01- El precepto de las comidas sabáticas.

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Nuestros sabios dijeron (Tratado de Shabat 118:(A)) que “Todo aquel que come tres comidas en Shabat queda a salvo de tres desgracias: de los sufrimientos del advenimiento la era mesiánica, del rigor del infierno y de la guerra entre Gog y Magog”. Además agregaron (ídem 118(B)): “Todo aquel que deleita al Shabat queda a salvo del sometimiento a las naciones extranjeras”. De no poseer el Shabat estaríamos sometidos al yugo material completamente. Trabajaríamos sin pausa para mantener nuestro cuerpo y satisfacer nuestros placeres físicos olvidando nuestra alma, lo cual implicaría una enorme dificultad en poder elevarnos en pos de los ideales Divinos. Nuestra capacidad espiritual estaría bloqueada y silenciada cayendo inexorablemente en todos los vicios del mundo que son los que generan las diferentes desgracias. Empero, cuando la persona consigue conectarse plena y enteramente al Shabat en cuerpo y alma, con estudio de Torá, rezos, comida y descanso reparador, logra elevarse por encima de las carencias mundanales accediendo a un plano en el cual todo es bueno, salvándose  de esa forma de las posibles desgracias.

El opaco mundo material está lleno de impedimentos que dificultan que la luz Divina se revele y que el alma se realice. Empero, quien deleita al Shabat con Torá, rezos y buenas comidas logra conectar su cuerpo con su origen espiritual, y de esa manera la materialidad se transforma en un medio de expresión para el alma y la santidad del Shabat. Entonces, los límites y los impedimentos del mundo material se esfuman y el corazón se ve corregido, cumpliéndose así lo dicho por nuestros sabios en cuanto a que “A todo aquel que deleita el Shabat se le cumplen todos sus deseos” (ídem, ídem).

Mediante el respeto con el que honramos el Shabat arreglando la casa y preparando comidas sabrosas lo material se une a su origen espiritual accediendo así al flujo de la bendición, y por esta razón nuestros sabios dijeron que todo aquel que honra el Shabat se enriquece (Tratado de Shabat 119(A)). Por esto mismo, nuestros sabios agregaron (Tratado de Shabat 118(A)): “Todo aquel que honra al Shabat recibe heredad sin penurias”, tal como está escrito (Ishaiahu 58:13-14): “Si apartas tu pie por causa del Shabat, si te abstienes de dedicarte a tu negocio en Mi día sagrado y consideras al Shabat como un deleite y honroso el día sagrado del Eterno… entonces te deleitarás en el Eterno y te haré cabalgar sobre los lugares elevados de la tierra y te alimentaré con la heredad de Yaakov tu padre porque la boca del Eterno así lo ha dicho“. La heredad de Yaakov está libre de penurias (“meitzarim“).

Aparentemente, es muy sencillo deleitar al Shabat con suculentas comidas, entonces, ¿por qué nuestros sabios se explayan en la descripción de las recompensas que el cuidado del Shabat apareja, siendo que a todo ser humano le agrada comer y deleitarse? El quid de la cuestión radica en el hecho de que el precepto es deleitar al Shabat y no al paladar o al estómago, esto es, disfrutar de las comidas con plena conciencia de la santidad del Shabat de modo tal que estas intensifiquen en la persona el deseo de estudiar Torá y cumplir con los preceptos. Quien tiene el mérito de poder deleitar al Shabat conectando la alegría corporal con la elevación del alma, recibe santidad y bendición en este mundo y en el venidero.

Si bien el Shabat y los días festivos de la Torá son similares, guardan entre sí ciertas diferencias. El precepto del Shabat es el deleite mientras que el de los días festivos es la alegría. La diferencia entre ambos radica en que la alegría tiene expresión exterior y es visible; por esta razón en los días festivos es preceptivo comer carne y beber vino. En cambio el deleite es interior, profundo y refinado, por esta razón el precepto de comer en Shabat es más moderado, y quien no disfruta de la carne o del vino puede deleitar al Shabat con otros alimentos. Quizás por esta razón justamente, el pescado es el alimento característico del Shabat pues su sabor es suave y profundo.

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