidushín 39(B)): «No hay recompensa en este mundo por el cumplimiento de los preceptos», esto es, la recompensa por los preceptos y el castigo por las trasgresiones no se reciben en este mundo pasajero sino en el mundo venidero que es eterno y verdadero.

En nuestro lenguaje contemporáneo al ´mazal´ lo llamamos destino, y tal como sabemos actualmente, en el momento en que un ser humano es concebido se establece su mapa genético el cual define si será una persona alta o baja, sabia o necia, sana o enferma, bella o fea. Algo similar a lo que dijeron nuestros sabios en cuanto a que al nacer se fijaba el ´mazal´ de la persona respecto de la duración de sus días, el número de sus descendientes  y la abundancia o escasez de su sustento.

Aparentemente nuestros sabios debatieron a este respecto (ídem Shabat 156(A)) pues según Rabí Janina el pueblo de Israel posee ´mazal´ mientras que según Rabí Iojanán no posee. Sin embargo, los comentaristas explicaron que ambos coinciden en que el ´mazal´ influye de sobremanera y que además el pueblo de Israel posee a veces la capacidad de modificarlo  mediante la plegaria y las buenas acciones en mucho mayor medida que cualquier otra nación. El debate se centra en si es habitual que un judío pueda modificar su ´mazal´ o si sólo en casos fuera de lo común es capaz de hacerlo (ver Tosafot Shabat allí, Ritba y Ran en Moed Katán).

La cuestión es que toda persona tiene un propósito determinado y en virtud de este se fija su ´mazal´. A veces, a los efectos de que cumpla con su propósito es necesario que la persona sea pobre y padezca sufrimientos, mientras que en otros casos es bueno que sea rica y sana. A veces el destino está predeterminado y por más que la persona haga cosas no podrá escapar de este salvo en casos muy especiales. A veces el destino no es absoluto por lo que mediante trasgresiones la persona puede inclinarlo para mal y padecer sufrimientos y mediante méritos puede recibir mayor bendición en este mundo. De todas maneras, mientras el mundo no está completamente reparado en lo moral, habrá en él personas que padecerán sufrimientos y mediante su superación el mundo se ha de refinar y elevar.

Desde cierto punto de vista el pesar por la esterilidad es diferente a los demás padecimientos pues traer niños al mundo es preceptivo, por lo que en este caso los justos realizan esfuerzos más ingentes para poder superar el designio. A veces, el mérito del deseo de cumplir con el precepto les es de ayuda. De todas maneras, hemos encontrado justos que no pudieron tener descendencia.

Tras esta introducción podremos estudiar cuáles son los caminos adecuados para enfrentar  el pesar de la esterilidad.

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