03 – Torá y generosidad (jesed).

El estudio de Torá es el gran fundamento del retorno o teshuvá, ya que por su intermedio se llega al cumplimiento de los preceptos. Nuestros sabios afirmaron nuestros sabios (Talmud Babilonio Tratado de Kidushín 40(B)) que el estudio es superior al cumplimiento pues «impulsa hacia la acción». Asimismo dijeron (ídem Tratado de Brajot 16(A)) que así como los arroyos elevan a quien se sumerge en ellos purificándolo, de la misma manera quien ingresa en las tiendas de la Torá y estudia con dedicación se hace acreedor de méritos inmediatamente, por lo que podríamos decir que en la balanza pasa del platillo del «debe» al platillo del «haber».

Al inicio, el estudio debe centrarse en el temor a D´s, tal como está escrito (Salmos 111:10): «El temor del Eterno es el principio de la sabiduría», y tal como dijeron nuestros sabios (ídem Brajot 17(A)): «El objetivo final de la sabiduría es el retorno y las buenas acciones». Por lo tanto, corresponde que cada quien fije un tiempo, a diario, para el estudio de libros de Ética Judía o «Musar» (Arí Z»l, Gaón de Vilna, Mishná Berurá 603:2). En especial durante el mes de Elul y los Diez Días de Retorno, es bueno reforzarse en el estudio de ética y proponerse (sin asumir un voto) continuar estudiando esta materia a lo largo de todos los días del año.

Además, el precepto del estudio de la Torá equivale en importancia al cumplimiento de todos los demás mandamientos juntos, ya que es el que más eleva a la persona. Todos los preceptos se cumplen con el cuerpo o la mente, mientras que el estudio se cumple con los aspectos más excelsos del ser humano que son el alma y el intelecto, y por su intermedio el estudioso se conecta con la Voluntad Divina. Dado que se trata del principal precepto, tiene la virtud de expiar pecados, tal como dijeron nuestros sabios (Vaikrá Rabá 25:1) que aunque una persona cometa una trasgresión cuyo castigo sea la muerte a manos del Cielo, puede salvarse si estudia Torá vehementemente. Esto implica que quien acostumbraba  a estudiar una hoja al día, de ahora en más que estudie dos, quien acostumbraba a estudiar un capítulo diariamente,  que estudie dos. En el caso de quien no sabe estudiar, que se ocupe de dar tzdaká (caridad) y vivirá.

Los sabios medievales prescribieron una serie de ayunos y castigos físicos para quienes procuran retornar, a los efectos de poder expiar cualquier pecado. Sin embargo, los sabios de las últimas generaciones escribieron que este tipo de prácticas están destinadas a quienes no estudian Torá, pero en el caso de quien se dedica al sagrado estudio en tiempo completo y su temor a D´s antecede a su sabiduría, el estudio vehemente  es su principal expiación (Arí Z»l, Sefer HaJaredim 65, Shelá, Beur Halajá 571:2, Nodá Biehudá Oraj Jaím 141:35).

Rabí Jaím de Volozhin escribió (Nefesh HaJaím 4:31) que la dedicación al estudio de la Torá expía todos los pecados y entre ellos las graves faltas que los sacrificios del Santuario no lograban perdonar. Tal como dijeron nuestros sabios (Taná de Bei Eliahu Rabá 5): «Quien trasgredió abundantemente y se le decretó muerte… retornó y leyó intensamente Torá, Neviím (Profetas) y Ktuvim (Hagiógrafos), estudió Mishná, Midrash, Halajá,  Agadá y sirvió a sabios, aunque se le hayan decretado cien decretos adversos el Kadosh Baruj Hú lo redime de estos»

Tal como dijeron nuestros sabios respecto de los hijos de Elí (Sumo Sacerdote durante la infancia de Samuel) que profanaron el Nombre Divino con su inconducta, y se les decretó que mueran jóvenes sin que ofrenda o sacrificio alguno pudiera expiarles, si se dedican al estudio de la Torá habrán de vivir.  Y si además de estudiar Torá harán actos de generosidad (jesed) sus días se prolongarán aún más (Talmud Babilonio Tratado de Rosh Hashaná 18(A)).

Los judíos acostumbran a dar abundante caridad (tzedaká) en los Días del Retorno, tal como está escrito (Proverbios-Mishlei 11:4): «La caridad salva de la muerte». Es bueno que en estos días cada quien evalúe, pormenorizadamente, su performance en temas de caridad y generosidad, refuerce su aporte del diezmo destinado al estudio de la Torá y el apoyo a los pobres. En el caso de quien se haya enriquecido, corresponde que se esfuerce y done un quinto.

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