03 – El decreto del segundo día festivo de las diásporas para todas las generaciones

Tras la destrucción del Segundo Templo, la población judía de la tierra de Israel fue mermando gradualmente, y por su parte la gran comunidad judía de Babilonia se tornó más y más numerosa. A pesar de ello, la potestad de la consagración de los meses y el embolismado de los años continuó siendo detentada por lo sabios de la tierra de Israel. Solamente durante períodos excepcionales como la Gran Revuelta contra Roma (años 66-70), cuando la situación en la tierra de Israel era insostenible, al punto que no se podían consagrar los meses, los jueces rabínicos ordenados en la tierra de Israel salían al extranjero a sitios que se encontraban fuera de la jurisdicción de los decretos represivos y adversos para el pueblo de Israel y allí consagraban los meses y embolismaban los años.

Con el correr del tiempo, los decretos persecutorios de los romanos se fueron intensificando, y en muchas oportunidades las medidas represivas estaban directamente dirigidas a los sabios de Israel y al cumplimiento del precepto de la consagración del mes. Hacia las postrimerías del período de los Amoraím, al final de los días de Abaié y Raba, Hilel II llegó a la conclusión de que no era posible continuar ordenando sabios y consagrando meses por intermedio del del Gran Beit Din de la tierra de Israel. Dado que dicha potestad estaba en sus manos al haber heredado la presidencia de este tribunal generación tras generación directamente de Rabí Yehudá HaNasí, él y su Beit Din calcularon los meses y los años y los consagraron hasta el final de todas las generaciones. Así es que desde el año 4119 que contamos desde la creación del universo (359 e.c.), el pueblo judío comenzó a contar los meses según el calendario establecido por Rabí Hilel HaNasí (Pninei Halajá Zmanim 1:3).

En aquel entonces surgió un interrogante. Ahora que este calendario estaba en manos de los judíos de la diáspora y ya no se temía que se equivocasen, quizás se podría entonces celebrar allí un solo día festivo tal como se acostumbra en la tierra de Israel. Los sabios de la tierra de Israel enviaron a los judíos de Babilonia una instrucción: Tened cuidado de continuar la costumbre de vuestros padres, no sea que el gobierno dicte una medida persecutoria contra vosotros y los cálculos se alteren, al tiempo que por medio de la costumbre del segundo día festivo de las diásporas jamás os habréis de equivocar (Talmud Babilonio Tratado de Beitzá 4(B)). Es así como los sabios de la tierra de Israel ordenaron explícitamente a los judíos babilonios continuar con la costumbre del segundo día festivo de la diáspora (Rambám Kidush Hajodesh 5:5). Rav Hai Gaón explicó que además del temor ante posibles decretos persecutorios, el motivo esencial de la medida es que los profetas decidieron que siempre se habría de celebrar las festividades durante dos días en el exilio, y no hay tribunal que pueda dejar sin efecto su decisión ya que desconocemos la totalidad de los fundamentos de su decreto. Además, solamente un tribunal que los superara en sabiduría y en número tendría la autoridad para anularlo (Otzar Hagueoním Yom Tov 4:2).

Al igual que en toda la Torá, el aspecto halájico coincide con el espiritual, ya que en la tierra de Israel la santidad está más revelada, por lo que en las festividades, dicha santidad puede manifestarse en un solo día, tal como lo ordena la Torá. Sin embargo, quienes se encuentran en el extranjero, están más distantes de la revelación de la santidad, por lo que a los efectos de captar la luminosidad de las festividades requieren de dos días tal como lo estipularon los sabios. Esto se asemeja a una linterna, que cuando ilumina a un sitio cercano su luz es intensa y se enfoca en un área reducida, y cuando ilumina a un sitio distante su luz se debilita y se dispersa sobre una área extensa. De igual manera, la luminosidad de las festividades se revela en la tierra de Israel en un solo día concentrado, mientras que en el extranjero esta se debilita y se extiende a dos días (Derej Mitzvoteja 114:1).

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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