02- Orden ritual del recitado de la Havdalá con copa de vino.

https://ph.yhb.org.il/es/01-08-02/

Al inicio de la Havdalá se acostumbra a leer unos versículos de bendición y buenos augurios de cara a la semana entrante y luego se recitan las cuatro bendiciones. La primera es «Boré Perí Haguefen» por el vino, la segunda es una bendición por las especies aromáticas, la tercera es «Boré Meorei Haesh» por la vela y la cuarta «Hamavdil Bein Kodesh le Jol» que es el discernimiento entre lo santo y lo profano.

Dos de las cuatro bendiciones – la del vino y «Hamavdil«- son claves en cuanto a que si se omitieron no se cumplió con el precepto. Los sabios adicionaron dos bendiciones más: a) por especies aromáticas: su perfume actúa como aliciente ya que el espíritu está dolido pues al concluir el Shabat «el alma suplementaria» nos abandona; b) por la vela; dado que al concluir el primer Shabat de la historia HaShem concedió al primer hombre la inteligencia que le permitió frotar dos piedras y producir fuego, nuestros sabios fijaron que cada final de Shabat recordemos este evento. Quien carece de especies aromáticas o de vela que recite la Havdalá sin éstas. Si más tarde durante el sábado a la noche consigue especies, que recite la bendición y las huela. Asimismo, si más tarde en la noche ve la luz de una vela o de un fuego que recite «Boré Meorei Haesh«. A priori se deben preparar vela y especies aromáticas para poder recitar la Havdalá con sus cuatro bendiciones (Shulján Aruj 297:1, 298:1).

El orden de las bendiciones nos va elevando de los sentidos físicos a sentidos más espirituales. Primeramente recitamos la bendición del vino, empleando así el sentido del sabor que es el más material. Este no se puede percibir si un alimento no tocó el paladar de la persona. Posteriormente ascendemos al sentido del olfato, el cual se puede percibir aunque el objeto en cuestión no tenga contacto con el cuerpo de la persona. Luego recitamos la bendición por la luz en la cual empleamos la vista que es el más sutil de los sentidos y se puede percibir a gran distancia. Finalmente recitamos la bendición de la Havdalá que se remite al intelecto, cuyo mayor logro es la comprensión de la diferencia entre los santo y lo profano (Rashbatz, citado por Kaf HaJaím 296:3).

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