05. Significado de la prohibición del «jametz» – arrogancia para con el Creador

La prohibición de «jametz» en Pesaj encierra un carácter especialmente estricto, pues la Torá no solamente prohibió ingerirlo, sino que adicionó las prohibiciones de no ser hallado y de no ser visto en mi posesión («lo imatzé veló ieraé»). A ello nuestros sabios agregaron la prohibición de la presencia de «jametz» en mezclas, aunque sea en una ínfima proporción. Esto significa que el alejamiento del «jametz» en Pesaj es absoluto ya que en esta fiesta el «jametz» simboliza el mal, tal como está escrito en el Zohar (II 40:2) en cuanto que este producto es la inclinación al mal. Allí se explica que el «jametz» insinúa o representa la tendencia a la arrogancia, pues la masa al leudar se infla lo cual se asemeja al ensoberbecimiento y al agrandamiento de la materia tal como el arrogante se agranda a sí mismo. Por el contrario, la «matzá» nos recuerda la humildad, pues esta permanece en su dimensión natural tal como el Santo Bendito Él la creó.

Aparentemente, esta idea resulta difícil de comprender ya que si el «jametz» representa la inclinación al mal ¿por qué no se nos preceptuó de abstenernos de su consumo durante todo el año? Muy por el contrario, vemos que según nuestras fuentes una de las virtudes del ser humano es que sabe producir exquisitas hogazas de pan leudado a partir de espigas de trigo (Midrash Tanjuma Tazría 5). Para estos efectos, el Creador dotó al ser humano de inteligencia cognitiva y habilidad práctica para que pueda dedicarse al mejoramiento del mundo. El Eterno creó un mundo incompleto para que el ser humano pueda imitar el accionar Divino y participar de su reparación por medio del desarrollo de la ciencia, la tecnología y el cultivo de los hábitos de laboriosidad. Esto significa leudar y mejorar la naturaleza horneando panes leudados. De esta idea se deriva que el «jametz» es positivo.

Empero, existen dos tipos de soberbia. El primero, cuando la persona se alaba a sí misma en exceso y piensa que es más sabio, fuerte y exitoso de lo que en verdad es. Toda persona consciente entiende que esta falencia afecta negativamente la capacidad de efectivizar el potencial individual, ya que si su forma de juzgar la realidad es defectuosa será incapaz de planificar sus acciones correctamente y entonces en vez de alegrarse por sus realizaciones, toda su vida estará repleta de fallas y decepciones o desilusiones. Esta soberbia afecta negativamente al «jametz» bueno y no tiene relación alguna con la prohibición de ingerir productos leudados en Pesaj que ordena la Torá. Por el contrario, esta actitud de soberbia afecta negativamente el «jametz» bueno de todo el año pues impide que el ser humano cree cosas agradables en el mundo.

El segundo tipo de soberbia está conectado a la prohibición de «jametz» y es en la actitud hacia el Creador. Una creencia fundamental de cada judío es que D´s creó el mundo con un propósito específico y todas las cuestiones, en su raíz, dependen únicamente de Él. Si bien D´s concedió al ser humano la capacidad de desarrollar y mejorar el mundo, esto se aplica al desarrollo de las ramificaciones de la realidad creada, empero, afectar las raíces mismas de ésta no está al alcance del hombre, pues se trata de los fundamentos de la Creación Divina. El Santo Bendito Él creó el mundo y concede vitalidad a cada ser humano, escogió al pueblo de Israel para ser Su nación y les entregó Su Torá. En todo ello el ser humano no tienen permiso de influenciar. Por eso cuando una persona se presenta ante su Creador debe envolverse en una gran humildad o hacerse de ella, y esforzarse por no introducir pensamientos humanos en los fundamentos creacionales, los cuales se asemejan a la prohibición del «jametz» en Pesaj. Así como existe un defecto terrible en quien duda si cometer o no suicidio ya que está terminantemente prohibido cercenar la vida que D´s le concedió, de igual manera es sumamente dañino introducir pensamientos humanos en los fundamentos de la fe.

La fiesta de Pesaj en general y el Seder de modo particular tienen por cometido afianzar en nuestro interior los fundamentos de la fe israelita en cuanto a la existencia de un Creador Providente para con Sus creaturas que escogió al pueblo de Israel para por su intermedio revelar Su Nombre en el mundo. Cada vez que se manifiesta un fundamento de la Divinidad en el mundo, ocurre por medio de una realidad milagrosa para de esa manera dejar en claro que se trata de una acción Divina y no humana. Es por esto por lo que la salida de Egipto fue acompañada de maravillas, para publicitar que la elección del pueblo de Israel es una cuestión Divina. Asimismo, la Torá fue entregada de un modo abiertamente milagroso en una generación que vivió cuarenta años en el desierto de un modo sobrenatural, para que se sepa que se trata de una cuestión absolutamente vinculada a D´s. En otras palabras: los fundamentos de la fe se pueden percibir mas no se pueden inventar. Todo aquel que introduce un elemento o perspectiva humana en los fundamentos de nuestra fe comete una trasgresión de idolatría. El Zohar nos insinúa que el «jametz» en Pesaj está también vinculado a esta trasgresión (II 182:1).

Por ello, justamente en esta fiesta que está destinada a afianzar en nuestro interior los fundamentos de la fe se nos ordena cuidarnos de sobremanera de cualquier resto de jametz en nuestros alimentos y pertenencias, pues éste expresa nuestra arista humana, la cual está prohibido incluir en el momento en que nos ocupamos de los fundamentos de la fe y sus raíces. Sin embargo, durante el resto del año nos ocupamos de las ramificaciones de la creación, las cuales tenemos el deber de desarrollar y mejorar y entonces el «jametz» es bienvenido.

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