07. El rezo en silencio.

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Del modo en cómo rezó Janá en Shiló, procurando ser respondida por HaShem y concebir un hijo, aprendemos varias halajot generales. Su rezo fue aceptado y pudo dar a luz a Shmuel, que sería el mayor de los profetas después de Moshé Rabenu de bendita memoria. Respecto de su plegaria leemos (Shmuel-Samuel I 1:13): “Jana hablaba con su corazón. Sus labios apenas se movían mas su voz no podía oírse”. Nuestros sabios dedujeron de ello (Talmud babilonio Tratado de Berajot31(A)) que “hablaba con su corazón” implica que quien reza debe concentrarse, “sus labios apenas se movían” implica que al rezar se deben mover los labios, “su voz no podía oírse” implica que no se puede levantar la voz durante la plegaria.

La Amidá tiene por cometido expresar ante D´s las aspiraciones más profundas del alma, por lo que no corresponde recitarla en voz alta y hacerla pública. Por otra parte, no se cumple con el deber de rezar pensando la plegaria únicamente, pues toda buena intención necesita tener una expresión concreta en este mundo para poder manifestarse y corregir el universo. Por lo tanto, incluso el precepto de rezar, que es el más interior y sutil de todos, precisa tener algún tipo de manifestación mediante la pronunciación de las palabras moviendo los labios.

Existen diferentes usanzas respecto de cómo rezar en silencio. Según la opinión de la mayoría de los juristas y algunos de los cabalistas, la plegaria debe ser audible únicamente al oído del orante (Shulján Aruj 101:2, Mishná Berurá 5-6). En opinión de la mayoría de los cabalistas, el rezo es tan profundo e interior que no debe ser audible siquiera al oído del orante, sino que simplemente los labios deben pronunciar las palabras (Kaf HaJaím 101:8). Es correcto que cada persona se conduzca conforme a la tradición de sus padres o de la manera que le permita una mejor concentración.

A posteriori, si la persona hizo oír su voz durante el rezo cumplió con su deber. Por lo tanto, si a alguien le cuesta concentrarse en absoluto silencio, de estar rezando solo, puede hacerlo en voz alta. Empero si está en un servicio público no habrá de hacerlo para no molestar a los demás (Shulján Aruj 101:2). Es mejor rezar con “Minián” en voz baja aunque el orante se concentre menos, pues la plegaria pública es mejor aceptada (Mishná Berurá 101:8).

En las demás secciones del servicio tales como las bendiciones del recitado del “Shemá” o los cánticos de alabanza, que no son tan interiores como la “Amidá“, todos los juristas coinciden que la plegaria pronunciada por el orante debe ser audible a sus oídos. El primer versículo del recitado del “Shemá” se acostumbra a pronunciarlo en voz alta para reforzar la concentración (Shulján Aruj 61:4). Asimismo se debe responder “Amén” y “Baruj Hú UBaruj Shemó” en voz alta. Principalmente, es importante responder en voz alta al Kadish (Shulján Aruj 56:1).

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