05 – Cómo pedir disculpas y reconciliarse.

Quien se disculpa ante su prójimo debe exponer ante éste su pecado, de  modo tal que si el afectado no sabía que fue víctima de habladurías («lashón hará»), quien se disculpa debe confesarlo y pedir su perdón (Bait Jadash). Sin embargo, si sabe que detallar el pecado causará dolor o vergüenza al afectado, es mejor no detallar la inconducta (Maguén Abraham, Mishná Berurá 606:3). De todas maneras, el trasgresor debe invertir ingentes esfuerzos en neutralizar la influencia negativa alabando al afectado públicamente y retractarse de las expresiones negativas anteriores.

A priori, quien trasgredió contra su prójimo debe primeramente disculparse personalmente; en caso de avergonzarse o de considerar que su compañero aceptará más rápidamente las disculpas si manda un enviado que hable por él, podrá hacerlo (Maté Efraim 606:1, Mishná Berurá 2).

Si el compañero ofendido no aceptó las disculpas en la primera oportunidad, el ofensor debe tomar consigo tres personas y volver a pedir perdón al afectado en presencia de estos. Si tampoco acepta las disculpas, el ofensor debe volver a presentarse en compañía de tres personas y pedir nuevamente perdón. Si en esta oportunidad el ofendido no acepta las disculpas ya no hay necesidad de seguir esforzándose en obtener su perdón, y aquél que no ha  perdonado se convierte ahora en el trasgresor. En caso de haber ofendido a su rabino, aunque no sea su principal maestro, debe pedir disculpas incluso mil veces hasta obtenerlas (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 87(A), Rambám Teshuvá 2:9, Mishná Berurá 606:7, Beur Halajá allí).

Corresponde que quien haya sido ofendido, que no sea cruel y perdone, tal como dijeron nuestros sabios: aquel que perdona aun teniendo razón se le perdonan todas sus inconductas. Pero si no acepta las disculpas, tampoco es disculpado en el cielo por sus trasgresiones (ídem Rosh Hashaná 17(A)). Sin embargo, cuando se deniega el perdón con la intención de beneficiar al trasgresor, a fin de que aprenda a tener cuidado en el futuro, está permitido no perdonar hasta que se disculpe reiteradamente como lo indican nuestros sabios. De todas maneras, una vez que el agresor se disculpó, el agredido debe quitar de su corazón tanto el odio como el enojo (Ramá 606:1, Mishná Berurá 9).

En el caso de quien tema que si perdona a su compañero este volverá a  agredirlo, no tiene el deber de perdonar. Asimismo, en caso de que el agresor le haya hecho mala fama al agredido al punto de atentar seriamente contra su buen nombre, no está obligado a perdonar, pues hay quienes escucharon la difamación y todavía no saben que el difamador está arrepentido por lo dicho. De todas maneras, si el difamador se arrepintió verdaderamente y lo hizo público e intentó neutralizar el efecto nocivo de lo dicho, es digno de una persona humilde y pía perdonarlo (ver Ramá 606:1, Mishná Berurá 11).

Si la víctima de la agresión falleció, el agresor debe traer diez personas ante la tumba del difunto, debe detallar a estos el contenido de la agresión y declarar que pecó ante el D´s de Israel y ante la persona allí enterrada. Los presentes deben responderle: «estás perdonado, estás perdonado, estás perdonado» (Talmud Babilonio Tratado de Yomá 87(B), Shulján Aruj 606:2, Mishná Berurá 15).

Hay quienes acostumbran disculparse de todos sus amigos y conocidos en la víspera de Yom Kipur, empero esta usanza casi que no tiene utilidad alguna. Es más, hay quienes mediante esta práctica se engañan a sí mismos y piensan que son tan justos que se disculpan de absolutamente todas sus relaciones, cuando en realidad lo que hacen es una maldad  pues no acuden a disculparse ante aquellos que realmente fueron agredidos por ellos. La persona debe realizar un balance de cara a Yom Kipur y recordar a quien probablemente se haya sentido agredido por él, para entonces disculparse ante esta persona específica (Shelá Masejet Rosh Hashaná Derej Jaím  151).

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