06. El significado de la «matzá»

La «matzá» es lo opuesto al «jametz» y nos recuerda nuestra humildad ante el Creador, pues, aunque el Santo Bendito Él nos otorgó fuerzas para mejorar cosas en este mundo, carecemos de acceso a las raíces o fundamentos mismos de la existencia.

Por ello en Pesaj, cuando nos ocupamos de estas raíces no introducimos ni una pizca de «jametz» en nuestros alimentos, sino que ingerimos «matzá» la cual se mantiene fina tal como fue creada sin operar proceso alguno de leudado.

Por medio de la humildad que se expresa en la «matzá» nosotros percibimos y asimilamos la fe que se reveló en la salida de Egipto, el hecho de que HaShem es Providente para con Su mundo y escogió al pueblo de Israel. Si bien ya antes de la salida de Egipto hubo personas que creían en D´s, se trataba únicamente de una conexión individual de unos pocos con la Divinidad, empero, la fe completa aun no se había revelado en el mundo. Solamente con el Éxodo, al conformarse una nación que incluye en su seno todas las capas sociales y tiene por cometido revelar la voluntad Divina en el mundo se reveló por completo la fe verdadera.

La «matzá» nos recuerda la fe. El Zohar (II 183:2) denomina a la «matzá» «pan de la fe» – «Mijla de-meEmnuta»-, pues mediante su ingestión durante el Seder acompañada de una correcta intención meditativa se logra obtenerla y mediante la ingesta de «matzá» durante los siete días de la festividad se logra afianzar esta creencia en el corazón (Prí Tzadik Maamarei Pesaj 9).

Dado que la «matzá» alude a la fe, resulta claro que todo su proceso de elaboración debe ser sumamente cuidadoso tal como lo aprenderemos en el capítulo 12. Esto obedece a que la fe es la raíz de todo y por lo tanto cualquier defecto que se encuentre en esta provocará luego una gran calamidad en el mundo.

En virtud de esto podemos entender por qué el pueblo de Israel hubo de nacer en medio de la esclavitud egipcia ya que todas las naciones se desarrollan de un modo natural de abajo hacia arriba, pasando de familia a tribu y de tribu a nación. En el correr de su desarrollo se genera una cultura que se deriva de sus condiciones de existencia, del clima de su territorio y de los distintos enfrentamientos que experimenta con sus vecinos. A partir de esa cultura se genera también la percepción o creencia de que los seres humanos participaron en su elaboración y por ello se trata de un culto idolátrico.

En cambio, el pueblo de Israel se desarrolló como nación en la esclavitud y careciendo por completo de una cultura material propia, ya que esta no era posible que surgiera mientras estaban sojuzgados y se percibían a sí mismos como inferiores, interactuando con una cultura egipcia que no les pertenecía y a la cual lógicamente detestaban por pertenecer a quienes les oprimían.

Es así como el pueblo de Israel estaba en una situación de virtual «tábula rasa» cultural, carente de preconceptos, y por ello pudo adquirir la fe verdadera que está completamente basada en la Revelación Divina y recibir la Torá de origen Celestial, sin incluir en estas consideraciones humanas. Esta es la realidad insinuada por la «matzá» que es fina y pobre en aditivos, tal como lo era el pueblo de Israel en ese entonces.

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