07- La sucá – luz envolvente

El precepto de habitar la sucá es especial por cuanto que santifica la vida diaria y rutinaria del ser humano. Acciones tales como comer, beber, conversar y dormir, al ser llevadas a cabo en la sucá se elevan y santifican alcanzando el nivel de precepto. Los kabalistas insinuaron esta cuestión al decir que la sucá emana una luz envolvente (or makif), a diferencia de la mayoría de los preceptos, incluido el de las cuatro especies, cuya luz es interior (or pnimí). Explicaremos más: la luz con la que HaShem nos ilumina excede o trasciende en gran medida nuestra capacidad de captación y contención, por lo que se divide en dos partes: luz interior (or pnimí) y luz envolvente (or makif). La luz interior es la parte menor y más baja de la luz, aquella que podemos captar por medio del pensamiento o la emoción, mientras que la que excede nuestra posibilidad de percepción se transforma en luz envolvente, la cual, si bien no podemos contener, nos envuelve y nos provee de una inspiración cuya influencia en nuestra vida resulta decisiva.

Por medio de la luz interior somos capaces de elevar y santificar los aspectos espirituales conscientes de la vida. Esta se manifiesta en el estudio de la Torá y en el rezo, especialmente en el cumplimiento de los preceptos del hombre para con D’s que conectan a la persona con aquello que trasciende la vida común, en la cual resalta más la santidad que se revela ante nosotros. De acuerdo con la percepción de la luz interior.

Cuanto más espiritual sea algo, más elevado será el nivel en el que se encuentra, y por el contrario, cuanto más vinculado esté a las cuestiones prácticas más bajo resultará su nivel. Esto está insinuado en las cuatro especies, que son tomadas únicamente con el propósito de cumplir el precepto (ver adelante 4:2-3).

Por medio de la luz envolvente, que es mucho mayor, podeos corregir y elevar los aspectos materiales y rutinarios de nuestra existencia. Esta gran luz se revela cuando la fe y la Torá iluminan la vida terrenal: la comida, la bebida y el sueño, la vida familiar y las relaciones interpersonales, el trabajo y las labores, el comercio y la investigación científica. Esta es la principal misión del pueblo de Israel, revelar en el mundo que HaShem es Uno, en el cielo y en la tierra. Revelar que también los aspectos terrenales están conectados y unidos a la santidad. Esta idea está expresada en el precepto de la sucá, en la cual se manifiesta el principio de la fe (Zohar II 186:2), y todo cuanto hacemos en su interior se santifica y se torna preceptivo.

En esto se asemejan los preceptos de habitar la sucá y de asentarse en la tierra de Israel, ya que ambos nos rodean e ingresamos en su atmósfera de santidad, y por su intermedio nuestras acciones terrenales se santifican. Dijo el Gaón de Vilna (Kol HaTor 1:7) que esta idea está insinuada en el precepto (Tehilim-Salmos 76:3): «En Shalem tiene Su Tabernáculo (Su sucá) y Su residencia en Sion».

Asimismo, ya estudiamos que el factor central de la alegría de la festividad de Sucot se vincula a la herencia de la tierra de Israel (Abarbanel a Devarim-Deuteronomio 16:13, arriba halajá 2). Y en estos dos preceptos se manifiesta de manera especial la singularidad del pueblo de Israel, que revela la santidad en la tierra (ver Talmud Babilonio Tratado de Avodá Zará 3(B)).

Estos dos preceptos reflejan uno sobre el otro. La sucá es un recordatorio de las nubes de la Gloria Celestial por medio de las cuales se manifestó la Divina Presencia en el desierto, tal como fue dicho (Shemot-Éxodo 16:10): «Y se dirigieron al desierto y he aquí que la Gloria de HaShem se divisó en la nube». Y en la entrega de la Torá en el Monte Sinai fue dicho: «Y una pesada nube se posó sobre la montaña». Y cuando se reveló HaShem ante Moshé (ídem 34:5): «Y descendió HaShem en la nube y Moshé se irguió allí junto a Él». El motivo por el cual la Divina Presencia se nos reveló en el desierto desde una nube espesa se debe a que aún no habíamos tenido el mérito de ingresar a la tierra de Israel donde todo está conectado a la santidad. Una vez en ella, nuestra misión es revelar la Divina Presencia en su interior, de modo tal que la Divina Presencia repose en todas nuestras acciones. Sin embargo, la dedicación a los aspectos prácticos de la vida en la tierra de Israel puede llevarnos a olvidar la intención sagrada de nuestra presencia en ella, motivo por el cual HaShem nos dio la festividad de Sucot, para que recordemos siempre las nubes de la Gloria Celestial y la Divina Presencia, así como también el rol consagrado que detenta el pueblo de Israel; el de revelar la santidad en el campo de la acción.

En virtud de la revelación de santidad en la festividad de Sucot y en la tierra de Israel, el mundo se reparará por completo, como fue dicho (Yshaiahu-Isaías 11:9): «No herirán ni lastimarán en toda Mi santa montaña porque toda la tierra estará llena de conocimiento de HaShem como las aguas que cubren el mar». De esta manera habrá paz en el mundo, tal como fue dicho (ídem 11:6): «Y el lobo habitará junto al cordero y el tigre se echará junto al cabrito…», y tendrá lugar lo que fuera dicho en el capítulo que se ocupa a la redención y la festividad de Sucot (Zejariá-Zacarías 14:9): «Entonces HaShem será el Rey sobre toda la tierra; en ese día HaShem será Uno y Su Nombre Uno». E incluso los miembros de las naciones ascenderán a Jerusalém a celebrar junto a nosotros la festividad de Sucot, y aquello que en apariencia dista de ser sagrado, como los ornamentos del caballo, llevará la inscripción: «Consagrado a HaShem» (Kodesh LaHaShem) (ídem 14:20).

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Conjunto de libros Peninei Halajá en español /11 volúmenes
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