1 – La labor de encender y apagar un fuego.

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La Torá nos dice (Shemot 20:10): “pero el día séptimo, Shabat, lo consagrarás al Eterno tu D´s y ese día no harás labor alguna”, lo cual, tal como lo explicaron los sabios, se refiere a la prohibición de las treinta y nueve labores que fueron necesarias para erigir el Tabernáculo. Si bien la labor de encender fuego está incluida entre estas, ya que era necesaria para elaborar las tinturas con las que se tiñeron los tejidos que recubrían el tabernáculo, de todas maneras la Torá la menciona explícitamente, tal como está escrito (Shemot 35:3): “No encenderéis fuego en vuestras moradas en día de Shabat”. Nuestros sabios se preguntaron por qué razón fue necesario mencionar esta labor de modo específico, Rabí Natán respondió que  si bien todas las treinta y nueve labores están incluidas en la misma prohibición, la Torá menciona una puntualmente para enseñarnos que cada una de estas se considera una trasgresión en sí misma, tal que quien realiza varias labores sin intención debe luego ofrendar un sacrificio expiatorio por cada una de ellas (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 70(A)).

Mediante el enorme poder del fuego, el Hombre puede dominar las fuerzas de la naturaleza y hacerlas obrar en su beneficio. Mediante el fuego el Hombre creó utensilios metálicos, mejoró su alimentación y posteriormente elaboró poderosas maquinarias. Quizás por esta razón, la labor de encendido de fuego fue escogida de entre todas como ejemplo que expresa la enorme capacidad humana de actuar en pos del mejoramiento del mundo. Sin embargo, en Shabat, cada judío debe descansar y elevarse por encima de toda labor creativa, recordar al Eterno que nos sacó de la tierra de Egipto y deleitarse en el sagrado día mediante el estudio de la Torá y la ingestión de las comidas especiales.

Según la regla de que ‘todo aquel que destruye está exento de trasgresión’ (ídem 105(B)), una  persona que rasga una vestidura o quiebra un recipiente involuntariamente  está exento de ofrendar un sacrificio expiatorio (“jatát”). Ahora bien, quien destruye en Shabat trasgrede una prohibición rabínica y no una de la Torá, por lo que surge la pregunta de ¿por qué encender fuego es una prohibición de la Torá si en toda combustión el combustible se destruye? La respuesta radica en que mientras el beneficio obtenido  del calor generado por la combustión, tanto sea  calefaccionando la casa como iluminando con la vela supera la pérdida del combustible, se trata de una labor creativa y no destructiva (Rambám Shabat 12:1, ver Kesef Mishné).

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