07) El agua

El lavado (Netilá) debe ser realizado empleando un recipiente que contenga por lo menos un «reviít halog» de agua, lo cual equivale al volumen de un huevo y medio (75 ml., adelante 10:11). Quien lava sus manos con una cantidad de agua inferior a esta, no cumplió con su deber (adelante en las halajot 11-12).

El agua debe ser transparente tal como se ve habitualmente y si su aspecto se vio alterado deja de ser apta para lavarse. Según esto, está prohibido lavar las manos con jugo pues se trata de agua cuyo color se vio alterado (Shulján Aruj Oraj Jaím 160:1).

Agua que fue empleada para alguna labor, deja de ser apta para lavar las manos pues entra en la definición de aguas residuales. Por ello, no se puede lavar las manos con agua empleada para lavar los platos. Agua en la que se introdujo un biberón o mamadera a los efectos de atemperarlo y poder alimentar con este a un bebé, deja de ser apta para lavar las manos pues ya fue usada para una labor (Shulján Aruj 160:2).

A los efectos de explicar un poco la cuestión de la virtud purificadora del agua es necesario primeramente recordar que la impureza está vinculada a la muerte y el deceso, y por ello un cuerpo muerto es el origen de la impureza. Por el contrario, el agua es el líquido de la vida, por medio del cual todos los vegetales y animales subsisten. Más aún, el agua es anterior a la creación pues previo al inicio de la obra creadora leemos: «y el espíritu de Elokim flotaba sobre las aguas», de esto se desprende que el agua es un elemento primigenio. Quizás por ello la Torá ordenó que aquella persona que pecó y se alejó de la fuente de su vida – que sumerja su cuerpo completamente en una Mikve con agua que es el fundamento primero de la vida en la creación y en virtud de ello se despierten las raíces vitales que anidan en su interior y su alma pura se fortifique y la impureza adherida a su cuerpo se retire. Además, el agua sirve para limpiar la suciedad adherida al cuerpo por lo que el acto de la inmersión encierra un simbolismo especial que alude a que tal como por efecto del agua la suciedad se aparta del cuerpo, la impureza adherida a la faz exterior de la persona se retira.

Este motivo está vinculado también a la ablución de manos previo a la comida, pues el acto de comer puede degradar a la persona hacia el aspecto material, empero cuando purifica primeramente sus manos con agua que es el fundamento de la vida, eleva su ingestión llevándola a un plano ideal en el cual el alimento y su buen sabor le confieren energías y alegría para una vida plena de contenido.

Quizás por esta razón nuestros sabios alabaron a quien lava sus manos con abundante agua (Talmud Babilonio Tratado de Shabat 62(B)). La intención de los sabios es alabar a quien cumple el precepto del lavado de manos con excelencia, de modo tal que el agua pasa por toda la mano. Sin embargo, su intención no fue alentar el desperdicio de agua por parte de quien lava sus manos, ya que en ese caso se incurre en la prohibición de malograr o «bal tashjit».

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